Silvina Batakis, ex ministra de Economía bonaerense de Daniel Scioli, consideró que la mentada “pesada herencia” es al revés: gracias a que la gestión anterior dejó un alto nivel de empleo y una matriz económica fuerte y diversificada, la conflictividad social no es peor. Y anticipa que el legado macrista será un agujero negro para el país.

“Estas políticas están destruyendo fuentes de trabajo, se está achicando la matriz productiva en la Argentina y no veo que haya un planteo sobre cómo se va a crear trabajo de acá a futuro”. Esta afirmación contundente de Silvina Batakis, ex ministra de Economía bonaerense durante la gestión de Daniel Scioli, fue vertida durante el diálogo que mantuvo con el eslabón en la sede de la Departamental Rosario del Partido Justicialista. Minutos antes, había expuesto en la charla-debate “Desafíos para una nueva Independencia Económica: Industria y Trabajo”.

Batakis también expresó su preocupación por los niveles de endeudamiento –que, prevé, condicionarán las políticas públicas de futuros gobiernos– y por la fuga de divisas; y se mostró descreída de que la administración macrista escuche los reclamos, ya que no le atribuye errores posibles de subsanar, sino que entiende que se trata de decisiones políticas sustentadas en la ortodoxia neoliberal.

—¿El último paro nacional y las movilizaciones recientes pueden incidir de alguna manera en las decisiones del gobierno?

—Honestamente, creo que no, que hay una decisión política de parte del gobierno de tomar las medidas que se están tomando. El presidente fue muy categórico, cuando dijo que no hay Plan B y que se va a continuar en este camino. El paro es la medida última que un gremio quiere tomar y no es la más linda. Se la tomó después de quince meses, con mucha responsabilidad, sin llamar a movilización –que es importante decirlo– y tuvo mucho acatamiento.

Me parece que tanto el paro como los indicadores que el gobierno va generando a través del Indec, por ejemplo, son la exteriorización de que el resultado de estas políticas económicas están destruyendo fuentes de trabajo, se está achicando la matriz productiva en la Argentina y no veo que haya un planteo sobre cómo se va a crear trabajo de acá al futuro, cómo van a conseguirlo la generaciones de chicos que hoy están estudiando.

Es un panorama complicado para los trabajadores y también para quienes tienen alguna actividad profesional más liberal, sobre todo con las actividades nuevas que van surgiendo en esta economía globalizada, como la cibereconomía que tiene que ver con la uberización –n. del r.: refiere a la empresa Uber y a las formas de trabajo temporal que promueve–, porque cuando el mercado se achica mucho todas las actividades empiezan a caer, no solo la industria, que es lo estamos viendo hoy.

—Negar la posibilidad de un Plan B hace pensar en fundamentalismo, en ortodoxia.

—Ellos han mostrado que son ortodoxos y no es bueno para la población. Quieren bajar todas las restricciones para el capital, para que ingrese y para que egrese, y el problema es que lo único que hay es egreso.

Los capitales que han llegado a la Argentina fueron básicamente financieros por toma de deuda, ya sea del Estado nacional o los provinciales o de capitales golondrinas, que ingresan y hacen un retorno muy rápido de ganancia convirtiendo dólares en pesos, poniéndolos en el Banco Central a tasas de interés del 24, 25 por ciento a 35 días, para luego volver a convertirlos en dólares y llevarse la ganancia. Para la Argentina, eso es todo costo que sale de los tributos.

—Frente a este panorama, es inevitable pensar en términos de conflicto. ¿De qué manera se posiciona un economista que, como en tu caso, ha estado en la gestión y tiende a pensar en políticas públicas?

—La verdad es que quiero ponerme en una postura positiva, de ayuda, porque la población la pasa mal. Hoy, cuando hay destrucción de puestos de trabajo y no hay perspectivas de que se vayan a crear nuevos, cuando la gente empieza a tener miedo a perder su empleo, cuando veo todo eso, prefiero pensar en positivo y ser una voz más que advierta qué es lo que está pasando y, obviamente, vía sugerencias.

