Planeta Cabezón 01
Foto: Manuel Costa

No era la primera vez que iba a la radio pero esta vez noté una presencia nueva. En la sala de la planta baja, donde desembocás ni bien atravesás el breve pasillo que te saca de la calle. Un videojuego arcade. Retro sorpresa, viaje repentino a mi infancia y adolescencia, traté de no olvidar que estaba ahí para hacer una entrevista.

San Ma (Santiago), el entrevistado, está parado delante del arcade. Me acerco. Veo que, por pantalla, tiene un monitor de computadora. Y donde iría el tablero de controles, hay un teclado y un mouse. “Es para jugar al Mame”, dice San Ma, sin mirarme. El Mame es un emulador de arcade para computadoras. Permite la deliciosa venganza histórica de jugar todo lo que quieras, gratis, concentrando tus frustraciones en las derrotas y dificultades del juego, olvidándote del factor económico. El Mame es El Dorado del usuario de videojuegos. En tu cara, ficha maldita.

Sin quitarle la vista de encima al arcade, subimos la escaleras. Ya en en el primer piso, bordeamos el estudio de Planeta Cabezón. Hay un programa en curso, no sé su nombre, pero lo recordaré como el programa donde una chica blandía un dildo rosa mientras hablaba de él. “La sexóloga”, me dijo San Ma, mientras entrábamos en la habitación donde conversaríamos.

San Ma (Santiago), el entrevistado, está parado delante del arcade. Me acerco. Veo que, por pantalla, tiene un monitor de computadora. Y donde iría el tablero de controles, hay un teclado y un mouse. “Es para jugar al Mame”, dice San Ma, sin mirarme. El Mame es un emulador de arcade para computadoras. Permite la deliciosa venganza histórica de jugar todo lo que quieras, gratis, concentrando tus frustraciones en las derrotas y dificultades del juego, olvidándote del factor económico. El Mame es El Dorado del usuario de videojuegos. En tu cara, ficha maldita.

Sin quitarle la vista de encima al arcade, subimos la escaleras. Ya en en el primer piso, bordeamos el estudio de Planeta Cabezón. Hay un programa en curso, no sé su nombre, pero lo recordaré como el programa donde una chica blandía un dildo rosa mientras hablaba de él. “La sexóloga”, me dijo San Ma, mientras entrábamos en la habitación donde conversaríamos.

—¿Cómo empezó Planeta Cabezón?
—Unos chicos tenían un programa radial los miércoles de 22 a 24. Lo hacían de forma amateur, en una página que permite hacer streaming, para lo que sólo necesitás una compu y un micrófono. Se juntaban en una casa o un bar, invitaban a una banda. Nos contactamos porque vendo streaming a radios y surgió la idea de poner una radio online en un espacio físico e invitar a transmitir gratis. Así que en julio de 2012 los seis que nos juntamos originalmente (ahora somos cinco) alquilamos esta casa, montamos el estudio pagando todo nosotros. Pegamos unos afiches que decían “¿Tenés ganas de hacer radio gratis?” y para octubre de ese año largamos.

—¿Y cuál es la situación actual?
Tenemos programación todos los días, de 10 a 2 de la mañana, con programas de todo tipo, por lo general de dos horas semanales. Es para que entren muchos programas. Tenemos 300 visitas por día y 6200 fans en FB. La consigna es que es un espacio para expresarse, libre, sin restricciones. Un espacio anárquico. Nadie te va a decir nada sobre lo que digas.

—¿No hay decisión sobre los contenidos?
—Ninguna. Tampoco llevamos adelante el proyecto como jefes. El espacio es de todos, de todo el que se sienta parte. Nosotros, los fundadores, sólo llevamos las cuentas, recibimos los programas nuevos, compramos la consola, cosas así. Durante un año funcionó gratis pero empezamos a perder plata y decidimos cobrar $50 mensuales a cada persona que participa en un programa. Tenemos más de 150 personas. Con esas cinco lucas pagamos alquiler, luz, internet, yerba, jabón. Estuvo bueno, la gente se sintió más incluida y nunca tuvimos que aumentar.

