La Justicia Federal unificó en siete años y seis meses de prisión las penas dictadas en dos condenas contra Brian Pescadito Sprío, por narcotráfico y tenencia de explosivos. Al joven integrante de la banda del Quemadito Rodríguez le habían dado 28 años por el triple crimen de Villa Moreno, pero un tribunal de alzada lo absolvió. Su suerte procesal aún no está cerrada en ese caso.

La Justicia Federal de Rosario unificó esta semana las condenas dictadas por narcotráfico y tenencia de explosivo contra Brian Ismael Sprío, uno de los acusados por el triple crimen de Villa Moreno, en una pena de siete años y medio de prisión. El Tribunal Oral Federal Nº2 estableció de esa manera una sanción única por los dos delitos, mientras que el joven aguarda la resolución de su situación procesal en la causa por los homicidios de los tres militantes del Movimiento 26 de Junio (M-26), en la que en primera instancia fue condenado a 28 años de cárcel y luego absuelto por la sala II de la Cámara Penal de la Justicia ordinaria. Esta última resolución fue atacada por los querellantes de los familiares de las víctimas mediante un recurso de inconstitucionalidad interpuesto ante la Corte Suprema de Santa Fe, cuya definición aún está pendiente.

En 27 años de vida Brian Ismael Sprío, Pescadito, conjugó condenas por 36 años y seis meses de prisión, si se suman en forma independiente cada una de las sentencias que lo encontraron culpable de diversos delitos.

Veintiocho años le dieron por el triple crimen –aunque esa condena se transformó en absolución y está en debate-; cinco años y seis meses por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización y tres por tenencia de explosivos, luego de que le encontraran una granada en su residencia. Sin embargo, en derecho –como en política- dos más dos no siempre ofrece como resultado cuatro. Por ahora, las únicas sentencias firmes son las que esta semana unificó el TOF 2 mediante una única pena de siete años y seis meses de prisión.

Tumbas y tumberos

Desocupado y con instrucción secundaria incompleta, el pibe flaquito de la zona sur participó de la banda de Sergio Quemado Rodríguez y su hijo Maximiliano, el Quemadito, integrantes a la vez de un sector de la barrabrava de Newell’s Old Boys, comandado por Diego Panadero Ochoa tras desplazar de ese sitial –por medios reñidos con las prácticas democráticas– a Roberto Pimpi Caminos.

La suerte de la mayoría de los protagonistas de estas historias se bifurcó en los últimos años entre las cárceles y los cementerios.

Caminos no resistió los cuatro balazos que le dieron en la puerta del bar Ezeiza cuando clareaba la mañana del 19 de marzo de 2010 y murió en el hospital Carrasco. Por su crimen hubo tres condenados.
A Maxi Rodríguez, el Quemadito, una munición 9mm disparada a corta distancia le voló la cabeza en Pellegrini y Corrientes el 5 de febrero de 2013, cuando caminaba ayudado por muletas como consecuencia de los balazos que quince días antes le habían acertado en una pierna. Cuatro personas irán a juicio por ese homicidio.

El Quemado Rodríguez fue condenado a 32 años de prisión como autor del triple crimen de Villa Moreno, en el que fueron asesinados Jeremías Trasante, Adrián Mono Suárez y Claudio Patom Rodríguez, militantes del M-26. La sentencia fue confirmada por la Cámara Penal de Rosario.

Ochoa está detenido y procesado como instigador del homicidio de Pimpi Caminos. También lo procesaron con la misma figura penal por el crimen del Quemadito, pero en segunda instancia esa resolución fue revocada.

Los intereses que los unieron a ambos en los paravalanchas leprosos para desplazar a Caminos de la jefatura de la barra habían tomado senderos distintos: nada fue igual desde que el Quemadito –junto a Matías Pera y otros– bajó a trompadas al Panadero de la tribuna rojinegra y, tras despojarlo de su atuendo con la excepción de un mínimo slip, lo obligó a dejar de un modo indecoroso el estadio Marcelo Bielsa.
En esos márgenes el Pescadito formó banda con los Rodríguez en Villa Moreno, donde se ligaron a Los Monos en la venta de estupefacientes.

