Los Homeless o

El término “hope” (“esperanza”) refleja lo que Obama despierta en muchos estadounidenses. Otra palabra de cuatro letras, “cuts” (“recortes”), caracteriza la política de ajuste del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. La resistencia no se hizo esperar: protestas docentes y huelga de conductores de trenes.

Se terminó la calma en los verdes y cuidados prados que rodean los sólidos edificios académicos. Arde la ira en el elegante campus de la Universidad de Berkeley, una de las universidades públicas más importantes de los Estados Unidos, ubicada en la ciudad homónima, vecina a San Francisco.

El lugar posee una larga y heroica historia de protestas: en 1964 estalló allí el Movimiento por la Libertad de Expresión, que resistía una medida de las autoridades para limitar la participación política de los estudiantes y rechazaba el racismo, el materialismo y la “bochornosa” participación de los Estados Unidos en Vietman. Fue apenas el comienzo de una ola de protestas que se extendió por todo el país.

En 1969, el intento de las autoridades para extender el predio de la universidad a una zona que los estudiantes querían conservar (el sector denominado “Peoples Park”, “Parque del Pueblo”) encendió otra vez la mecha. Dos mil policías ocuparon la universidad, hubo enfrentamientos y un estudiante fue asesinado por los uniformados.

En ese mismo lugar habitado por viejos fantasmas rebeldes, hoy los docentes protestan contra los recortes propuestos por el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, para lidiar con el déficit del presupuesto estatal. “Se van a perder empleos en la universidad. Además, esto va a afectar la salud pública, porque en los hospitales que dependen de la universidad se atienden muchos ciudadanos”, aseguró Robert, estudiante de Historia del Arte nacido en Los Angeles.

Junto a los docentes, que están encabezando masivas protestas en todo el estado, los trabajadores del servicio de trenes evalúan realizar una huelga que puede dejar al estado paralizado. El término “Bart” nada tiene que ver con el hijo de Homero y Marge Simpson.

Por estos pagos, la sigla significa “Bay Area Rapid Transit” (“Tránsito Rápido del Área de la Bahía”). Sin este servicio, toda una región, por la que se mueven a diario millones de personas, se quedaría sin su fundamental medio de transporte.

El estado de California, el más rico y poblado de los Estados Unidos, literalmente quebró. “La plata no alcanza”, salió a decir Terminador, que propuso las consabidas recetas conservadoras: recortes en salud, en educación y en las ayudas a los más pobres. Pero la oposición a esta política es cada vez más contundente. Las negociaciones con los legisladores de la oposición demócrata terminaron este viernes sin resultados positivos. La vocera de ese cuerpo legislativo estatal, la demócrata Karen Bass, se negó a participar del último encuentro con el gobernador y aseguró que las restricciones presupuestarias propuestas para paliar el déficit de 26.300 millones de dólares “tendrán un impacto nulo”.

Mientras tanto, la crisis estatal se agrava: este sábado, los bancos anunciaron que rechazarán la pseudomoneda emitida para pagara a agentes estatales. Los pagarés denominados “Ious” (del inglés “I owe you”, que significa “yo te debo”), que hasta el viernes eran aceptados, pero con descuentos, ahora serán rechazados, lo que produjo una ola de indignación entre los sindicatos de empleados estatales. Para colmo, y apelando también a una vieja receta conservadora, Conan no tuvo mejor idea que salir a denunciar que, en muchos casos, los beneficiarios de programas de ayuda estatales para pobres, ancianos y enfermos “son fraudulentos”.

Schwarzenegger señaló que “entre el 5 y el 25 por ciento” de los 440 mil ciudadanos californianos que se benefician con estos subsidios, falsean datos. “Si el fraude fuese de un 10 por ciento, esto significaría 500 millones de dólares”, aseguró, pero no dio pruebas y esto enfureció a la oposición, a los gremios y a buena parte de la prensa: “El gobernador supone un fraude que es difícil de confirmar”, tituló este sábado el diario San Francisco Chronicle, el de mayor circulación de la ciudad.

“La verdad es que nadie tiene información concreta”, bramó la titular del Departamento de Ayuda para Ancianos y Adultos del estado de California, Anne Hinton. “Yo no sé si en uno de cada 26 casos hay algo que no corresponde. Pero lo que sí puedo decir es que, en San Francisco, una gran cantidad de gente está viviendo de una manera mejor y más segura gracias a esta ayuda”, agregó la funcionaria rechazando las sospechas de Terminador, que tendrá que lidiar con gremios cada vez más combativos para imponer sus recortes “draconianos”, como los califica la prensa. Arde de ira la dorada California. La espada de Conan ya tiene quien la combata.

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