Grecia en llamas, un laboratorio.
Grecia en llamas, un laboratorio.

Un fantasma recorre Europa: el del neoliberalismo, que nunca se fue pero ahora vuelve, vengativo e insaciable. Un recorrido por los ajustes ya en marcha en Alemania, España, Francia, Irlanda, Italia, Portugal y Grecia permite avizorar lo que se viene en el mundo y, además, ayuda a entender los anhelos de la denominada “oposición” en la Argentina.

Si algo quedaba del Estado de bienestar, si todavía flotaban en el aire europeo las últimas briznas de la presencia del Estado regulando la economía, nada de eso quedará. Será barrido por la denominada “crisis mundial”, que deberán pagar, una vez más, los asalariados, los desocupados, y los sectores más vulnerables de la sociedad. Menos subsidios, menos inversión en servicios públicos, baja de salarios, suba de impuestos, menos empleados públicos, y aumento en la edad jubilatoria. Ajusteitor recorre Europa blandiendo sus temibles tijeras neoliberales. Y por estos pagos, hay mucha gente que lo mira con cariño.

En Alemania, el gobierno ya anunció que pretende bajar el déficit estructural de 10 mil millones de euros anuales. La idea es estar por debajo del límite del 3 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) en 2013. Se reducirán los empleados públicos (1 por ciento por año) y se aumentará progresivamente la edad de jubilación.

Los datos, incluidos en la nota del economista francés Laurent Cordonnier publicada en la edición de marzo de Le Monde Diplomatique, son muy similares en los distintos países de Europa, más allá de las diferentes realidades y signos partidarios de los gobiernos: ajustes y más ajustes.

En el mismo informe, se señala que España anunció “un plan de austeridad que apunta a llevar el déficit por debajo del límite del 3 por ciento de aquí a 2013 y pretenden ahorrar 50 mil millones de euros en tres años”. También apuntarán en España sobre los empleados públicos, reemplazando sólo uno de cada diez que se retiren. La edad jubilatoria pasará gradualmente de 65 a 67 años. Además, señala Cordonnier, el Ministerio de Fomento español, encargado fundamentalmente de la preparación y ejecución de la política del Gobierno en materia de infraestructuras de transporte, anunció una reducción de inversiones de un 30 por ciento. El Ministerio de Medio Ambiente, por su parte, recortará un 37 por ciento.

En Francia, el gobierno reducirá el gasto público en 1 por ciento para 2011 y pretende además reducir la deuda por debajo del 60 por ciento del PBI para 2013. También allí, dejando claro que se trata de una ofensiva que no sabe de fronteras, se reducirán funcionarios públicos y se estudia elevar la edad para jubilarse.

En Irlanda, que supo experimentar lo que algunos economistas denominaron un verdadero “milagro económico” en los 90, también se viene el ajuste: reducción de gastos por 4 mil millones de euros para este año. Ya está en marcha un plan de austeridad que baja los subsidios al desempleo y los salarios del sector público y dispone la suba de impuestos.

En Italia las medidas propuestas parecen literalmente cortadas por las mismas tijeras ajustadoras: se reemplazarán cuatro empleados públicos de cada cinco retiros, y se aumentará la edad para jubilarse: de 59 años pasará a 61 en 2013.

En Portugal, el gobierno expresó su deseo de bajar el déficit por debajo del 3 por ciento. Pero no le fue bien en el Parlamento, que rechazó un plan de austeridad que incluía congelación de salarios, reducción de empleos públicos y recorte en gastos sociales.

Para muchos analistas, la situación de Grecia obrará como una suerte de dominó que arrastrará a la crisis a los otros países de la Unión Europea. Allí, el duro ajuste y las denominadas medidas de austeridad están siendo enfrentadas por una fuerte resistencia, con huelgas en el sector público que han paralizado el país.

Aquí en la Argentina, los representantes de los intereses económicos más concentrados se relamen al borde del orgasmo ante el brillo ominoso de las tijeras neoliberales que, fálicas o no, les producen una excitación difícil de disimular. Urgidos por semejante carga libidinal, conminan a sus empleados en el Congreso y en los grandes medios a concretar la tan ansiada restauración conservadora, cuanto antes y a cualquier precio.

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