Después de los despidos y fuertes recortes presupuestarios en el área, finalmente, el presidente Mauricio Macri eliminó por decreto la Secretaría de Agricultura Familiar (SAF), dependiente del Ministerio de Agroindustria que comanda el ex dirigente de CRA Ricardo Buryaile. La dependencia creada durante el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuyo objetivo era fortalecer el trabajo de pequeños productores, fue “redefinida” y pasó a fusionarse con la Secretaría de Coordinación y Desarrollo Territorial. Los programas de ayuda de la antigua SAF pasaron a la órbita del Inta, donde también pasó la tijera macrista.

A poco tiempo de haber asumido la Presidencia de la Nación, el empresario Mauricio Macri direccionó su política hacia los sectores sociales mejor posicionados económicamente, entre ellos grandes productores y el complejo agroexportador en su conjunto. Los favores a la oligarquía sojera comenzaron con la eliminación y rebaja de las retenciones a las exportaciones primarias y la devaluación del peso, que llevó la cotización del dólar de 9 a casi 16 pesos. Los medianos y pequeños agricultores, familias campesinas e indígenas la vieron pasar.

Si bien el ex presidente de Boca Juniors habla a menudo de los supuestos incentivos que desde el  gobierno promueven para las denominadas economías regionales, sectores vinculados a la producción primaria agrícola y agroindustrial no tradicional, las medidas que fue tomando, como borrar de un plumazo la SAF, los tarifazos en los servicios públicos o el aumento de los insumos, no hicieron más que agravar estos procesos productivos regionales dedicados a diversas actividades y desarrolladores de valor agregado.

El decreto 302/17, que eliminó la SAF, fue publicado el 2 de mayo pasado en el Boletín Oficial. El macrismo siempre puso el foco en la agroindustria vinculada a los commodities. La desaparición de la SAF alienta la sojización y atenta contra la diversificación productiva. La medida reaviva la migración de pobladores del campo a la gran ciudad, desarraigo que va en detrimento de una igualdad de oportunidades, del federalismo y de un mejor ordenamiento territorial para evitar condiciones habitacionales de hacinamiento. Se excluye a un sector productivo que la SAF buscaba consolidar.

Macri quiere que Argentina sea el “supermercado del mundo” pero su política neoliberal sólo favorece al sector agroexportador de materias primas, cuando pequeñas familias minifundistas de distintos puntos del país son productoras de alimentos. Quinteros y pequeños productores aportan alrededor del 60 por ciento de los alimentos frescos que llegan a la mesa de los argentinos. La agricultura familiar es generadora de mano de obra, transmite saberes y culturas ancestrales y se destaca por la producción agroecológica de alimentos.

En la política de Cambiemos hay una línea de continuidad. Macri siempre se mostró cercano a la Sociedad Rural Argentina y sus intereses sectoriales. La reciente disolución de la SAF es el corolario de una política de vaciamiento en el área, donde primero hubo cientos de despidos y ajustes presupuestarios que, según campesinos y pequeños productores, ya habían “herido de muerte” a la agricultura familiar. En el mismo sentido, el presidente permitió por decreto ampliar el límite de extranjerización de tierras rurales argentinas, además de disolver el Renatea. También hipotecó recursos naturales como garantía en la toma de deuda externa.

La ley de agricultura familiar, sancionada en 2014, se proponía una “reparación histórica” hacia el sector. En el Registro Nacional de Agricultura Familiar hay anotadas unas 300.000 familias y organizaciones campesinas calculan que existen otras 200.000 no registradas. En 2015, la SAF reclamaba un presupuesto de 1.500 millones de pesos para poder atender todas las demandas. El año pasado el gobierno de Cambiemos dispuso apenas 300 millones para la repartición, en medio de despidos y la no renovación de contratos, con lo cual era inminente la desarticulación de un área clave para miles de familias.

A fines de abril pasado hubo una movilización en Buenos Aires en reclamo de políticas públicas para el sector. “No hay ningún estímulo ni ayuda para las economías regionales. A lo largo y ancho del país, la horticultura, la lechería, los porcinos, el tabaco, el algodón, la vid, la yerba mate, etcétera, padecen una crisis que no tiene antecedentes en la historia. Son miles los pequeños y medianos campesinos, criollos y originarios y productores que abandonan el campo para beneficio de los que concentran cada vez más la tierra y la producción”, se quejaron en un comunicado el Movimiento de Trabajadores Excluidos Rama Rural, la Federación Nacional Campesina, el Frente Agrario Evita y el Movimiento Nacional Campesino Indígena – Vía Campesina.

“Esta gestión en lugar de resolver los problemas que venimos arrastrando los agrava. La devaluación, la inflación, los tarifazos, el precio del alquiler de la tierra donde producimos, la imposibilidad de acceder a la propiedad de la tierra y a créditos blandos, nos está robando la posibilidad de un futuro”, se lamentaron las organizaciones. La respuesta del gobierno de Cambiemos a los reiterados reclamos de pequeños productores fue la directa eliminación de la Secretaría de Agricultura Familiar. Macri piensa en grande.

Economías regionales

Desde la Federación Agraria Argentina (FAA) pidieron al gobierno de Mauricio Macri que “atienda la problemática de muchas economías regionales, en especial en lo referido a la diferencia entre los precios que reciben los productores y que pagan los consumidores, que muchas veces implica una multiplicación por cinco, insostenible”. El titular de FAA Omar Príncipe, junto a dirigentes de otras entidades ruralistas, mantuvo una reunión el miércoles 10 de mayo en Casa Rosada con el jefe de Gabinete Marcos Peña; su vicejefe, Gustavo Lopetegui y el ministro de Agroindustria Ricardo Buryaile. Si bien el principal tema fue la preocupación por las inundaciones y el impacto económico, social y ambiental que la situación acarrea, desde FAA se pidió “fomentar las economías regionales y la producción, pero con políticas públicas diferenciadas orientadas a los pequeños y medianos productores. Sólo así el crecimiento estará acompañado por desarrollo territorial”.

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