Monumento a Andresito

Lo que nos faltaba, ahora empieza a destaparse aún más eso de que entre nuestros tan elegantes y erguidos granaderos, tan de oro y gorros, había guaraníes cobrizos y no tan altos. Sólo los baquianos de la historia, tantas veces silenciados, y los almidonados académicos que silenciaron a los anteriores, manejan esa verdad tan ofendible a la presunción de que no corre sangre originaria por la sangre de nuestro pueblo.

Pero está documentado. “El 16 de marzo de 1812, a propuesta del entonces Teniente Coronel San Martín, se creó el Regimiento de Granaderos a Caballo, el cual debía estar compuesto por cuatro escuadrones de tres compañías cada uno. La organización dio comienzo por el primero, cuyos oficiales y tropas fueron elegidos especialmente por su comandante. El segundo escuadrón se formó el 11 de septiembre de 1812, y el tercero, el 15 de diciembre de ese año», indica el historiador Mario Luqui-Lagleyze (Buenos Aires, 1959).

Y agrega, el 22 de agosto: “…en cumplimiento de dicha resolución, solicita a los subdelegados de Yapeyú, Candelaria y Concepción, colaborar con el comisionado Francisco de Doblas para el reclutamiento de 300 guaraníes de talla y robustez que S. E. destina al Regimiento de Granaderos a Caballo al mando del teniente coronel don José de San Martín, oriundo de aquel territorio…».

Tiempo después, el 6 de mayo de 1813, se le aparecen a San Martín los cobrizos Matías Abucú, Miguel Aybi, Andrés Gueyare y Juan de Dios Abaya, expresándole “la felicidad y el honor de conocerlo y saber que es nuestro paisano”, y agregando: “Somos verdaderos americanos con sólo la diferencia de ser de otro idioma”.

Se dice que entre los 80 que llegan de Apóstoles (hoy provincia de Misiones), había diestros fundidores que habían tomado el oficio junto a los jesuitas en las fábricas de pólvora. Un tal Matías Abucú galopó al frente del contingente. Entre esos desconocidos guerreros bajaron “Miguel Abiyú, Andrés Guayaré, y Juan de Dios Abayá. Entre los soldados, sobresalieron Santiago Guaichá y Lorenzo Purey”, indican, desde Herencia Misionera, Alfredo Poenitz y Esteban Snihur.

Uno de los más prestigiosos, rigurosos y humildes historiadores argentinos, que conoce el tema por documentarse y caminar el territorio, es don Jorge Francisco Machón, nacido en 1935 en Posadas. Machón indica que Abucú había ya conocido a Belgrano y fue uno de los que reclutó entre los suyos a los futuros soldados.

“Has detalles de cómo Matías los recluta  y las recomendaciones que les dan. Que había que cuidarlos, que hay que tratarlos bien en el idioma. Y tener cuidado porque gustan mucho de cambiar mujeres”, indica el profesor y titular de la Junta de Estudios Históricos, Sociales y Literarios en Jardín América.

Este miembro de la Academia Nacional de la Historia por Misiones, y autor de diez libros, advierte que, salvo por el caso del reciente reconocimiento a Andresito, “tenemos General Paz por todos lados. No tenemos un Pantaleón Sotelo o Matías Abucú. Esos nombres no están en ningún lado. Ahí tenemos una deuda con los pueblos originarios”.

Los paysanos

Desde la capital correntina, José Arnaldo Gómez, artiguista, impulsor del complejo de escultura, productor y guionista (junto con su hijo Camilo) del documental Buscando a Andresito, también indica que “siguiendo la Ruta del Paraná, los jóvenes misioneros, acompañados del teniente Matías Abucú, llegarán a Buenos Aires en mayo y tendrán el honor de conocer a su «paysano» don José de San Martín”.

También refiere que en Misiones después de Andresito, del antes nombrado Machón, “se documenta que el mencionado Matías fue obsequiado por San Martín, con un uniforme de granadero y destinado a servir a las órdenes de José Gervasio Artigas, a quien acompañó, inclusive, al exilio en territorio del Paraguay”.