Explosión narco

La madrugada de Año Nuevo de 2012 fueron asesinados en la canchita de fútbol de la Asociación Deportiva Oroño, en Villa Moreno, los tres militantes del M-26, víctimas de una violenta disputa por el control territorial de la venta de drogas de la que eran ajenos.

La investigación judicial responsabilizó por ese hecho al Quemado Rodríguez, a Daniel Teletubi Delgado, a Mauricio Chupín Palavecino, a Pescadito Sprío y a Brian Damián Romero, quien mediante un juicio abreviado acordó una condena de ocho años de prisión.

Los otros cuatro arribaron a un juicio oral y en diciembre del año pasado fueron condenados a penas de entre 32 y 24 años. Esa sentencia fue revisada en agosto por un tribunal que confirmó la pena de Rodríguez, atenuó las de Delgado y Palavecino y absolvió a Sprío, que en primera instancia había sido condenado a 28 años de privación de la libertad.

Antes de que cayera por el triple crimen, el 11 de enero de 2012 el juez federal Marcelo Bailaque ordenó allanar la vivienda de Pescadito en un pasillo de Biedma 3139, donde los policías encontraron “merluza”. Según el acta policial, en el lugar se secuestraron “200 envoltorios de nylon anudados en forma de bochita que resguardan en su interior cocaína, todos ellos en dos bolsas con 100 envoltorios en cada una, dos trozos compactos de cocaína, una bolsa de nylon que contiene marihuana”, entre otras cosas. También hallaron una granada.

El procedimiento continuó un rato más tarde en un inmueble de Doctor Rivas 3354 donde fueron detenidos Adriano B. y de Ariel Alejandro C., dos “soldaditos” de Sprío encargados del búnker que funcionaba allí. También se secuestraron unos 650 gramos de cocaína y más de un kilo de marihuana.

2 x 1

En dos semanas Sprío coleccionó dos sentencias por esos hechos. El 14 de agosto del año pasado el TOF 2 lo condenó a cinco años y seis meses de resocialización en una cárcel por narcotráfico. El 27 del mismo mes el Tribunal de Sentencia N°4 de la Justicia provincial lo encontró penalmente responsable del delito de tenencia simple de explosivo: 3 años.

Como la mayor pena la impuso el tribunal federal integrado por los jueces Jorge Venegas Echagüe, Omar Digerónimo y Beatriz Caballero de Barabani, fue ese a quien le correspondió por pedido de la fiscal general Adriana Saccone unificar las condenas en una sola pena.

En su voto del 30 de septiembre, al que adhirieron sus colegas, Venegas Echagüe tuvo en cuenta “el grado de afectación a los bienes jurídicos tutelados, tanto salud como seguridad pública, agravado por la peligrosidad ínsita en la granada secuestrada y su estrecha vinculación con la violencia inherente al narcotráfico”.

“Vale decir –siguió el juez– que Sprío fue condenado por tráfico de estupefacientes, y que a su disposición se encontró un explosivo, el cual no resulta un elemento de legítima adquisición y sí un alto poder ofensivo, aumentando el riesgo a los bienes jurídicos mencionados, incriminando así su culpabilidad o reprochabilidad”.

La fiscal Saccone solicitó una pena única de ocho años y seis meses de prisión y multa de dos mil pesos para el Pescadito. Su defensor, Fausto Yrure, consideró durante la audiencia que el Tribunal “ya se había apartado del mínimo legal al imponer en el fallo 12/14 la pena de cinco años y seis meses de prisión, y que no existían nuevos fundamentos que permitieran un nuevo apartamiento, por lo que ambas condenas debían unificarse en la pena de seis años de prisión y multa de dos mil pesos”.

Tras analizar las condenas contra Sprío, su peligrosidad y “su mayoría de edad, madurez y su grado de instrucción, al haber cursado estudios secundarios” –lo cual agrava su situación porque se entiende que conocía con mayores elementos lo que hacía–, Venegas Echagüe repartió diferencias: “Todo ello –dijo– me lleva a estimar razonable la pena de siete años y seis meses de prisión, multa de dos mil pesos”.

Fuente: El Eslabón

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