Por Alfredo Montenegro.- “Pasa al primer corredor y levanta una polvareda que no dejaba ver nada más. Todo ese polvo quedó flojo en el ambiente. Cuando acá hay viento se te raja la cara y todo queda bajo tierra”, dijo Fabián Pallazo, ambientalista de Rincón Las Perlas, un barrio de Cipolletti.

En su sábado de descanso, los aguerridos y aventureros correcaminos, técnicos, mecánicos y demás miembros de la corte del rally, zanganearon en lujosos hoteles de Viña del Mar, Valparaíso. En tanto, ciento de kilómetros atrás, el rodado representativo de redacciónrosario -una citroneta ecológica, ya ha llegado a una nube de polvo que parece ser Neuquén.

“Con el paso de esos vehículos nos aflojaron todo. Se veía al primer corredor y luego la polvareda que levantaba no dejaba ver nada más. Todo ese polvo quedó flojo en el ambiente, esperando una brisa que lo levante y tape todo. Cuando acá hay viento se te raja la cara y la poca forestación hace que las calles y el valle quedan bajo tierra”, dijo en Rincón Las Perlas, Fabián Pallazo, miembro de la Asociación Civil de Ecología Social (Aces).

“Acá, en paraje Rincón Las Perlas, tenemos bardas. Son como dunas, pero no de arena, sino de un polvo rocoso suspendido y volátil, con corrimientos por el soplo del viento”, explicó el ecólogo social que conduce un programa de radio en el barrio rionegrino de Cipolletti, recostado en el margen derecho del río Limay.

“No tenemos edificios y son viviendas humildes y con carencias. Hay una parte arbolada y productiva en una franja de 3 kilómetros de ancho sobre el río y luego es todo agreste y árido, una estepa rocosa y ventosa, estrictamente patagónico”, explica el plantense: “Elegimos vivir aquí por su característica agreste y natural. En La Perlas hay cinco mil habitantes, pero sólo 500 en el padrón electoral porque muchos son de Neuquén, distante a unos 30 kilómetros.

“Antes -relata- una balsa era el único medio para pasar a Neuquén, de ahí que se la llame también Balsa las Perlas. Dicen que se la denominó así por ser “una perla en el desierto”. Pero, también se cuenta que un cacique que escapaba del ejército que exterminó a tehuelches y a los mapuches, arrojó perlas al río.

El 6 de enero, los reyes del show del rally agrietaban la tierra para llegar a Balsa las Piedras, venían desde Jacobacci apuraditos por estirar las patas y embeberse en el campamento (bivouac, que le dicen), donde pasarían la noche para retomar la ruta 7. Pero, vecinos y ambientalistas cortaron unos diez minutos y en forma pacífica el paso de la caravana que venían desde Jacobacci.

“Estamos en contra del turismo contaminante, destructivo y la forma en que se implementó en la región”, resalta Pallazo, quien junto a vecinos autoconvocados y miembros de la Red Nacional de Acción Ecologista y la Protectora la Chacala (Renace), entre otros, protagonizaron la movilización en el ingreso a Balsa Las Perlas en protesta por la contaminación que provoca.

”Creemos que las cuantiosas sumas de seguro prometidas por los daños ocasionados no podrán cuantificar la magnitud del impacto negativo que tendrá en la región”. En tanto, se distribuían volantes, los choferes sonreían como acostumbran, cámaras de Telef.é se dignaba tomar imágenes y la noticia sería casi ocultada en los medios masivos.

Tras el cambio de ruta modificado por reclamos de comunidades ancestrales en. Jacobacci, medidas judiciales en Viedma y protestas en Catamarca, múltiples asambleas y autoconvocados le meten palos al tronar de los correcaminos.

“Efecto económico no hubo, los que gastaban en los puestos de los vecinos fuimos los mismos vecinos. Aquí no paró el rally. La gente compró asado en las grandes cadenas y se instaló sobre los caminos de más arriba. En Neuquén capital invirtieron en promoción, pero ahora no muestran el efecto de la cantidad de residuos que quedaron, siempre las penas son de nosotros y las vaquitas ajenas”, rezongó

Además, los reclamos de la población sureña también apunta a la defensa del agua en la región, “los ríos Neuquén y Limay están contaminados en las comarcas de Viedma y Patagones, donde desembocan. Las ciudades a las veras de ríos consumen agua y devuelven efluentes con desechos industriales” remarcó.

Y agrega: “Quedó la destrucción del paisaje. Mucha gente va entendiendo a medida que nos afecta al efecto Dakar. El gran deterioro ambiental sobre la tierra flora y fauna, además de la cuestión económica, ya que depredaron terrenos donde los crianceros llevan sus animales a comer”.

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