La calle, otra vez. El paisaje de Rosario se va reconfigurando con el paso de los días. Las movilizaciones son cada vez más y una estela del paso de miles de personas que necesitan salir a gritar por sus derechos queda latente en la ciudad. El miércoles 12 de abril, dos marchas marcaron la jornada. Una por la mañana, convocada por la comunidad qom contra la violencia institucional (ver abajo), otra por justicia ante el asesinato de Micaela García y por el cese de la violencia hacia las mujeres fue por la tarde. Unas seis mil personas, mujeres y también varones, volvieron a salir a la calle para plantarse frente a los Tribunales Federales primero y los provinciales después, exigiendo una Justicia con perspectiva de género, un Estado presente, y un cambio social y cultural.

Una tristeza profunda atravesó la movilización. No es una sensación nueva. Las muertes injustas y evitables, los asesinatos de mujeres y pibes, marcan profundamente porque la impresión es similar para todos y todas: podría haber sido yo, o la persona que está al lado mío.

La marcha tuvo un importante tinte militante. Las banderas políticas, el orgullo de ser parte de un partido, organización o movimiento, estuvieron presentes, imponentes. Micaela García, la joven asesinada por un violador en Gualeguay, era militante del Movimiento Evita, una referente, una más. Una joven cercana no por conocerla sino porque se había empapado de esa característica comprometida de la juventud de los últimos diez, quince años. “Ella tenía la misma camiseta puesta que cualquiera de nosotras, tanto por Tierra, Techo y Trabajo como por Ni Una Menos. Eso da cuenta de la problemática: la violencia de género afecta a cualquier mujer. Micaela era mujer, militante, compañera. Pero murió por ser mujer. Eso demanda el compromiso de todos y todas”, manifestó Eugenia Rodríguez, referente del Movimiento Evita en Rosario.

Micaela García tenía 21 años y fue secuestrada y asesinada hace dos semanas, cuando volvía a su casa después de haber ido a un boliche. El agresor, Sebastián Wagner, estaba condenado a nueve años de prisión por dos casos de violación. El juez Carlos Rossi lo había beneficiado con libertad condicional a pesar de que no existía ningún tipo de recomendación para hacerlo. Micaela estuvo desaparecida una semana: siete días en los que su cuerpo estuvo tirado en un descampado. El sábado pasado, encontraron su cuerpo y una multitud salió a las plazas de todo el país para pedir un freno a los femicidios.

El velorio del martes pasado también estuvo fuertemente marcado por la multitud que la acompañó. Militantes de todo el país se sumaron a una localidad movilizada. “Gente de todo el país se acercó a despedirla, sabiendo que ella va a estar presente en cada uno de nosotras y nosotros. La reivindicamos también como militantes y ayer tratamos de darle el abrazo más grande posible. Nos lleva a ser mejores militantes, comprometernos más con el otro y la otra, pelear por una sociedad de igual a igual”, remarcó Majo Poncio, también referente del Movimiento Evita en Rosario.

La movilización del miércoles volvió a ser masiva. La convocatoria fue en el marco del asesinato de Micaela, pero más de una persona enumeró a todas las víctimas que se contaron en estos últimos días. Una mujer asesinada en El Trébol, Araceli que sigue sin aparecer, una joven asesina en Córdoba, otra embarazada en Tucumán. Las movilizaciones son masivas, la espontaneidad de tomar las calles no para de ser novedad, y sin embargo, las mujeres no paran de morir en manos de hombres violentos.

“Esta es una lucha por la liberación. En la medida en que las mujeres se empoderen y avancen en sus derechos, generan una reacción: esta reacción machista. Por eso vemos a los hombres cada vez más violentos. Toda lucha por la liberación se cobra víctimas y es lo que nos está pasando en este momento”, consideró Viviana Della Siega, histórica referente feminista de la ciudad. También aclaró: “Son algunos hombres. Es importante ver que no sólo las mujeres marchamos”.

Una cuadra más adelante, el Movimiento Evita encabezaba la marcha. “Todas somos Micaela” fue la primera bandera que marchó. Siguió una pintada por sus compañeros de Rosario. “Vamos a cumplir tus sueños”, prometían. Y atrás vinieron los bombos y las voces, en este caso, en su mayoría valiosamente masculinas, que marchaban y saltaban al compás de un  “Combatiendo al patriarcado, al machismo, y a los gorilas”.

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Un comentario

  1. adhemarprincipiano@gmail.com

    16/04/2017 en 20:40

    Fue un impacto muy doloroso. Los padres de Micaela, en el progrma de la Legrand. Porque no se acercaron e informarle que en ese lugar estaba LA MATRIZ INTELCTUAL DE LA CAIDA DE TODAS LAS JOVENES COMO MICAELA? Ausencia de conciencia politica?

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