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Javier Núñez posa con la camiseta que le firmó Martino, gracias a un texto que hizo emocionar a la hija del Tata | Foto: Javier García Alfaro.

El escritor rosarino, autor de un delirante cuento en el que hinchas de Newell’s tienen la posibilidad de modificar el pasado para que la pelota del Negro Zamora –en la final contra San Pablo– entre, en lugar de pegar en el palo; recomienda textos futboleros para pasar el verano.

Javier nació en Rosario, y en un año que está clavado en la memoria argentina: 1976. Siendo muy chico, este fana de la Lepra descubrió que cultivaba dos grandes pasiones: leer y jugar a la pelota. “Jugué mucho al fútbol, siempre, pero ahora hace un par de años que estoy un poco alejado de las canchas”, admite Núñez, que por su novela La doble ausencia se alzó en 2012 con el Premio Latinoamericano a Primera Novela de la Editorial de la Universidad Veracruzana, de México, y agrega: “De chico jugaba en el interno de Newell’s. Generalmente de wing izquierdo, para poder «meter la diagonal y definir con derecha», como me pedía el técnico, y me las rebuscaba bastante bien, incluso fui goleador varias veces del equipo. Más de grande jugué torneos como el de Área 18, que se hacía detrás de Luz y Fuerza, y por supuesto también con amigos”.

Entre la escuela y los fulbitos, el pequeño Javier se hacía tiempo para saciar el hambre de su otra pasión, la de los brolis. “La relación con los libros empieza desde muy chico, fundamentalmente por el efecto contagio y por las bibliotecas que tenía al alcance, tanto en la casa de mi vieja como en la de mi abuelo”, dice el autor de los compilados de cuentos La risa de los pájaros (Editorial Ciudad Gótica, 2009) y Praga de Noche (El ombú bonsai, 2012), y añade: “Siempre fui un gran lector desde temprana edad. Leía muchas historietas, libros, después empecé a leer novelas. Eso generó un efecto de contagio que me empujó a escribir mis propias historias y con el tiempo eso me fue llevando por recorridos nuevos, primero a través de un enamoramiento del género (por el cuento), y después alejándome un poco del cuento fantástico, que fue lo que me marcó en el comienzo, para ir por nuevos derroteros”.

El Negro nos cagó

Entrevistado por el eslabón en 2010, cuando acababa de publicar su primer libro de cuentos La risa de los pájaros, que incluía el futbolero texto La verdad sobre Carlitos, Núñez confesó que le costaba sumergirse en ese género porque le salían muy parecidos a los de Fontanarrosa (“La voz del hincha la estableció el Negro”, argumentó en aquella oportunidad). Ahora, seis años más tarde y al ser consultado sobre autores que incursionaron en esa mezcla rara de balones y palabras y que lograron atraparlo, vuelve a reivindicar al creador de Inodoro Pereyra y Boogie El Aceitoso. “De fútbol leía fundamentalmente a Fontanarrosa, y si tengo que recomendar cuentos futbolísticos, el primero es el Negro”, señala sin titubear. “Después empecé a leer muchos cuentos pero no me acuerdo de autores puntuales, aunque sí de algunas buenas recopilaciones”, reconoce Javier, y acota: “Hay un libro que tenía varios cuentos de fútbol de distintas épocas, y de variados autores, y que salió cuando todavía no era tan habitual la literatura futbolística. No me acuerdo el título, pero creo que el prólogo era de (Jorge) Valdano”.

Javier se refiere a Cuentos de Fútbol (no se gastaron mucho con el nombre), un compilado con selección y prólogo del delantero que abrió el camino a la gloria en el 86 marcando el primer tanto a los alemanes en la final, que incluía relatos de disímiles plumas que iban del paraguayo Augusto Roa Bastos y los uruguayos Mario Benedetti y Eduardo Galeano, al mexicano Juan Villoro, los peruanos Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce-Echenique, el español Fulgencio Argüelles, y –por supuesto– los criollos Soriano, Fontanarrosa y el propio Valdano.

“Ese libro tenía un cuento muy bueno que era Insai izquierdo, de Humberto Costantini, que es estupendo y siempre lo recomiendo”, se encarga de remarcar este lector voraz que también publicó en 2013 Tríptico, en el que recopiló textos publicados en la contratapa de Rosario 12, y concluye: “Tampoco me puedo olvidar de Osvaldo Soriano cuando hablo de este tipo de literatura. Tanto él como Fontanarrosa son autores imprescindibles, como lo es también Eduardo Sacheri, y cualquiera de sus escritos que giran alrededor de una pelota son altamente recomendables”.

Todo un palo

Una de las narraciones más futboleras que tiene en su haber Núñez es Un bien para la humanidad. “La idea tenía más que ver con el pensamiento de hincha más que de escritor, de quedarte atrapado en una jugada que podría haber cambiado un partido y la historia misma. Pensar desde la ficción y desde lo fantástico cómo podía poner a un grupo de hinchas de fútbol que tuvieran esa posibilidad de editar esa jugada”, rememora.

En ese texto, que tiene varios guiños a Fontanarrosa (e incluso lo nombra), un grupo de hinchas leprosos se entera de la existencia de un “prototipo que había costado una fortuna y no sé cuántos años de investigación” y que consistía, según explicaba uno de los personajes, en “una especie de Photoshop”, pero que “en lugar de fotos, se cargaban imágenes de video y no sé qué otras cosas que asociaban la imagen con una línea temporal. Una vez que las imágenes estaban vinculadas era como si se pudiera agarrar ese pedazo de tiempo y editarlo”. Los tipos deciden, después de estudiar infinitas posibilidades, que lo que querían cambiar era el destino de un disparo de Julio Zamora en la final de la Copa Libertadores de 1992, entre Newell’s y San Pablo, en el que la pelota dio en el palo. Y hacerla entrar.

“Fue un cuento que surgió extrañamente en una noche de escritura, en una sentada de un par de horas, que no es de la forma en que habitualmente trabajo”, acota el escritor, que posa orgulloso ante el fotógrafo de este periódico con la camiseta que le firmó el Tata Martino después del campeonato de 2013. Por último, ante la consulta de si hoy volvería a elegir ese instante de la historia, Javier primero aclara: “Si uno tuviera la posibilidad, trataría de modificar muchas cosas, pero hay algunas que ya no están en las manos de uno, como sujeto individual, sino que tienen que ver con una cuestión colectiva”. Y concluye: “Pero como se plantea en el cuento: lo primero es lo primero, y primero está Newell’s”.

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