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Haití ocupa la primera plana de los diarios del mundo. Hecho inusual, que sólo sucede en caso de calamidades naturales, o no naturales como los golpes de Estado. Las imágenes del caos y la devastación generan comentarios sobre la pobreza extrema que padece su pueblo, y acaso brinden la oportunidad para reconstruir el contexto histórico de esta situación. Quedan así al descubierto el papel jugado por los Estados Unidos, en la historia reciente, y por Francia y España, entre los siglos XV y XIX. Pero la estrella de la región sigue siendo Cuba, donde todos ponen la lupa, quizás porque la historia de esta isla fue algo distinta a la de Haití.

Las imágenes del caos en que quedó sumido Haití tras el terremoto conmueven y producen comentarios sobre la necesaria ayuda solidaria, la fragilidad de la existencia humana, y la imparable violencia de la naturaleza, entre otras cuestiones no estrictamente históricas. Pero más allá de la inevitable y humana reacción sentimental, que Haití ocupe por estos días lugares privilegiados en la prensa del mundo brinda una oportunidad inmejorable para analizar el devenir histórico de ese pueblo, devastado por el colonialismo europeo primero, y por el imperialismo estadounidense después.

La estrella mediática caribeña sigue siendo Cuba. Sobre Cuba se pone la lupa, se mide, se pondera, se analiza el desarrollo de esa sociedad y cada una de sus fallas. Pero no se pone la misma enjundia en analizar la situación del pueblo, la educación y los derechos humanos de Haití, por ejemplo, o de República Dominicana, que están allí nomás, compartiendo con Cuba clima, geografía y buena parte de la historia, aunque no toda. Evidentemente, no son estrictamente humanitarios ni éticos los motivos de la elección a la hora de colocar la lupa. Ni siquiera se hace la necesaria comparación cuando una misma calamidad natural, como es el caso de los habituales huracanes y tornados, golpean Cuba y Haití, con resultados bien diferentes en cada caso, debido al desarrollo humano alcanzado por cada sociedad.

La historia de Haití es en buena parte una historia de invasiones, y de la heroica resistencia de un pueblo que debió padecer a españoles, franceses y estadounidenses, todos en plan de saqueo y devastación.

Haití tiene una renta per cápita de apenas 1300 dólares al año, y ocupa el último lugar de la fila en el hemisferio occidental. El 80 por ciento de sus nueve millones de habitantes vive bajo el umbral de la pobreza, y más de la mitad, bajo la raya de la miseria. Y todo sería peor si no llegaran cada año más de mil millones de dólares en remesas enviadas por los emigrantes. Porque muchos han huido de la pobreza de Haití durante toda su historia, aunque los que se van de Cuba siempre sean más noticia. El índice de desarrollo humano de la ONU coloca a Haití en el puesto 149 de un total de 183 países. La esperanza de vida sobrepasa apenas los 52 años. Estas cifras espeluznantes no responden a causas naturales, sino todo lo contrario, ya que son el resultado de un proceso histórico marcado por la barbarie europea primero (España, Francia), y estadounidense después.

A partir del siglo XV, durante la denominada colonización, el imperio español esclavizó a la población local para trabajar en las plantaciones y en las minas. Se produjeron varias rebeliones, que fueron aplastadas brutalmente. El genocidio europeo no se limitó al exterminio de los aborígenes mediante el trabajo, las ejecuciones, las torturas y las hambrunas. Las enfermedades traídas por los invasores, para las que los aborígenes carecían de defensas, hicieron el resto y hacia 1540 los pueblos originarios de Haití estaban ya en extinción.

En el siglo XVII Francia impuso su presencia en la isla. La economía se basaba por entonces en el comercio de esclavos. En 1791 se produce la revuelta de los negros, conducida por el general haitiano Toussaint-Louverture, que luego, cuando quiso pelear por la independencia de su país, fue hecho prisionero por los franceses y murió en cautiverio. Pero a partir de 1804, otro militante negro, Jean-Jacques Dessalines, expulsó a los franceses, proclamó la independencia de la isla de Hispaniola, que devino Haití, y tomó el título de emperador (Jacques I). Después de períodos de relativa estabilidad que alternaron con crisis políticas, hacia 1910, empieza a acechar una nueva calamidad: los Estados Unidos, que ya presentes en la República Dominicana, comenzaron entonces a mirar con cariño hacia esta isla prometedora, que ocuparon militarmente el 28 de julio de 1915. Y allí se quedaron hasta 1934.

Pero además, en la historia más reciente, el imperio desplegó allí otras formas más sutiles de control, saqueo y ocupación: el apoyo a dictadores al servicio de sus intereses económicos y de la denominada “lucha contra el comunismo”. Entre 1957 y 1971 los haitianos padecieron la feroz dictadura de "Papa Doc" Duvalier, brutal genocida apoyado por los Estados Unidos. Tras su muerte, ascendió su hijo, Jean-Claude "Baby Doc", de 19 años, que se convirtió en presidente vitalicio de Haití hasta que fue derrocado en 1986.

Tanto la historia más remota como la más reciente explican el estado de indefensión en que se encuentra el pueblo de Haití ante las calamidades naturales, tras sufrir las calamidades no naturales España, Francia y Estados Unidos.

Pero eso sí, según informa un cable de Reuters de este viernes, Francia contactó a los otros acreedores del Club de París para perdonarle la deuda a la nación caribeña, medida que forma parte de un acuerdo que vienen discutiendo desde julio de 2009. Ante la imagen de los cuerpos apilados a la intemperie en Haití, los banqueros consideran que hay que apurar el trámite, por motivos humanitarios. Allez la France!

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