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A pesar de las "familias bien", los pibes correntinos pintan estos murales.
A pesar de las «familias bien», los pibes correntinos pintan estos murales.

“Memorias sobre la degradante humillación que Corrientes y su provincia sufrió del ejército de guaranís y tapes, al mando de su general don Andrés Artigas”, es el título del texto escrito en 1821 por don Fermín Félix Pampín, rico comerciante español radicado en esa localidad argentina, quien registró desde su óptica la historia de la región.

Las familias poderosas de la ciudad mesopotámica añejan un histórico odio y resentimiento a las tropas guaraníticas. El 2 de agosto de 1818, el montonero guaraní y artiguista derrota a las tropas del coronel José Francisco Vedoya en la batalla de Saladas. Así se restaura el federalismo en Corrientes, luego del golpe de mayo de ese año, cuando la oligarquía correntina apoya la destitución de un gobierno elegido en un congreso provincial.

Pero como Vedoya antes había masacrado la población originaria de Las Garzas, las nobles familias temían que Andresito se vengara. Sin embargo, el jefe guaraní entró caminando, liberando a gurises esclavizados y no se registraron crímenes o saqueos. Mientras tanto, Vedoya huía con tesoros públicos y niños tomados como rehenes.

Los resabios de épocas coloniales, del virreinato y la explotación de encomenderos, eran pisoteados por esos alegres anarquistas que se la pasaban –cuando no guerreando– interpretando música y produciendo pólvora, o haciendo que los señores limpiaran la plaza con sus manos, para que sus damas danzaran con la indiada.

Los documentos de Pampín son fuente de historiadores correntinos que difundieron y difunden una leyenda negra, a pesar de los trabajos de Hernán Gómez en rescate del guaraní.

Los cuadernos de Pampín llegarían a sus descendientes y sus memorias serían tomadas por su yerno Manuel Florencio Mantilla, un intelectual liberal. Esa “tan distinguida familia” crió, además, a dos gobernadores de la provincia: Manuel Pampín (1862) y Juan Vicente Pampín (1876).

Luego, en 2004, Diego Mantilla publicó una biografía de Félix Pampín en la que se lee: “Es bien sabido, por tal, pública, la rebajada como escandalosa conducta del Gral. Dn. José Artigas y por lo tanto se deja conocer la moralidad que al lado y en la escuela de aquel patriarca de la anarquía, se imprimía en el alma de Dn. Andrés, y que elevado éste al rango de jefe de las Misiones, se le harían familiares el asesinato, el robo con descaro, la tiranía y la despotiquez, la desdeñosa y soberbia altivez, la embriaguez consumada, la vida disoluta y escandalosa”.

Alterando beneficios

Las lanzas guaraníes atemorizaban a los hacendados, modificaba las relaciones sociales y económicas, privilegiaba las voces originarias en la política y defensa del territorio. Para los cate era una ofensa a su persona el tener que andar aceptando a autoridades civiles y militares de origen guaraní, hasta hacía poco utilizados como servidumbre, esclavos y tropa regenteada por españoles o hacendados correntinos.

Así fueron lloviendo quejas y denuncias contra los salvajes. Lo que los horrorizaba no era que el cobrizo fuera despótico, ya que esa actitud la habían cultivado históricamente. Lo inaceptable era que el despotismo no fuera regenteado por ellos: los poderosos de siempre, sino por una tropa harapienta.

Esos días, para la elite correntina, fueron caracterizados como una “época de sangre y devastación”, por el cuatro veces gobernador, Pedro Ferré (1788 – 1867), cuando justificó la invasión al territorio de las antiguas Misiones en 1827.

En tanto, la histografía oficial de la provincia sigue a los tumbos intentando explicar algunos sucesos. En “De gaucho anarquista a caudillo federal”, María Gabriela Quiñonez señala: “Las distintas alianzas que tejió Corrientes con los países limítrofes para enfrentarse con otras provincias argentinas. Frente a las acusaciones de comportamientos separatistas, se fundamentaría que en realidad se había buscado defender los intereses del país ante un centralismo porteño que no dejaba otras alternativas en la lucha por la autonomía. Por otro lado, Corrientes también es constantemente presentada por estos historiadores como la defensora de la soberanía nacional, antemural con el que chocaron las ansias expansionistas del extranjero, fundamentalmente del Brasil”.