—¿Los programas de radio tienen una instancia de reunión grupal?
—Sí, una mensual o cada dos meses. Se coordinan novedades técnicas, cómo manejar la radio. Cuando arranca un programa le explicamos cómo usar las cosas. Y metemos mucho incentivo, contamos que estamos creciendo mucho, metemos pilas. La gente se va de las reuniones con ganas de querer hacer más, de sumar. Y luego hacemos pelotudeces: entregamos diplomas a los mejores programas. La otra vez entregamos diplomas a los que hacía un año que estaban. Siempre nombramos a cada uno para que el resto lo conozca. Tratamos de llevar adelante un grupo grande, ciento cincuenta personas más todos los que no hacen radio. Es un grupete.

—¿Y qué pasa con el público?
—Planeta tiene una publicidad muy de boca en boca. Internet y boca a boca. Cuando venís a hacer un programa le contás a tus amigos. Pensá que cada uno que viene le cuenta a diez personas. Es íntimo. Por lo general, la gente que te escucha es amiga. La radio online tiene una ventaja: con una FM no podés saber cuánta gente te escucha; si uno, ninguno o veinte. Vos largás la onda al cosmos. Acá sabés, aunque nosotros no le damos ese dato a los programas para que no se desanimen o no se incentiven mucho. Además, a la FM la prendés y te ponés a hacer otra cosa. En cambio, con la online pasa algo diferente: estás en la compu, chateando, laburando.

—Podés hacer al menos dos cosas con el dispositivo que transmite.
—Claro. Escuchás el programa y capaz que escribís y te respondo, te nombro.

—La web de Planeta Cabezón es bastante particular, tiene contenidos independientes de la programación. ¿Qué lugar tiene internet en el proyecto?
—Además de la radio hay otras cosas. Hay un equipo de redacción que sube notas todos los días. Es un grupo aparte de los programas, con reuniones propias. Así como ofrecemos la radio, ofrecemos un espacio para escribir. Encontrás poemas, crónicas de espectáculos, cuentos. Junto a eso, en el sitio también tenés “Las bandas de Planeta”: las bandas pueden subir su música y toda esa música suena a la noche en la radio, cuando no hay programas. A la vez podés entrar y escucharlo, onda bandcamp. Nos falta incluir cosas: el archivo de radio o algunas transcripciones de programas. La página no está al cien por ciento.
Ahora mismo estamos haciendo una agenda 2.0: básicamente, vos como banda o persona subís tu evento y cuando otro entra ve el calendario con los días pintados.

—Una wikiagenda…
—Una wikiagenda rosarina. Desde bandas a perros que se regalan en San Martín y Córdoba. Una agenda no sólo cultural.

—¿Y por fuera de la red?
—En mayo hicimos una fiesta: fueron más de seiscientas personas, gente que escucha la radio. Además, cubrimos eventos en vivo y tenemos también una especie de productora: a la banda Mamita Peyote le hicimos el video con el que compitió en Duro de domar y ganó.

—Pensando a la radio como agente cultural de la ciudad, ¿qué mirada tenés de Rosario? ¿Cómo pensás que Planeta Cabezón interviene?
—Internet siempre va por un costado del capitalismo o como quieras llamarle. Pero muchas veces uno se ve atado a alguien con más jerarquía. Es el caso de los bares: metés bandas, te va bien, viene la Municipalidad y te lo cierra porque no cumplís ciertas reglas. Nadie dice que siempre esté mal: a veces exigen cosas que son de seguridad. Lo que está faltando es la categoría de “bar cultural”. Donde digas: se baila tango, se pasa música, podés comer. A través de los años se entiende que esos palos en la rueda son una cuestión de guita. Está aceptado que hay que sacar un porcentaje para las coimas. No es nuevo. Uno lo sabe y le hace frente yendo por los lugares donde la la ley todavía no ingresó. En nuestro caso es fácil porque es una radio online, no es FM porque tendríamos que atarnos a todo eso. Hoy Asfca está dando antenas, te subsidian. Pero apostamos a lo online… ojo, capaz que venís en un mes y tenés la antena puesta. De momento apostamos a eso. A una cuestión anárquica, nadie nos puede decir nada. Ni Afip, ni Capif, ni Sadaic. Pero los bares no pueden hacer caso omiso. Yo creo que tendrían que ser más flexibles con el arte.

