Las crónicas que se comenzaron a publicar en la web bajo el nombre Rosario Gatillo Fácil (RGF) rompen moldes habituales a la hora de abordar la violencia institucional. Víctimas humanizadas y clara denuncia de la legitimación del terror son los ejes de textos y fotos crudos y cálidos a la vez.

Las historias que están apareciendo en RGF hablan de un pibe de Empalme, desarmado, que de rodillas pidió a los uniformados que no le dispararan e igual acabaron con su vida; de un muchacho del sur que lavaba su auto hasta que irrumpieron miembros de la Policía de Acción Táctica (PAT) y lo acribillaron creyendo que era parte de un enfrentamiento, que por otra parte no existía; o de un joven de La Tablada que llevaba una botella de vino para terminar en casa de un amigo y cayó a manos de un policía, presuntamente vinculado al tráfico de drogas en el barrio.

Todos estos casos han tenido su difusión en los medios locales; pero los relatos –textos y fotohistorias– que comenzó a publicar hace casi un mes RGF son diferentes. Con la independencia que confiere la autogestión y el hecho de no estar presionados por la primicia, tienen la particularidad de restituir su condición humana a las víctimas –gente con pasiones, con proyectos, con amores–, recuperar su historia y su geografía, e instalar en la agenda un fenómeno creciente, la violencia institucional, en este caso en su versión más despiadada: el gatillo fácil. Definir de esa manera a lo que ocurre contribuye a romper con la legitimación del terror, montada en la estigmatización de tanto pibe morocho, pobre y de barrio alejado del centro.

RGF es una producción conjunta de enREDando.org y de la cooperativa La Brújula, que se define como “una herramienta contra el silencio”, a partir de la reconstrucción de las historias de personas asesinadas por balas de las fuerzas de seguridad estatales en 2015 en Rosario. Fueron al menos quince las víctimas y presentan la particularidad de que trece de ellas no superaban los 25 años y todas habitaban los barrios periféricos de la ciudad.

A fines de diciembre, RGF se presentó en la sede local de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), donde sus realizadores compartieron un panel junto a la periodista Silvina Tamous –cuyas crónicas policiales han sido una de sus influencias locales–; Guillermo Campana, abogado de la Asamblea por los Derechos de la Niñez y la Juventud; y el defensor General de la Provincia, Gabriel Ganon.

La actividad representó un importante respaldo para esta propuesta cuya clave es recuperar la voz de familiares, amigos y vecinos de las víctimas sin que eso implique renunciar a las fuentes oficiales. “Nosotros las respetamos”, dice Martín Stoianovich, uno de los redactores, y resalta: “Buscamos la información en Fiscalía, que es generalmente la fuente en este tipo de casos, pero priorizamos ir a los familiares, al lugar de los hechos y no solo el día en que se produjeron”.

Para Martín el contraste entre ambas fuentes notorio: “La versión de la Fiscalía es la misma de la Policía, que está generalmente involucrada en el hecho; y, después, está la versión de los vecinos, quienes, curiosamente, a veces dejan de aparecer como testigos. Hay miedo y también hay casos de familiares que se cierran y cuesta mucho poder hablar con ellos”.

Al respecto, Stoianovich observará que también “hay mucha desconfianza en los medios”, que –dice– “por lo general se ponen en contacto con los familiares de las víctimas en momentos de gran dolor, cuando no es mucho lo que están dispuestos a decir”.

¿Cómo acceder, entonces, a esas voces? Martín resalta los antecedentes de las organizaciones que han lanzado la página, que ya tienen vínculos en los barrios y que les permiten empezar a charlar “con el mate y el grabador apagado” para ir rompiendo esa barrera del miedo y también de algunos prejuicios. “Muchas veces ese silencio o ese temor está atado a los prejuicios de que el pibe estaba robando y demás. Hay un pibe muerto, la Policía actúa fuera de la ley y los padres suelen poner más fuerza en decir que el chico no estaba robando. Ahí, hay otro gran problema: es como si estuviera naturalizado que el pibe, porque es chorro, puede morir”.

Entonces, la herramienta es contra el silencio y también contra la naturalización de la violencia institucional, que en otros sectores se expresa como desembozada celebración de la muerte. Basta con leer algunos comentarios que aparecen en las crónicas policiales de las versiones digitales de los diarios.

Por cierto, la nobleza de la propuesta de RGF no debe opacar el profesionalismo de quienes la llevan a cabo. Es que las historias contienen pluralidad de fuentes, a la sazón uno de los aspectos esenciales de la calidad de la información, que no es un mero parámetro de la eficiencia empresarial sino el reconocimiento del derecho a la comunicación de la sociedad, tanto de los lectores como de los sujetos involucrados en las historias, quienes merecen dar su versión de los hechos y la interpretación de los mismos.

Es que, a diario, la sociedad disputa el sentido de los acontecimientos; y en esta puja en particular, algunos actores –las fuerzas de seguridad, la Justicia– suelen hablar de “enfrentamientos”, “resistencia a la autoridad”, “ajustes de cuenta” y otras especies; mientras que al dar visibilidad a otros sujetos se puede plantear la “violencia institucional”, el “gatillo fácil”. Y esa disputa por el sentido suele tener un correlato bien concreto en las causas judiciales, donde aquellos que deberían ser testigos de peso, a veces ni son llamados a declarar. Su palabra no vale.

Valga la insistencia, los protagonistas de estos relatos son personas, cuya aparición en los medios suele estar pensada en función de un show, como un grito desgarrador frente a las cámaras y no mucho más, para luego hacerlos invisibles.

En cambio, en esta web, las fotohistorias nos muestran a sus seres queridos, su casa y su barrio, sus objetos preciados. Una verdadera reparación frente a esa deshistorización cotidiana a la que las someten las noticias del día, limitadas a la premura de decir quién, qué, cuándo y dónde ocurrieron los hechos –que tan bien ayuda a resolver el parte de prensa policial–, para después dar paso a otros hechos, sin demasiadas posibilidades de conectar unos con otros.

Así las cosas, la gente de RGF está haciendo un gran aporte para salvar al periodismo de una de las grandes encerronas en las que ha caído: la resignación a ser mera correa de transmisión de las fuentes más poderosas, a través del copie y pegue o de la transcripción de los monólogos de funcionarios que recogen los grabadores. Sumado a esto, la web recupera una iniciativa, que parece perdida por tanto trabajo precario y tanta mercantilización de la noticia: salir a buscar las fuentes y no permanecer pegado a la silla, a la espera de que las voces oficiales le digan cómo han ocurrido los acontecimientos.

Martín dice que seguirán publicando historias. Son necesarias.

Un trabajo en conjunto

Según cuenta Martín Stoianovich, uno de los redactores de RGF, en Enredando empezaron a ver que con las coberturas y seguimiento que hacían de casos violencia institucional no alcanzaban a difundir lo que ellos querían: “la historia de los pibes, profundizar un poco más sobre las versiones de la familia”. Entonces dice que fue “casi natural” que se pusieran en contacto con La Brújula y decidieran hacer el trabajo en conjunto. Es que ambas organizaciones tienen ya una importante experiencia en la construcción de una agenda mediática diferente, con fuerte peso de las organizaciones sociales.

En RGF escriben Martín Stoianovich y Fabián Chiaramello; y publican sus fotohistorias Miguel Stoianovich, Edith Gauna, Juliana Faggi y Luz Núñez Soto. Esta última es la realizadora del video –que subirán en breve– y que se proyectó durante la presentación de la publicación realizada en diciembre último. En Facebook, se los puede encontrar en “Legitimación del terror: crónicas del gatillo fácil en Rosario”.

 

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