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Francia es estupendo, pero tiene un problema: la facilidad con la que algunos de sus ciudadanos se convierten en delatores de sus vecinos, conocidos y compañeros de trabajo. El tema forma parte del muestrario de asuntos pendientes y molestos para la buena conciencia de una sociedad fascinante y ambigua.

Preocupación de sociólogos, artistas y defensores de los derechos humanos, pesadilla para muchos franceses de carne y hueso, la delación está lejos de ser una página oscura del pasado de este país.

Se trata más bien de una lacra contemporánea que concierne a vastos sectores sociales y se alimenta de una cierta forma francesa de entender la existencia y las relaciones humanas que suelen acompañarla.

Todas las sociedades tienen zonas oscuras que preferirían no mostrar, en todos lados hay delatores y traidores, los hubo y los habrá, lo que llama la atención en la delación en el caso francés es su dimensión en el pasado y su continuidad histórica en el presente.

Un sector desconocido pero numeroso de la sociedad francesa durante la ocupación nazi del país entre los años 1940 y 1945, lo que se conoce como el Régimen de Vichy, protagonizó el acto de delación colectiva más repugnante de la historia contemporánea. El gobierno títere del mariscal Philippe Pétain, inició una campaña sistemática de persecución de judíos, comunistas y opositores en general.

Con la Gendarmería y la Policía, como alegres brazos ejecutores, el gobierno, cómplice en primer grado del Holocausto, contó con la inestimable colaboración de cientos de miles de ciudadanos franceses que durante ese período no dejaron de enviar cartas anónimas denunciando al vecino, empleado o amigo.

Las cartas de delación enviadas durante ese período se cuentan por millones, entre tres y cinco, según las fuentes. Unos 70 mil judíos fueron deportados de Francia hacia campos de exterminio durante ese período, muchos de ellos, gracias las famosas misivas. Sabemos la suerte de esas almas.

André Halimi es un reputado periodista francés de origen tunecino, es además autor de teatro y televisión. En 1983 escribió el libro “La dèlation sous la l´Occupation” que derivó en un documental y en la obra de teatro “Lettres de Dèlation”, una conmovedora pieza sobre el tema que ha tenido un gran éxito y repercusión en el Festival de Teatro de Aviñon en el año 2006.

Halimi utiliza en la construcción del texto teatral las mismas cartas de delación enviadas durante la ocupación. La obra recorre actualmente el país a sala llena.

La delación sigue siendo una práctica corriente entre algunos sectores de la sociedad. Los motivos raciales han dejado paso a asuntos privados, inmobiliarios, de ayudas sociales, impositivos, a los problemas del vecindario. Envidia, celos y aburrimiento burgués parecen impulsores de la delación, el tema no es sencillo.

Por ejemplo, una urticaria mayor en clase media francesa es el financiamiento del sistema de ayudas sociales del que se benefician los sectores más desfavorecidos, desempleados, inmigrantes, millones de personas.

El sistema de ayudas sociales es un ejemplo francés único en el mundo. Pues bien, para beneficiarse de esas ayudas hay que entrar en una burocracia administrativa que determina quién puede beneficiarse y quien no. Las delaciones de vecinos a las diferentes oficinas de la Caja nacional de subsidios familiares (Caisse Nationale d´Allocations Familiales ) son muy numerosas.

En las letras anónimas se denuncian supuestas trampas de los beneficiarios de las ayudas. Llegan miles a las diferentes delegaciones locales del organismo social.

La menor reforma de nuestra casa, el cambio de un coche, un cierto bienestar exterior puede despertar los celos de un vecino que procederá a denunciarnos a la oficina de impuestos por posible evasión impositiva. Tarde o temprano, los inspectores de rentas golpearán a la puerta. Esto explicaría la austeridad de los ricos.