—¿Por qué no pueden controlarlos en Internet?
—Porque es muy escurridizo. Cambiamos una IP y no lo parás. Además, la radio online no tiene ningún tipo de regulación. Lo que más me gusta de Internet es eso, no hay nadie que mande. Manda el que más sabe. Los hackers son como artistas, y un artista es como una persona más humanizada que un tipo que se dedicó toda la vida a la burocracia.

—Y ustedes, como radio, ¿intervienen de alguna manera?
Políticamente, no. Somos medios anarquistas o apolíticos, no sé pero siempre le damos una mano a todos. Planeta es un colectivo donde hay mucha gente, todos jóvenes, que piensan más o menos de la misma manera, tiran para el mismo lado. La mayoría tiene entre 20 y 30, todos nacidos en democracia, educados en el menemismo. Es un círculo, grande, pero no deja de ser un círculo. Hay programas más políticos que otros pero la mayoría tiene una mirada bizarra, donde te chupa un huevo. Entiendo que la política está ahí pero creemos que las cosas hay que hacerlas independientes. No creo que cambie nada ahí. El cambio está por otro lado. Hay que hacer, sin buscar subsidios. Todo aquí es de forma independiente y haciendo lo que queremos. No hay publicidad en Planeta.

—¿Tienen relación con otras radios o grupos parecidos?
En una ocasión hablamos con FM La Tribu pero ya no. En Rosario, Planeta Cabezón es la primera y única radio online con un espacio físico. Todo se está nucleando acá, no hay otras movidas similares en la ciudad. El que quiere hacer radio online viene acá. Después hay programas amateur, un programa que sale una vez por semana con un streaming; lo hace gente que pasó por acá. Eso está buenísimo.

—¿Piensan al proyecto proliferando por fuera de la radio? Por ejemplo, un centro cultural…
—Puede ser. Esto surgió en un momento en que quisimos hacer algo, para cambiar, para no aburrirnos, conocer gente, hacer nuevos amigos. Hoy estamos, no sé si cierra mañana. De momento estamos muy bien. Espero que esto continúe toda la vida, más allá de nosotros. A la vez te consume mucho tiempo, hace dos años que vivo para esto. Hay que regular las finanzas, hablar con los nuevos programas, elegir a los mejores: si tenés quince ofertas tenés que elegir uno, ese filtro lo hacemos nosotros cinco. Más todo lo que tiene que ver con la casa, cuestiones gráficas, planear y organizar las fiestas, cubrir los eventos. Cobrar las cuotas, ciento cincuenta cuotas por mes. Todo eso lo hacemos entre cinco.

—¿Y ese grupo es cerrado o puede sumarse gente?
—De momento no se dio pero no es cerrado. El grupo es el grupo fundador. Están las tareas divididas: yo me encargo de finanzas y web, otro de RR.PP., otro de la producción, tenemos un diseñador. Nunca nadie nos tiró la onda de ingresar. No es necesario, no lo imagines como un grupo jerárquico.

—Al contrario, estaba pensando qué pasa en caso de que alguien quiera comprometerse más con el proyecto.
—Está totalmente abierto, siempre incentivamos eso. La idea que se te ocurra, contála. Nos encanta que la gente tome iniciativas sin tener que proponer. Hay cosas que ya están cubiertas, las finanzas por ejemplo. Tienen que buscar lugares donde haya vacantes: cobrar las cuotas, que es la más hincha pelotas de todas, buscar publicidades, nuevos programas, redactar en el sitio, diseñar, ocuparse de cosas técnicas o del orden de la casa. Es un lugar en que nos manejamos de forma autogestionada, un lugar donde ofrecemos formar parte de algo más grande. No sólo de la radio sino de algo familiar, de amigos, buena onda, que es lo que más valoro de aquí. La gente lo siente, se siente parte. Somos todos amigos, en serio.

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