Uno, conocido como La Chancha, fue campeón con la Lepra en el 88 y en el 91, y goleador del campeonato de Primera División 89/90, también con la rojinegra puesta. El otro, al que de toda la vida le dicen El Flaco, fue partícipe de un hecho inédito a nivel mundial: logró el título de la B y al año siguiente el de la A, con las rayas de la camiseta canaya pegadas en la piel. Los dos trabajan en las divisiones menores del club de sus amores y se prendieron a una charla imperdible con el eslabón.

Clásicos en el recuerdo

“Cuando jugábamos con Central era el partido del año”, dice Cozzoni de entrada, y argumenta: “Además de que éramos hinchas del club, antes no había AFA así que el que ganaba el clásico casi con seguridad era campeón. En esa fecha se definía el torneo, así que se podrán imaginar, era maravilloso. Se sentía una ansiedad bárbara desde chico, y eso trasladalo 20 veces más cuando uno ya es profesional”.

“De chico siempre jugaba la ansiedad, las cargadas del colegio, del barrio”, se engancha el habilidoso ex atacante auriazul, y coincide con el rojinegro en torno al valor que tenía ese partido en aquellos tiempos: “En inferiores, la semana del clásico era la más importante, porque como sólo existía la Rosarina, los títulos se repartían entre Central y Newell’s, por lo que el que ganaba el clásico se aseguraba más de medio campeonato”.

A la hora de bucear en el baúl de los recuerdos, la Chancha y el Flaco rescatan derbys juveniles que los tuvieron como protagonistas. “Me tocó jugar una vez un clásico en el estadio de Newell’s, un día de semana, con compañeros más grandes porque como iba a la escuela, tenía que entrenar a la mañana con otra categoría”, rememora Galloni, y la clava en el ángulo: “Esa vez ganamos 1 a 0 y me tocó hacer el gol. Es uno de los que más recuerdo porque además salimos campeones ese año. Creo que fue en el 81”.

“Me acuerdo de varios”, sale a empatarlo al toque Cozzoni. “Hubo uno en especial que fue en Primera local, en nuestra cancha y que definía el campeonato, y ganamos 1 a 0 con gol mío, así que ese es uno de los más lindos recuerdos que tengo, porque era una definición”.

Y al ser consultado por aquellos rivales a los que se enfrentaron en divisiones menores y que se ganaron su respeto, el del Parque Independencia abre el juego: “Con Ariel Cuffaro Russo somos de la misma edad y jugamos en contra en inferiores y también en Primera. No somos amigos, no nos juntamos, pero cada vez que nos cruzamos hay un respeto bárbaro, lo aprecio mucho porque es un buen tipo. Lo mismo que con el Flaco (por Galloni), que somos más o menos de la misma generación y es un tipo extraordinario”.

El aludido, por su parte, mencionó a varios de los pibes que por aquel entonces le tocó enfrentar en los clásicos chicos. “Me tocó jugar contra Dezotti, Sensini, Basualdo, Grioni, Zamora”, enumera el actual coordinador del club de Arroyito, y acota: “Una vez se armó una selección rosarina y se organizó un partido amistoso contra la selección de Japón. Así que había muchos de Central y Newell’s y compartí 15 días de entrenamientos con varios de ellos. Incluso con el Negro Zamora íbamos a las prácticas juntos. Ese día le ganamos 3 a 1 a Japón, uno de los goles lo hizo Balbo, y los otro dos yo”.

De Primera

Entre 1984 y 1985 ambos comenzaron a dejar atrás su paso en divisiones inferiores para caminar por la máxima categoría, defendiendo la camiseta de sus amores. Y con eso, por supuesto, se dieron el gusto máximo de jugar un clásico a estadio lleno. “La diferencia con respecto a lo que había vivido antes te la hace sentir la gente, te lo hace sentir una semana o diez días antes. La semana del clásico podés no entrenar pero la motivación ya la tenés”, asegura Cozzoni, quien desde 2009 comanda los hilos de la Escuela de Fútbol Infantil Malvinas Argentinas.

Galloni, actual Coordinador de Fútbol Juvenil ARF en el Canaya, sostiene que “los clásicos de inferiores los vivís vos, y tu entorno más cercano”, en cambio “al de Primera lo vive toda la ciudad. Además, traes todo desde chico, es decir, que uno que no es de Rosario lo puede manejar distinto, pero si sos de acá lo vivís desde muy pequeño”.

A la hora de repasar su debut en derbys, La Chancha cuenta: “Fue en cancha de Central, en un cuadrangular que se hizo con los dos equipos de acá, más Boca y River. Le ganamos a Central 4 a 1 y pude convertir uno de los goles. Fue una maravilla, por más que haya sido un amistoso”.

El Flaco vio desde el banco su primera vez en este tipo de partidos, en el campeonato 86/87, que finalizó en un empate sin goles. “El primero que jugué desde el arranque fue en cancha de Newell’s, también salimos 0 a 0 y erró un penal el Pato Gasparini, pegó en el travesaño. El otro ganamos 1 a 0 con gol de Scalise en Arroyito”.

Bajan un cambio

Conscientes de la responsabilidad que ocupan –uno encargado del baby en Malvinas y el otro de los juveniles de la Rosarina en la ciudad deportiva de Granadero Baigorria– Ariel Cozzoni y Hugo Galloni paran la pelota. “La idea es bajar un poco los decibeles, desdramatizar, no se puede generar otra cosa que no sea eso. Los chicos ya vienen motivados desde la casa, por intermedio de los padres o familiares, así que hay que calmar un poco la ansiedad porque no deja de ser un partido de baby donde el resultado no va a cambiar nada en la vida de nadie”, plantea el ex atacante leproso. Su par canaya, coincide en que el objetivo es “transmitirle tranquilidad a los chicos. Lo hablo mucho con ellos, les voy contando experiencias y cosas que no conviene hacer. Tratar de jugar lo más tranquilo posible, con el corazón y con la cabeza, porque son partidos especiales y si uno entra muy acelerado te juega en contra”.

“El mensaje es que esto es un partido de fútbol. No tenemos que olvidar el día a día, en la semana, porque todos tenemos amigos hinchas del otro club. Se tiene que disfrutar y vivir como una fiesta, que gane el que le toque, que puede ser el mejor, el que tiene más suerte, o el que se vea beneficiado por cualquier otra circunstancia propia del partido”, reflexiona Galloni, que dirigió en forma interina el plantel de primera en cuatro ocasiones.

Por último, Cozzoni lamenta la ausencia de hinchas visitantes, y sobre todo en este tipo de encuentros: “Es lo que nos toca vivir en estos tiempos. La violencia no nos lleva a ningún lado, por eso hay que bajar los decibeles. Esto debería quedar en una semana o diez días de cargadas y listo, porque es simplemente un partido de fútbol. Ojalá éste sea todo tranquilo y en paz”.

Fuente: El Eslabón

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