Nunca se vacía tanto de contenido la palabra democracia, como cada vez que los grandes medios le rinden homenaje, de los que por estas horas se cuentan por miles, confundiendo y empachando los sentidos de las audiencias y lectores nativos.

“Hay país, país, país…”
(Ernestina)

Veinticinco años de apertura institucional al sistema democrático, representativo y republicano, deberían servirnos para un mirar y un decir mas profundo, del que los discursos corrientes y masivos intentan mostrar y contar.

Está muy bien hacer la alusión obvia a que son 25 años de continuidad de gobiernos elegidos en las urnas, sin militares que se sienten en el sillón de Rivadavia. Pero con la foto de Alfonsín en la Rosada, que tienen todos los diarios on line en su portada, ya no alcanza. Ni siquiera para hacer una lectura crítica de la dictadura, cuando luego de cinco gestiones (sin contar la actual, ni las efímeras post 2001), no se ha logrado, no se ha querido y no se ha podido (también cabría usar “no hemos”), desmantelar lo sustancial del andamiaje institucional, político y cultural instalado por el terrorismo de estado, fundamentalmente en lo que respecta al modelo productivo de país impuesto por Martinez de Hoz y Cia.

Está bien decir que se están juzgando a los represores del genocidio. Y está mejor que sigan avanzando las condenas a los torturadores, desaparecedores y ladrones de bebés. Pero debemos preguntarnos, sabiendo que los militares fueron la mano de obra de un plan económico, político y cultural: ¿y los instigadores de esa dictadura, los beneficiarios económicos, el modelo de país desigual y dependiente que nos enchufaron, está siendo juzgado?

Es tan difícil como pedirle peras a Alejandro Olmos, que los medios masivos profundicen su crítica a la democracia que tenemos, cuando una de las últimas leyes de la dictadura, la de radiodifusión, no se puede cambiar por su fuerte lobby opositor.

Pero vamos a hacer corto a este texto, sino nadie lo va a leer. Por eso para terminar, para los próximos aniversarios, y para los amigos periodistas –o medios que los dejen escribir–, proponemos una serie de tópicos, que sería bueno desarrollar cuando se celebre el cumple de la democracia:

1) Hablar de la Ley de radiodifusión, una de las dos últimas leyes de la dictadura.

2) Hablar de la Ley de Entidades Financieras, la otra ley vigente desde la dictadura.

3) Hacer una biografía de Domingo Cavallo, hilo de continuidad entre el modelo económico de la dictadura y la democracia.

4) Tener en cuenta, que es importante analizar qué democracia tenemos hoy, que no somos un país con veinticinco años de historia democrática y siete de dictadura; tenemos casi 200 años de historia como nación políticamente independiente (más no económica, ni cultural).

5) Partir de la historia de la democracia para poder ver cómo se fue construyendo –entre democracias y dictaduras–, este país de las exclusiones. Primero de los indios y gauchos, de las realidades e identidades económicas del interior profundo, de los sectores populares y los obreros, de los migrantes internos, de los pobres de toda pobreza, etc.

6) Otro tema como encarar la cuestión: No se puede hablar de democracia en la Argentina, sin hablar de dictaduras. Puesto que cada vez que una democracia amplió el espectro de representación social y la participación de los sectores populares en el aparato productivo –cuestión que fue directamente proporcional a la reducción del poder político y económico de las clases y sectores históricamente hegemónicos en este país–, un golpe de estado militar interrumpió ese proceso. Esto es una hecho verificable, más allá de lo crítico que pueda serse con los gobiernos de Irigoyen y Perón.

7) Hablar de cómo jugaron en la constitución de nuestros distintos intentos de democracias, las Fuerzas Armadas, la Sociedad Rural Argentina, La Iglesia, el gran capital argentino, las Embajadas de las principales potencias, los medios de comunicación, los partidos políticos de derecha a izquierda. Y por su puesto cómo juegan hoy.

8) No sólo decir que democracia no consiste nada más que votar cada dos o cuatro años, sino desarrollar y darle lugar a esas otras posibilidades de participación política.

9) En cambio de decir en “Cuba o en Venezuela no hay democracia”. Estudiar qu´ tipo de democracia hay en esos países.

10) Cuando hablamos de democracia, cabría preguntarnos cuánto falta para que tenga el poder el pueblo, aunque sea sólo para medir en donde estamos.

11) También cabe hacer un análisis profundo y serio de quien tiene el poder, recordando que no sólo está en los que gobiernan.

12) Cuando hablemos de democracia estaría bueno preguntarnos qué democracia queremos y necesitamos, que es lo mismo que inquirirnos sobre el modelo de país.

13) Cuando se hable de democracia es importante plantearse qué se hace hoy para revertir este presente, aunque sea para tener autoridad a la hora de la crítica.

14) Finalmente, como sabemos que nuestros lectores no son boludos, los invitamos a escribirnos a info@redaccionrosario.com.ar y proponer más opciones para los futuros aniversarios.

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