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La muerte de una joven trabajadora del INTA, cuando discutía la continuidad de su fuente laboral, puso de manifiesto la violencia que viven los empleados públicos sometidos al “proceso modernizador” de Cambiemos.

La dolorosa historia de Melisa Bogarín sintetiza, aunque en la más extrema de sus potencialidades, la realidad que viven millones de trabajadores argentinos por estos días. Tenía 30 años, un compañero y una beba. La pareja estaba construyendo su casa a través de un crédito Procrear y peleaban, desde hacía tiempo –como muchos laburantes estatales que fueron incorporados a las políticas públicas que se ampliaron durante la gestión kirchnerista–, por el “pase a planta”. Bogarín era empleada contratada en el Pro Huerta, un programa que estimula la autoproducción de alimentos libre de agroquímicos entre los sectores populares. Su esposo Germán, hasta la llegada de Cambiemos –con su ministerio de Modernización, recortes y despidos–, se desempeñaba en la Secretaría de Agricultura Familiar. En unos pocos meses el proyecto de los tres se desmoronó. Primero vino el despido de Germán, después la amenaza de la caída del contrato de Melisa, que en medio de una desesperada discusión por su fuente laboral, el 13 de abril de 2016, tuvo un paro cardíaco y murió antes de llegar al hospital de la localidad chaqueña de Las Breñas.
“Como miles de laburantes de la gestión pública, desde hace cuatro meses viven la humillación, la persecución y el maltrato, no solo de un gobierno que nos trata de ñoquis y vagos, sino de un sector importante de la prensa nacional y la sociedad que repite ese relato, sin fundamentos, sin saber, sin conocer una sola historia de estos trabajadores, queriéndole cobrar a Melisas y Germanes vaya saber qué venganza”, escribieron con fundada bronca sus compañeros.
El miedo a perder el trabajo, la persecución ideológica, la tensión de no llegar a fin de mes o de pagar el crédito, el brutal contraste entre un proyecto de futuro –siempre peleado, pero al alcance de la mano– y la desilusión de no saber cómo seguir. La estigmatización del gobierno y los medios hegemónicos contra los empleados públicos. Todos elementos que pesan sobre las espaldas de quienes luchan por su laburo, que permiten dimensionar la violencia del cambio impuesto desde la Casa Rosada en tan solo 120 días.

Gobierno de muerte

En un duro texto difundido por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) a la que estaba afiliada Melisa, se responsabilizó por su muerte a las “políticas de despidos y ajuste” de Cambiemos promotor de “un gobierno de ajuste, de devaluación, de tarifazos, de despidos”, en definitiva de “un gobierno de muerte”.
La situación que derivó en esta fatalidad se dio en el contexto de una asamblea de trabajadores y autoridades del INTA en Chaco, según describieron sus compañeros, quienes explicaron que por decisión del Ministerio de Desarrollo Social, el contrato precarizado había sido extendido por tres meses, sin seguridad de renovación, como cerca de 232 trabajadores de Pro Huerta en todo el país.
“Mientras explicaba sus miedos por la continuidad de sus sueños de trabajo y familia –había obtenido el año pasado un crédito Procrear para la primer vivienda–, se descompensó, sufrió un paro cardíaco y murió, cuando era trasladada al hospital”, comunicó ATE.
El programa Pro Huerta es una política pública de autoproducción de alimentos que gestiona el INTA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, desde hace más de 25 años, y que trabaja con familias en situación de vulnerabilidad social, “las que se juegan todos los días para llevar un plato de comida a las mesas de sus familias”, según la carta de los trabajadores.

Semillas de comunicación

Los compañeros de Melisa expresaron el compromiso de profundizar “la lucha por la defensa de las fuentes laborales”, recordaron que desde hace más de ocho años la mujer desempeñaba tareas de comunicación en el Pro Huerta. “No era una trabajadora que pensaba la comunicación como tradicionalmente se la conoce, una herramienta para difundir un hecho en un medio. Si no que consideraba que para los sectores con los que trabajaba todos los días, campesinos, agricultores familiares y comunidades originarias, la comunicación ejercida como un derecho humano podía servirles para, sin intermediarios, ayudarles a expresar sus problemáticas, luchas y alegrías”, dice el texto de los trabajadores del INTA.
En la carta, se remarcó que desde el Pro Huerta y en Chaco, con otros compañeros, Melisa impulsó una red de radios escolares rurales en las escuelas en donde asistían los hijos de los huerteros de Pro Huerta, de los agricultores familiares y campesinos con los que trabajaba.
“Esa era su preocupación, cómo la comunicación podía servir a esos sectores para decir, para denunciar la explotación y postergación, para ayudar a organizarlos. Impulsó talleres, formó a niños y adultos, gestionó la instalación de radios escolares, elaboró proyectos con las escuelas y con organizaciones de la agricultura familiar, escribió los procesos para que sirvieran de ejemplo en otros rincones del país, los compartió, se junto con otros en todo el país. Soñó e hizo lo posible, desde su lugar, por la construcción de la utopía de un país más justo e inclusivo”, detalló el escrito..
“El proyecto de gobierno encarnado por Mauricio Macri no es solo un gobierno de ajuste, de devaluación, de tarifazos, de despidos. Es un gobierno de muerte. Y los trabajadores no queremos una muerte más”, concluyó la nota.
“En tu memoria, por tu trabajo, por tus sueños y por tu familia, los trabajadores de INTA, tus compañeros, te prometemos mantener encendido el reclamo de justicia”, prometieron.

Fuente: El Eslabón

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