Abucú había nacido en Apóstoles pero como la historia la borran los que ganan, no se conocen las fechas de nacimiento y fallecimiento. Sucede que era un hijo más de la tierra, no un prócer del Billiken.

Pero se sabe que llegó al grado de capitán de Granaderos del Regimiento y fue oficial al mando del escuadrón de guaraníes de dicho cuerpo y participó en la batalla de San Lorenzo.

Sabía hablar, leer y escribir en castellano y guaraní. Manipulaba armas, conocía la disciplina castrense, era diestro jinete y tenía capacidad de mando.

Ya trasladado al Cuyo, donde Don José alistaba a la tropa para el cruce de los Andes, supo que Andresito había sido designado por Artigas como Comandante General de las Misiones y Gobernador de Misiones y Corrientes.

Pedido de traslado

La sangre y su territorio lo parecían convocar, entonces pide formalmente a San Martín su traslado para apoyar a Andresito en la pelea por resistir, en Misiones Orientales y Occidentales, de los embates, ya no de los españoles pero sí del imperio lusitano, desde Brasil.

Pero no quería cambiar de camiseta y pidió autorización para  utilizar su uniforme de capitán de Granaderos. San Martín, conocedor de sus guerreros nobles, lo autoriza de inmediato. Así, al tiempo, el guaraní  de uniforme de granadero fue uno de los que impulsó la pelea en la batalla de Apóstoles, donde había nacido.

Era el 2 de julio de 1817 cuando el general portugués Chagas, tras invadir y quemar pueblos misioneres, es totalmente derrotado por los gauchos y guaraníes de Andresito. Lanzas, facones, más los sapucay persiguieron a los invasores que sobrevivieron hasta cruzar a los apuros el río Uruguay.

Abucú siguió al lado de Andresito, aportando su conocimiento en combates. Tras el sitio en la reducción jesuítica de San Francisco de Borja (Río Grande do Sul), el 24 de junio de 1819, Andresito fue apresado por los portugueses al mando del mariscal Abreu. Arrastrado a pie hasta la cárcel de Islas Das Cobras (Río de Janeiro), fue torturado y desapareció su rastro cuando tenía unos 40 años.

Su comandante granadero sigue junto a Artigas y desde el campamento de Santa Ana (Misiones), junto al oriental, en setiembre de 1820, se exilian en Paraguay junto a algunos fieles guaraníes y algunos morenos que lo acompañaron.

Artigas vivió del trabajo junto a guaraníes y falleció, 30 años después, el 23 de septiembre de 1853. De Abucú no se conoce el destino final pero, como dice el Machón sobre Andresito: “Creo que siguen en la zona de las lagunas de Iberá, juntando y peleando por su gente”.

Para escarmiento y temor de los copetudos y cate, la capital correntina tiene desde hace un par de meses unos gigantones Guardianes del Paraná. el eslabón asistió en junio al acto de inauguración del complejo de escultura donde los muchachos y las muchachas de la Cultural Vallese rescataron la historia de las montoneras guaraníes trabajando con fierros forjados juntos a los vecinos y el fuego sagrado de la memoria. Junto al Andresito, de unos 15 metros de alto y 16 toneladas de lo que antes era chatarra, ahora sus guerreros Tomas Campbell, el cura José Acevedo, Melchora Caburú, Vicente Tiraparé y Abucú, advierten sobre la ancestral presencia en la región de montoneros guaraníes.

Artículo publicado en la edición 161 del semanario El Eslabón.

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3 Lectores

  1. Mario Miguel Tonsich

    23/09/2014 en 9:17

    che vy´apaite ko arapokoîndyha ñandeveguara haihavara

    Responder

  2. Mario Miguel Tonsich

    23/09/2014 en 9:20

    Aclaro no haber publicado anteriormente

    Responder

    • Mario Miguel Tonsich

      23/09/2014 en 9:21

      Quisiera que me informen a que se debe el pedido de moderacion

      Responder

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