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Foto: Manuel Costa
Foto: Manuel Costa

“Empezó siendo un cuento, y terminó siendo una novela de 300 páginas”, contó Nicolás Doffo (Casilda, 1983) en la presentación de Canción para Gorilas, en una calurosa tarde de fines de diciembre. Se trata de la segunda novela de Doffo después de El molino (EMR, 2010) y el último título de Libros Silvestres, el sello de literatura infantil y juvenil de Rosario que dirigen Carolina Musa y Laura Oriato, y que también rankea con una gran cosecha 2016 : Chispero de Diego Colomba y Oriato, Paren de pisar a ese gato de Veronica Laurino y Cris Rosenberg; El carromato filarmónico de Daniel Moyano y Laura Klatt, Canciones faunas de Analía Giordanino y María Zeta; y una nueva versión de ¿Qué es? ¿Dónde está?, con dibujos de Cris Rosenberg.

La novela juvenil cuenta además con las ilustraciones de Malen Lecuona, que acompaña y complementa la narración con técnica de estilógrafo y acuarelas. Además, cada ejemplar del libro viene con una pequeña revista de regalo “Nombis ahora”, y la misma lleva una faja de seguridad: “¡Atención, contenido revelador!”, y se recomienda leerla solo al finalizar la lectura completa del libro. Para disipar un poco tanto misterio, hay que decir que Canción para Gorilas funciona en un mundo distópico en el que una plaga transforma a casi toda la humanidad. Las personas adultas se convierten en «nonbis», como los zombies pero éstos, en cambio, son dominados por un hambre voraz de carne vacuna.

Esta nueva era carnívora postula además el boom de nuevas religiones, en especial el «resmedismo», una suerte de hinduismo mal interpretado en el que las vacas son sagradas, pero por otras razones.

“La literatura infantil tiene que ser tan buena como la literatura adulta, puede haber diferentes niveles de significantes, o una mayor o menor complejidad en la sintaxis, pero no es literatura menor y esa es una posición política de la editorial”, dijo Musa en la presentación del libro. Y es cierto, porque Canción para Gorilas es un novelón. En un lenguaje sencillo, la narración fluye como toda historia bien contada. Avanza rápido, (aunque es larga, es de lectura ágil) entre las tensiones y el suspenso propio de una novela de aventuras.

Además, la historia encierra una metáfora: el control de los humanos en medio de una plaga. Sin explicación, los adultos se convierten en sujetos apáticos bajo el dominio de un hambre voraz de carne vacuna y alienante. El problema, naturalmente, requiere una solución que no está en los avances de la ciencia que no puede (¿o no quiere?) explicar el fenómeno, y que, por lo demás, se pone al servicio de los gobiernos y las cadenas de supermercados para desarrollar los más sofisticados métodos de control para los ciudadanos nombis. La solución está en los antiguos libros de alquimia. Para ello, Fran, el antihéroe, tímido y poco ágil junto a la Musaraña, la chica retraída y misteriosa -pero sagaz- serán guiados por el abuelo del púber y conformarán un gran y desparejo equipo para enfrentar todo tipo de peligros y aventuras para revertir la situación: desde persecuciones de vacas al galope y viajes lisérgicos en un santuario, hasta formar parte de un círculo de transmutación para conjurar la piedra filosofal: los vilipendiados choripanes que le devolverán al planeta su rostro humano.

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