El gobierno de derecha de Nicolás Sarkozy, lejos de combatir esta lacra, la alienta como es de esperar. Una herramienta más en la estrategia de control y represión del estado. Cuando Sarkozy era ministro del Interior concibió la creación de un cuerpo de ciudadanos voluntarios destinado a ayudar a la Policía. Los “Citoyens volontaires” ya están en la calle con el apoyo del gobierno.

Una milicia de jubilados o policías frustrados, dispuesta a ocuparse, gratis, de los asuntos de la policía. Muchos franceses ven en la creación de esta milicia civil, un aliento institucional a los comportamientos delatores, y tienen razón.

Son recurrentes las circulares de las autoridades del Ministerio de Educación, sugiriendo a los profesores y directores de escuela que denuncien a los alumnos sin papeles que asisten a sus establecimientos educativos.

La comprometida red social Education Sans Frontières y los sindicatos de maestros rechazan y denuncian públicamente estas prácticas gubernamentales. Al respecto, uno de los pocos intelectuales de izquierda realmente combativo de Francia, el psicoanalista argentino Miguel Benasayag ha publicado el libro “La chasse aux enfants” (La cacería de niños), en donde denuncia la caza institucionalizada de niños inmigrantes sin papeles.

En el departamento del Var, en el sur del país, la Dirección de Seguridad pública propuso a la población, el año pasado, la delación por Internet de conductas delictivas. El rechazo de los sindicatos policiales y de una parte digna de la población neutralizaron el intento.
Amparado en la polémica Ley Prevén 2, del año 2004, el gobierno intentó descubrir a los agresores (con arma de fuego) de la Policía Nacional en la problemática comuna de Villiers-le-Bel, ofreciendo mediante volantes el pago de dinero en efectivo a cualquier vecino capaz de delatar a los agresores.

Una broma de dos amigos, diseñadores gráficos franceses, que subieron a la red un formulario del ficticio “Ministerio de Civismo y Delación” en que proponen simplificar los trámites de delación, se transformó de repente en un “éxito” entre la comunidad delatora.
El formulario es una crítica desopilante a la delación y la implicación del gobierno, tiene una falsa estética oficial, la imagen de la República tiene una larga nariz, el cuestionario a potenciales delatores es agudo y mordaz.

Una buena humorada que tuvo una respuesta inesperada. El falso sitio web comenzó a recibir verdaderas denuncias de ciudadanos franceses. La página recibió un millón 600 mil visitas desde su creación y se recogieron 120 mil verdaderas denuncias anónimas. Una ironía atroz. Como por suerte la gran mayoría de franceses son contrarios, creo, a las prácticas de la delación, otra página web “Resistance contre la delation” reúne iniciativas para luchar con este mal social. Desconozco el número de visitas de la página.

El contacto cotidiano con las potenciales y reales conductas delatoras, generan en quien no está acostumbrado un rechazo próximo al vómito mental. Tengo una larga lista de anécdotas personales sobre la delación que me sorprende a mi mismo, muchas son próximas al género literario. Quizás estas experiencias han motivado este artículo.

Aunque tengo mi opinión prefiero no especular sobre los motivos de esta conducta en Francia, dejo eso a los sociólogos y psicólogos sociales. Sólo pienso que quien no tiene el coraje de golpear la puerta del vecino para que baje la música, de tomar las cosas en mano, quien es un cobarde, es probable que tenga energía para escribir una carta delatora, eso viene con los pueblos, con su carácter, idiosincrasia, que le dicen.

No estoy seguro. Cosas que se aprenden en la mesa familiar, desde pequeño, que se heredan de padres a hijos, como la honestidad, el racismo y la imbecilidad.

Mi hijo de siete años me cuenta sorprendido que muchos de sus compañeritos de escuela tienen la costumbre de acusar, delatar a otros sin que nadie les pregunte. A mí no me quedo otra salida que contarle qué es lo que pensábamos en mi barrio de la Tablada (en Rosario) de la delación y los delatores. Ahora los tengo que dejar porque una vecina acaba de llegar a mi casa para pedir azúcar e insiste en que le muestre lo que estoy escribiendo. Hasta la próxima.

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