Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Por Alejandro Haddad/desde Guatemala. A veces se hace difícil saber qué actitudes son resultado de una cultura ancestral, y cuáles son un mero producto de una cultura ancestral tergiversada a beneficio del mercado. En veces, esa tergiversación se intenta ser discreta, argumentando que es “constructiva”, que se está naciendo en una sociedad nueva. Pero detrás de ella es que hay una planificación de laboratorio; un esquema prefijado por el aparato dominador.

Así es que hay cosas que no llaman la atención por ser ancestrales, y otras, meramente por ser obligadamente “culturales”. Esta semana concluyó el 2° Encentro Hemisférico Frente a la Militarización en la ciudad hondureña de La Esperanza. El cierre fue con una multitudinaria marcha hasta la puerta misma de la base norteamericana ubicada en Palmerola, Comayagua.
No es de extrañar que un pueblo invadido se haya manifestado frente a la ocupación. Es que el sudor del cansancio ya es mucho. Que el muro se haya convertido en un mural parlante con consignas que gritaban “Fuera Yanquis”, “Ya se van”, “Este muro caerá” o “Mujeres contra la guerra”, no es sorprendente. Tampoco sorprende que gentes llegadas de toda la América hayan tomado como propio el reclamo. Es que toda la América está de algún modo militarizada. Honduras, por su parte, tiene una triste experiencia de ese tipo. Fue punta de lanza en la llamada “guerra contra el comunismo”, sirviendo de portaviones de EE.UU en su paranoica lucha contra las guerrillas centroamericanas. El listado de fotografías que no llaman la atención en estos países vanguardia de la avanzada imperialista son muchas. Seguridad privada armadas con escopetas de repetición manual, suspensión de servicios de transporte público y cierre de negocios a partir de que cae el sol, alertas permanentes de robo y el consejo útil para no padecer una situación de inseguridad: no salir de casa por la noche. Las mismas causas que originarios grupos guerrilleros, hoy son excusas para mantener a la población presa de sí misma.
En la puerta de la base militar estadounidense de Palmerola, las y los activistas hicieron volar decenas de aviones de papel informándoles a los militares custodios que “aquí tienen sus aviones, ¡regresen!”. Luego de dejar pintada toda la entrada y de escuchar a los oradores, dos micros salieron rumbo al 3er Foro Social de las Américas. Iban llenos de las y los participantes del Encuentro Frente a la Militarización, y de una experiencia muy pocas veces vista en ese tipo de actos. Todo estuvo cubierto por la organización del evento, desde las comidas hasta los lugares de hospedaje, pasando por los traslados de un lugar a otro. Todo gratis. Todo, bajo la tutela del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). Claro, no llama la atención que una organización campesina-indígena atienda a sus invitados con lo mejor de sí. Así es que las mujeres de la cocina se levantaban a las 2 de la mañana para preparar el desayuno que se servía a las 6. Eso, es tan de carácter ancestral, como los frijoles que nunca faltaban en cada plato. Estos pueblos de cansado llorar, agotan sus dietas en frijoles de distintos colores. Hace siglos que se nutren del mismo menú. Eso es así de típico. Lo que no es típicamente cultural, es tener pastas en la última cena del Encuentro. Esa fue una comida inesperada, como inesperada la noticia de que el ex presidente de Guatemala Alfonso Portillo se entregara a la justicia justo el mismo día en que se daba inicio al 3er Foro Social de las Américas. Entonces parecía que otra América era posible, hasta que la noticia se completó avisando que no quedaría preso, ya que había pagado una fianza de 1 millón de quetzales.
Portillo, acusado de ser uno de presidentes más corruptos de la historia de Guatemala, declaró que el suyo, es “un caso de persecución política”. Claro, es que de Argentina no solo se exportaron técnicas de tortura y lucha antisubversiva a Centro América, los militares golpistas argentinos también les enseñaron estrategias para defenderse de la justicia. Así es que Portillo habla como si fuese Bussi, o Echetcolatz o Benjamín Menéndez.
La frontera Honduras-Guatemala demoró poco más de dos horas en abrirle el paso a los micros que iban rumbo al Foro. Es que la amistad entre los pueblos no es extensiva a los gobiernos. Un cubano que formaba parte de la caravana dio la explicación del caso: “basta con dos cubanos y dos bolivianos para que nos tengan un buen rato”, haciendo referencia al maltrato recibido por esos pueblos en muchas de las fronteras de América. .
Otro objetivo a naturalizar y convertir en “expresión cultural”, es el odio a los pueblos que defienden su dignidad con la palabra. La Universidad San Carlos, en donde se lleva a cabo el Foro Social de las Américas, “antigua trinchera de la guerrilla”, según la definiera un estudiante, es hoy un bastión de la derecha. A pesar de ser un gobierno autónomo, la universidad está regada de policías que portan sus armas reglamentarias. Los uniformados se pasean por el predio educativo como dentro de un destacamento. Allí, incluso, algunos se atreven a lucir alguna que otra escopeta.
La violencia se ha instalado de tal manera que es cotidiano escuchar que alguien tenga un amigo, un hijo, un novio, asesinado. El Foro termina oficialmente a las 5 de la tarde, dando dos horas de tiempo a que los y las asistentes regresen a sus hospedajes. Así es como se va articulando “otra América posible”, entre la paranoia instalada por el poder que todo lo pretende dominar, y quienes se aferran a la voluntad de cambio y s aferran a los tiempos de la construcción. Entonces nacen las actividades que se extienden del horario oficial, grupos que se organizan para andarse juntos por esta ciudad maldecida por las políticas de saqueo.
Quizás, el cierre del Foro sea similar al del Encuentro. Entonces nos sorprenda con algo fuera de lo cotidiano sin dejar de ser ancestral en sus modos. El 12 de octubre espera llenarse de cientos de manifestantes repudiando la llegada del imperio español a estas tierras. Unos, los primeros, militarmente ya se fueron. Hoy, los pueblos bregan para echar a los segundos invasores militares, deseando que sean los definitivos.
Fuente: www.agenciawalsh.org
 

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