15:30 -El equipo de Vitamina Sánchez cayó en el Monumental ante un River que corrió más de lo que jugó. Central aguantó lo que pudo pero sobre el final se quedó sin piernas. ¡Marche un antidoping para esas gallinas! Los verdugos de los canallas fueron a los 37 minutos del segundo tiempo Eduardo Tuzzio y a los 45, Andrés Ríos.

¿Qué dijeron los diarios sobre la derrota de Central? Abajo tres artículos para compartir.

Así lo vio Clarín. Por Horacio Pagani. Respiró River cuando el partido se diluía entre su propia impotencia y la mezquindad de Central. De una jugada aislada, un córner de Rosales, llegó el grito salvador de Tuzzio cuando se jugaba el minuto 37 de la segunda etapa. El cabezazo limpio y cruzado del defensor fue desviado hacia arriba por el arquero Broun, pero la pelota pegó en el travesaño y cuando cayó el propio Broun la empujó hacia el gol en su afán de rescatarla. Estaba bien que ganara River, al cabo. Porque había sido el equipo que buscó la victoria y -aun con defectos ofensivos- provocó algunas situaciones para concretar y agrandar el rendimiento del arquero de Central. Pero -hasta entonces- había quedado lejos de la satisfacción de su gente. Por el juego, claro.

Que el Cholo Simeone prioriza las funciones por encima de las características de los jugadores es cada vez más notorio. Y que define su costado tacticista (no conceptualista) con más profundidad, también. Le fue más que bien hasta ahora, desde su aparición en el banco. Pero el fútbol ofrece siempre sorpresas. En su Estudiantes ultraofensivo contó con la ayuda de la imprevista defección del Boca de La Volpe, al final, para llegar al título. Y con River -al margen de la abrupta eliminación de la Copa- remontó hasta la consagración con el aporte de dos elementos menos previsibles: la aparición del talentoso Diego Buonanotte y las ráfagas de Ariel Ortega.

Como Buonanotte está en Beijing y Ortega partió a Mendoza, River se quedó sin la cuota de rebeldía que matizaba la mecanización. Ayer tampoco estuvo Falcao, lesionado. Entonces el equipo cumplió con el decálogo del entrenador. Dispuesto para la presión y la recuperación en todos los sectores de la cancha, bien distribuido, y con un dibujo táctico que obvió las condiciones naturales. Por eso Ferrari -un marcador lateral nítido- jugó como volante. Y el chico Bou se perdió en una posición imprecisa de delantero por afuera. El local tuvo la pelota casi siempre. Pero le faltó frescura para crear juego ofensivo combinado. Y como debutaba Salcedo como cabeza de área (que no lo es tanto), la tentación del pelotazo fue el arma principal. Y así salió el partido.

Durante 82 minutos se vio el típico enfrentamiento entre uno que quiere y no puede y otro que no quiere sin dejar vislumbrar si podía. En todo ese tiempo, Central dispuso de dos situaciones apenas posibles frente al arco de Ojeda. Un cabezazo de Ribonetto tras un tiro libre de Ezequiel González y una pelota que cruzó el Kily y se fue desviada. Nada más. Esta vez no se encontraron los González. Y quedaron muy aislados Zelaya y Vizcarra. Fue muy tímido lo de Central. Muy diferente al rendimiento de la fecha anterior ante Estudiantes. Se aferraba al puntito que le iba cediendo el desconcierto de River, sin rubores. Y la inclinación se fue haciendo más evidente con el correr de los minutos.

No tuvo mayor influencia el ingreso de Zarif por Danelon (lesionado) en la primera etapa. Pero sí favoreció a River el ingreso de Andrés Ríos, un delantero real, por Bou, en la segunda. Por lo menos se dedicó a probar desde afuera. Hasta que al final acertó con un buen remate. Y selló el 2-0 que no admite mayores reparos. La combinación fue con Rosales. Y Rosales fue el mejor. Porque la peleó y porque buscó con decisión. Santiago Salcedo pagó -quizás- el precio del debut. Le costó acomodarse. Dispuso de una posibilidad inmejorable tras un centro de Tuzzio (otro que cumplió), pero su cabezazo -estaba solo- se fue muy desviado. Y en la segunda etapa se demoró en otra situación propicia. Era el debut. Habrá que esperarlo. El uruguayo Flores entró por Barrado. Se ve que tiene buen manejo, pero tendrá que afirmarse mejor. Hacerse notar.

Ganó bien River. Pero recien pudo apartar el susto del empate cuando Tuzzio pegó el grito. Y faltaban ocho minutos.

Así lo vio El Ciudadano. Por Alejandro Girardi. El entonado Central de Vitamina Sánchez tropezó por primera vez en el Apertura. El envión que consiguió ante Estudiantes se cortó en seco ayer en el Monumental. La potencia de River pudo más que el entusiasmo de los canallas por tratar de buscar la victoria cuando la asfixia, parecía, se había terminado. Simeone estudió los movimientos, liberó el mediocampo y llegaron los goles. Una caída muy digna, entonces, ante un rival por lejos superior.