Resentimiento caté

A fines de junio último, las voces del linaje más caté volvieron a estallar cuestionando el reconocimiento y los homenajes a Andrecito. Investigadores e historiadores correntinos lanzaron un manifiesto en repudio a lo que calificaron “homenaje del kirchnerismo” y rechazaron al “monumento a la prepotencia”.

Cuestionan que haya sido “significativo el paso de Andresito por Corrientes” y aseguran que “se trata de imposiciones ideológicas” de un sector, para fabricar “otra historia oficial”.

“No sabemos cuándo ni dónde nació Andresito Guacurarí, si era en realidad indio o mestizo, y tampoco cómo era, porque todos sus retratos e imágenes son inventados”, remarcan.

Agregan que se sabe que “invadió Corrientes durante siete meses, en los que imperó el miedo cada vez que empinaba el codo, laceando, sableando, engrillando y apaleando a ciudadanos conocidos y obligando a sus mujeres e hijas a concurrir a los bailes que daba para emparejarlas con sus indios, que arreó con todo lo que le podía ser útil para su guerra, una guerra que no era la de los correntinos”. El documento fue firmado por Jorge Enrique Deniri, Dardo Rodolfo Ramírez Braschi, Miguel Fernando González Azcoaga, Felipe Bonastre, Fernando Luque, María Elba Mohando Soto de González Azcoaga y Alejandra Fernández Robert de Zapponi.

Multisectorial de la memoria

Pero, a los pocos días, la Multisectorial por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Corrientes, afirmó: “Ante el manifiesto realizado por un grupo de personas sobre el comandante general Andrés Guacurari Artigas, nos vemos en la necesidad de responder, orgullosos de nuestra verdadera historia como pueblo, de nuestra cultura ancestral guaraní y de nuestra lucha por la libertad y la igualdad republicana democrática”.

“Nuestro interés –explican- no es responder el documento en sí, el cual expresa con perversa mediocridad la identidad cultural, ideológica, de sus firmantes. Lo que nos motiva a clarificar las falsedades ideológicas del manifiesto, es que estos personajes son profesores de historia y funcionarios del Estado provincial, nada menos que directores del Museo y del Archivo de la Provincia”. Y agregan: “No nos resultan extrañas sus manifestaciones, ya que se asumen descendientes y/o identificados con la vieja y retrógrada cultura hispánica de conquistadores y colonizadores”.

“El pueblo correntino, los ciudadanos y ciudadanas que con su trabajo construyen cotidianamente el desarrollo social de los pueblos, son los que han sufrido la violencia, explotación, saqueo, violación y opresión de la oligarquía europea, colonial y sus descendientes, con ínfulas de clase aristocrática, tan ridículo como la creencia del «derecho divino” de las monarquías»”.

“Está claro, que desde la invasión europea a estas tierras, hace más de quinientos años, se inició una disputa entre los conquistadores-colonizadores, asumidos como clase dominante, y los pueblos originarios primero, a quienes se sumaron las multitudes criollas, trabajadores y gauchos después. Así, llegó el momento de liberación de los pueblos sometidos con la revolución que, en nuestra región, tuvo la mayor expresión de construcción republicana y profundamente democrática que fue la Liga de los Pueblos Libres (1815), la construcción social comprometida con la libertad y la igualdad de los derechos humanos”, sostienen.

Y agregan: “Es correcto, cuando dicen que murió en manos de sus enemigos portugueses; más preciso es decir que murió en manos del imperio portugués, monárquico y esclavista. Lo que nos es correcto decir es que se trataba de «su guerra, una guerra que no era de los correntinos»; la guerra, contra los imperios portugués, español e inglés, contra los absolutismos monárquicos de afuera y de adentro, era de los pueblos misioneros, correntinos, entrerrianos, uruguayos, … , de todos los pueblos latinoamericanos que luchaban por su independencia y soberanía política”.

“Fortalecidos en el reconocimiento de nuestra identidad histórica, nuestro desafío y responsabilidad como correntinos y argentinos, es hacer realidad el proyecto de pueblos libres y soberanos por el cual lucharon San Martín, Artigas y Andresito”, indican los militantes de la memoria y la justicia, quienes hoy vinculan a la lucha por una Patria Grande que no excluya ni atropelle derechos. Con el Congreso de los Pueblos Libre, un desafío a renovar cuando en 2015, el 29 de junio, se conmemoren los doscientos años de un proyecto que aún sigue en disputa.

 Artículo publicado en la edición 154 del semanario El Eslabón.

 

 

 

 

 

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