“El rap, el reggae, el candombe, el blues”, decía la pibada cuando les preguntaban qué música viene de ritmos “negros”. Al hablar sobre los orígenes de los afroamericanos, uno de los estudiantes apuntó que “venían en barcos desde África”, a lo que un coordinadora le agregó: “No vinieron, los trajeron a la fuerza. No eran esclavos, fueron esclavizados”. Así comenzaba la semana pasada la dinámica de un reencuentro con aquellas raíces olvidadas y que a partir del VI Encuentro de Afroargentinos del Tronco Colonial “Tambor Abuelo”, pudieron volver a salir a la luz. La sedes del evento fueron las ciudades de Santa Fe y Paraná.

Con su naturalidad y simpleza, con su dinamismo y energía, los estudiantes de 4º y 5º grado de la escuela Nº 440 Simón de Iriondo, de la capital santafesina, comenzaron a soltarse y al rato ya empezaban a contar lo que sabían sobre la negritud, sobre las mujeres afroargentinas, la historia del racismo o el candombe.

“Se dice que los argentinos bajaron de los barcos, pero nuestros mayores fueron secuestrados y arrastrados encadenados a las bodegas de los barcos para ser vendidos en América”, explicaban a los alumnos los expositores, miembros de distintas entidades como la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana “Mario Luis López”, de Santa Fe; la Asociación Misimbamb, de Buenos Aires; la Agrupación EntreAfros, de Entre Ríos, y Aafroch (Autoncovocados Afrodescendientes Chaqueños). En el encuentro también participaron investigadores e historiadores de Concepción del Uruguay, Córdoba y Buenos Aires.

Templando el pasado y el futuro

Tras la charla, los estudiantes realizaron afiches sobre el tema, y entonces aparecieron los dibujos de tambores, las frases sobre la igualdad y contra el racismo, las balanzas de justicia y equidad y las representaciones de cadenas rotas. Luego, vino la candombeada y los cánticos que tronaron en el salón de actos de la escuela santafesina.

Por la tarde, las actividades se trasladaron a la otra costa, al paranaense Museo Provincial de Ciencias Naturales y Antropológicas Profesor Antonio Serrano.

Lucía Molina y Carlos Lamadrid, de Santa Fe y Buenos Aires, participaron de los debates; se tomó el tema Historia Afro en el Litoral, con los profesores Walter Musich (Paraná), Ángel Harman (Concepción del Uruguay) y Marina Crespo de la Agrupación EntreAfros.

Por otra parte, se presentó la investigación del Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas de Paraná, en torno a la comunidad afro-descendiente, a cargo de Ingeniero Sajaroff (Villaguay), el arqueólogo Alejandro Richard, Juan Marco Quiroga y Cristian Lallami, Joaquín Fontana.

El profesor y antropólogo Norberto Pablo Cirio, del Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega (Buenos Aires) expuso como cierre su trabajo Candombe Afroporteño. Y, entre empanadas y tintos, volvieron a sonar los toques y danzas del candombe litoraleño.

Pasos cortos y con grillos

“El candombe no es sólo un ritmo o género musical. Es una manera de experimentar en grupo la vida. La música afroamericana surgió en América, y si bien su matriz es africana, nace al llegar al continente tras el contacto cultural con los blancos y con la esclavitud”, explica el antropólogo Norberto Pablo Cirio.

“La música afroamericana y el candombe porteño es una resultante de ese trauma. Bailaron, tocaron y cantaron con las condiciones limitadas que el poder les asignaba, si están encadenados no podían hacer cabriolas y los pasos deben ser cortos. Ellos –agrega– recrearon con esos limitantes la danza que luego quedó como tradicional. Hoy no tienen cadenas pero bailan igual porque recuerdan ese pasado”.

Discriminación naturalizada

“Este sexto encuentro fue muy importante, el objetivo es el fortalecimiento de nuestra red federal de afroargentinos en el tronco colonial, porque es importante trabajar en conjunto”, afirma Lucía Molina, la promotora del trabajo en Santa Fe.