Si Central pensó que Ezequiel González jugaría con libertad a espaldas de Ahumada y Barrado, se equivocó. El Equi no tuvo aire para intentar ni un movimiento ofensivo. Mucho menos lo tuvo Jesús Méndez, en uno de los partidos más flojos desde que está en Rosario. Con presión y un juego inclinado sobre la izquierda de la defensa visitante, River dominó las acciones. Rosales fue el enlace, Ferrari el carrilero más requerido y Salcedo la referencia de área que no funcionó como se esperaba. Nada de la visita por destacar, salvo las acertadas intervenciones de Ribonetto y el desgaste físico de Leo Borzani.
En el entretiempo estuvo la clave. Porque el análisis del Cholo fue acertado: buscó profundidad con el ingreso de Ríos por Bou. La variante complicó a la última línea porque Braghieri tuvo más trabajo y Rosales pisó el área con más frecuencia. Otra variante de Simeone volvió a modificar la historia: Robert Flores por Barrado. Un volante de ataque por uno de contención para buscar el triunfo que la gente reclamaba.
La apuesta –riesgosa por momentos porque el Equi González se liberó y se juntó más con el Kily– tuvo sus frutos de la forma menos esperada: un córner desde la derecha ejecutado por Rosales encontró un cabezazo perfecto de Tuzzio que, con muy mala fortuna, Broun terminó metiendo en su arco. Las intenciones del canalla se derrumbaron de inmediato. Aun así, desordenado y con el ánimo por el piso, salió a buscar el empate. No lo consiguió. Es más, un preciso remate de Ríos sepultó todo sueño de resurrección. El fútbol se burló una vez más de la actitud, la valentía y las ganas. River fue superior y ganó como merecía. Central hizo un digno papel, pero deberá mejorar.

Así lo vio La Capital. Por Aníbal Fucaraccio. Los últimos soplidos lo desplomaron pero el castillo de naipes nunca estuvo firme. La estructura tambaleó desde sus cimientos. La mano arrancó torcida y Central poco pudo hacer para enderezar el rumbo. No le pudo dar forma a sus ambiciones ni repetir una producción alentadora como en el debut. La resistencia duró lo que pudo, pero pudo quebrarse mucho antes. La lesión del Kily, la inesperada baja de Danelón, el pobre rendimiento del primer tiempo y la ingenua política de golpe por golpe del complemento desembocaron en una lógica caída ante River en el Monumental. El equipo de Vitamina no tuvo una buena tarde y su valiente corazón no alcanzó para romper el cerco de adversidades que planteó su segundo acto en el Apertura.

Los canallas se llenaron de dudas desde el pitazo inicial de Maglio. La estrategia principal falló por falta de interlocutores válidos. Además, el rombo en la mitad de la cancha (el mejor recurso auriazul) lució inestable y llamativamente impreciso. No surgieron planes alternativos. El Kily no podía con su tobillo, Ezequiel se mostraba errático e irascible, Borzani alternaba buenas y malas y Méndez se perdía en la confusión general. Así, con más despliegue y actitud escénica, River era el dueño de la pelota. Esa fue la imagen que regaló todo el primer tiempo.

Central lucía ahogado, aturdido, sometido por la presión de su rival en la zona media y por la movilidad de los tres delanteros locales. Y si los dirigidos por Simeone hubieran contado con más profundidad, la ventaja podría haber aparecido en los 45’ iniciales ya que tuvieron cinco ocasiones de riesgo contra ninguna canalla.

Una volea de Tuzzio (9’), un tiro libre de Abelairas (32’), un cabezazo de Salcedo (38’) y dos chances de Rosales (43’ y 46’) estuvieron a punto de destrabar el marcador. El cero por cero del entretiempo fue un auténtico relajante para las ansias de Central, que se exhibía injusto a todas luces.

En la segunda etapa Vitamina retocó algunas clavijas. Ubicó mejor al Kily para disimular su lesión, le renovó el crédito al Equi para la conducción y le brindó nuevos bríos a Borzani y Méndez para tratar de establecer una nueva situación de batalla. Atrás todo descansaba en el sacrificio poco ortodoxo de Ribonetto y Braghieri. La idea del técnico fue cambiar el juego con las mismas cartas y el mismo sustento táctico. Y esa estrategia, tan ambiciosa como desmedida, tuvo su precio.

Los segundos 45’ ofrecieron un juego más atractivo, de ida y vuelta, que lo obligó a Central a caminar por la cornisa. Era a suerte o verdad. Y la apuesta de Vitamina murió con las botas puestas. Los auriazules tuvieron más la pelota que en el arranque y eso le permitió generar algunas posibilidades. Un cabezazo de Borzani (7’), otro de Ribonetto (11’) y un disparo cruzado del Kily (28’) abrigaron esperanzas. Pero River iba, casi cegado, con más convicción que ideas, y en una pelota parada tuvo su recompensa. Tuzzio capitalizó un córner de Rosales y a los 37’ provocó el delirio del Monumental con un cabezazo que dio en el travesaño y Broun terminó de meter.

Ese golpe sepultó la empresa visitante, que tuvo un impacto de demolición en el cierre del duelo. Una escalada de Rosales (la figura del cotejo) por el centro de la cancha culminó, a los 90’, con un certero remate de Ríos desde la empanada del área que estableció el 2-0 final. Fue la primera caída en el ciclo de Vitamina. Debe ser interpretada como parte de una lección, todavía no hay nada para preocuparse.

 

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