Por ejemplo, tener tan atomizado el manejo de la política económica, en un gabinete que tiene más de veinte ministros, yo no lo sugeriría. No es el momento para hacer eso sino para que alguien conduzca la economía y sepa cuáles son los impactos que se generan por tomar una medida u otra. Lamentablemente, creo que esto cae en saco roto.

—¿Son incapaces o perversos?

—Hay un poco de todo; pero que uno crea que son incapaces o que el mejor equipo de los cincuenta años no era tal no nos tiene que confundir. No hay errores. Son decisiones de políticas económicas y como máximo lo que sucede es que avanzan con una y, cuando encuentran que hay un pueblo empoderado, retroceden; pero vuelven a la carrera más fuerte para seguir con sus ideas. Hay una ideología que es neoconservadora en el plano político y en el plano económico es el neoliberalismo.

—Pensando a futuro, ¿cómo se puede remontar esto, sabiendo que no hay señales de posibles rectificaciones?

—Cada gobierno va dejando una herencia, como lengüetazos que se meten en el siguiente. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dejó un desendeudamiento que es invaluable y que es lo que les está permitiendo gobernar en este momento, por las altas tasas de endeudamiento que están teniendo. También dejó un alto nivel de empleo y una matriz económica fuerte, diversificada.

Entonces, gracias a esas cosas positivas es que todavía no han tenido una conflictividad social más alta de la que hay; y sí me parece que en 2019, viendo simplemente cuándo vence la deuda que este gobierno tomó, va a quedar expuesto fácilmente que dejan una herencia muy pesada para el próximo, que esperemos que sea peronista, y que va a haber que pagarla, lo que va a poner un límite muy fuerte a quien quiera hacer políticas públicas.

—También vamos a tener niveles de desempleo previos a 2003.

—Sí, creo que vamos a eso. El último indicador que mostró el Indec era sobre la capacidad ociosa que están teniendo todas las ramas industriales de la Argentina. Creo que el promedio era del 60 por ciento, la capacidad ociosa aumentó y si esto ocurre, es porque hay más desempleo o suspensiones.

Cuando venía para Rosario, desde el colectivo veía patrulleros en la General Motors y me explicaban que era porque estaban suspendiendo y despidiendo. ¿Por qué? Porque hay tanta capacidad ociosa, que no se necesitan tantas personas trabajando.

Por otra parte, que este suceda quiere decir que tampoco van a haber inversiones. ¿Por qué invertiría la General Motors en esa planta si todavía tiene espacio para producir más de lo que produce ahora?

—No sé si cabe el término, pero ¿cuáles podrían ser signos para tener cierta esperanza? Se me ocurre que el empoderamiento de la sociedad pone obstáculos a la ofensiva contra sus derechos.

—Creo que la sociedad cambió muchísimo. Tuve una infancia y una adolescencia con la dictadura y no se nos ocurría hablar de política. Hoy, los chicos, los jóvenes lo hacen y me parece que eso es un avance muy grande. También lo es que nunca más va volver eso de que una persona no se va anime a mirar a los ojos a un patrón. En estas cosas hemos crecido mucho y da esperanza, como también ver a la población que se moviliza, que camina las calles y, con esto, exterioriza la política.

—¿A partir de lo política se constituye lo económico?

—Creo que sí y no está mal. Para este gobierno sí está mal, porque se dicen apolíticos, cuando en realidad no lo son; y algún sector de la sociedad argentina es tentado a creerlo. En ese sentido, todavía tenemos una batalla cultural que dar.

El otro día me mostraban un videíto de dos amigos a los que tildan de antidemocráticos y destituyentes por querer comer choripán. Me parece que tenemos que tener bien claro que el peronismo nunca fue destituyente. Todo lo contrario: siempre defendimos la democracia y lo vamos a seguir haciendo.

Destituyente es que alguien no tenga para comprar el choripán. Eso es violencia. Y es más violento aún un papá, una mamá, que no tiene para darle de comer a sus hijos.

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