Rodríguez, junto a la bandera del Vaticano, la cima de los Andes escaló. Foto: Asociación "Cuna de la Bandera".
Rodríguez, junto a la bandera del Vaticano, la cima de los Andes escaló. Foto: Asociación «Cuna de la Bandera».

El historiador Norberto Galasso, autor de una profunda investigación sobre la vida del libertador de América (Seamos libres y lo demás no importa nada. Vida de San Martín), desasna a más de uno de los seguidores ingenuos de la versión sarmantiniana que impone el represor presidente de la asociación que organiza todos los años el Cruce de los Andes, y desmiente el discurso ultramontano y antipopular que persiste en la mente de los militares terroristas de Estado como el ex teniente del Batallón 121 de Inteligencia Víctor “Chuly” Rodríguez, así como el relato mitrista convertido en historia oficial.

A la imagen marcial y lavada de la gesta sanmartiniana, billikenezca, desligada del pulso revolucionario y latinoamericanista que movilizó a Don José y su Ejército de los Andes –conformado por chilenos, criollos, mulatos y “nuestros paisanos los indios” como los denominó el propio general–; Galasso la confronta con una historia de lucha cuyo objetivo central era “la liberación y la uniddad de la Patria Grande”.

La mentira “chulysta”, como la “mitrista”, no tiene otras razones que esconder la propia biografía y los intereses al servicio de los cuales actuaron estos dos disímiles personajes. Sin esa manipulación no se podrían inscribir en una pseudo tradición sanmartiniana estos dos represores retirados del ejército argentino, el primero responsable del aniquilamiento masivo y sanguinario de las montoneras federales en el siglo XIX, y el segundo integrante de la maquinaria terrorista de Estado desatada en el siglo XX contra los mismos sectores y a la orden de idénticos patrones. Por el contrario San Martín siempre se rehusó a blandir su espada contra sus compatriotas y se negó a reprimir las protestas del interior cuando los porteños lo convocaron a esa antipopular faena que luego concretaron otros.

La “operación” simbólica, ya sea la obra historiográfica de Bartolomé Mitre, ya sea el Cruce de los Andes organizado por Rodríguez, no son como muchos pueden creer, sólo una construcción que interviene sobre el sentido que se le da a los hechos del pasado, sino fundamentalmente la vertebración que aquellos sucesos tienen o no con los debates y conflictos de los presentes que debieron enfrentar ambos.

Pero en la historia que no cuentan, que intentan hacer desaparecer “Bartolo” y “Chuly”, se encuentran los trazos que permiten enlazar los anhelos de una sudamérica unida de San Martín, con los sueños de una Patria Grande de las decenas de miles de militantes de los setenta, y los nuevos proyectos latinoamericanistas que sobrevuelan el subcontinente desde la última década.

“En esta verdadera historia se encuentra la Patria Grande como objetivo común y allí se empalman Tupac Amaru, O’Higgins y San Martín con Kirchner, Lula y Chávez repudiando el Alca en el 2005 y mandando el proyecto al «carajo» como dijo Chávez o a las profundidades del océano, como señaló Fidel Castro”, escribió hace unas pocas semanas Galasso en un artículo titulado ¿Por qué la bandera argentina “la cima de los Andes no escaló”?.

Para Galasso esas “mentiras” pretenden “insertarse «inocentemente» en las mentes infantiles para tapar la verdadera naturaleza de la revolución y crear argentinos europeizados o «azonzados», como decía Jauretche”. El historiador considera que la imposición de esa concepción “nos conduciría a votar a políticos como Macri o Massa, desertando del verdadero camino sanmartiniano y bolivariano al cual nos convoca hoy la Historia de la Patria Grande”.

Este artículo acompaña la nota central del suplemento Diario de los Juicios, publicado dentro de la edición Nº134 del periódico El Eslabón.

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