“Hace seis años que estamos como red, pero la Casa de la Cultura Afroamericana comenzó hace ya 29 años”, explica. Sobre el inicio de la organización, cuenta: “Con mi esposo queríamos darles una respuesta a nuestro hijos por la discriminación que vivían y porque durante dos años trabajamos con Enrique Nadal, un precursor de las denuncias contra el Apartheid sudafricano en Argentina.

El Comité Argentino Latinoamericano contra el Apartheid fue creado por el líder afro argentino Enrique Nadal, padre de Fidel Nadal, cantante del grupo Todos Tus Muertos.

Enrique se exilió en 1976 en Suecia. Volvió al país en 1983 y encabezó la lucha local contra el apartheid de Sudáfrica, fue observador en las elecciones nacionales sudafricanas, en la que ganó Nelson Mandela. En 1994, fue uno de los fundadores de la Red Continental de Organizaciones Afro realizada en Montevideo, Uruguay.

Negritud originaria

Molina relata: “Trabajamos con Nadal y nos dimos cuenta la naturalización que teníamos en cuanto a la discriminación y el racismo. Empezamos a preocuparnos y a ver qué podíamos hacer. Vimos que la discriminación no era solo con nosotros (los afrodescendientes), sino también con los pueblos originarios. Con ellos nos conectamos y trabajamos, nos conectamos con la comunidad y con el tema afro del que nadie hablaba, pero estábamos”.

“La madre naturaleza nos da una forma exterior que no podemos ocultar, es nuestra etnia, y ahí nace el rechazo a nuestra gente”, advierte. “Hay muchos descendientes afros, pero también existe una negación que viene de siglos, nuestro trabajo no es sólo con los afrodescendientes, sino también para la sociedad entera y somos parte inclusiva de la ciudad”, sostiene.

Remarca que “cuando se crearon las leyes, que aún persisten, se hicieron con la ideología blanca. Todo el que no era blanco no entraba en los cánones que regían”. “En los censos eran muy discriminativos, y con el tiempo nos empezaron a desaparecer de la historia. En el siglo XIX, en un censo se decía que éramos un 1,8 por ciento de la población, pero en esa misma época había 20 periódicos escritos por descendientes africanos”, resalta.

Habilitar las preguntas

“Es muy interesante que la historia sea tratada desde abajo y se haga viva. Nosotros, desde la academia y la cistografía planteamos la visibilizaciòn de los sectores populares y el trabajar en comunidad con las escuelas, como en la jornada en la escuela Simón de Iriondo”, indica Guadalupe, profesora de historia y miembro del grupo de descendientes afro de Santa Fe.

“Se debe trabajar con ellos para que el pasado tenga relación con el presente. Los estudiantes pueden repensar la historia, comprender que ellos también son protagonistas y que se puede conocer esa época para no cometer los mismos errores y generar una sociedad transformadora, justa, igualitaria y sin racismos”, remarca la docente y cuenta.

“Algunos chicos habían trabajado ya el tema con sus profes, mientras que otros recordaban lo visto en clases de años anteriores. Pero retomaron el tema desde los disparadores que los coordinadores de las agrupaciones afro le tiraron sobre la Conquista de América, la llegada de los africanos y cómo fueron esclavizados. Tenían noción de ello y fue bueno apelar a los conocimientos previos para trabajarlos desde un pensamiento científico e histórico que es lo más complejo de realizar en el aula”.

“A partir de la pregunta –agrega–, al habilitar la pregunta, como dice Paulo Freire, se produce la denuncia y se anuncia. Hay que recrear y crear la sociedad a partir de eso, del diálogo y el intercambio de opiniones. Fue muy interesante y los chicos se entusiasmaron y crearon sus propios relatos mediante los afiches. Superó las expectativas, ya que la realidad y el sistema educativo tienen su problemática donde aún el negro aparece sólo en los 25 de Mayo, pintado con un corcho quemado y vendiendo pastelitos”.

La docente de historia está al frente del Seminario de Ciencias Sociales, en la escuela Juana del Pino de Rivadavia, un establecimiento céntrico con alumnado de chicos de barrios humildes del oeste y norte de la capital santafesina. “La idea de la identidad nacional no tiene que ver sólo con el blanqueamiento de los sectores sociales, ver a los chicos escuchando y con el cuerpo a disposición al diálogo, posibilitó ese intercambio”, destaca.

Fuente: El Eslabón

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