A veces la lectura crítica de textos literarios puede postular la necesidad de señalar primero lo que hay y después, lo que falta. Incluso lo que está allí sugestivamente en el blanco de la página, lo que existe como pura potencia, porque ahí también puede aparecer el encanto de un texto. Pero cuando la voz del narrador es la voz del autor o la autora en primera persona y sin remilgos ni artificios te grita «ey! acá están mis faltas, no te molestes, te las cuento yo», hay un camino allanado. Es lo que hace Cecilia Pavón (Mendoza 1973) en Pequeño recuento sobre mis faltas, el libro de seis relatos que acaba de publicar el sello rosarino Ivan Rosado, con una colorida portada a cargo de Marcelo Alzetta titulado El amor está en el aire. Pavón, que en 1999 fundó en Buenos Aires la galería Belleza y Felicidad, tradujo a varios autores contemporáneos del alemán y el portugués y tiene varios libros de poesía publicados, escribe: “Ahora que han pasado los años, me doy cuenta de que escribir, lo que se dice escribir, yo no escribí nunca. Lo que hice más bien fue una perfecta y bonita pose (strike a pose, como diría Madonna)”. El fragmento pertenece a Free style rap, el relato que escribió en el futuro, es decir a sus 73 años, en la construcción de un yo literario rudimentario, quizás el único intento de la autora de tomar distancia de su yo tan radical, simple y siempre en presente que propone en todos los demás.

Con total dominio de la primera persona, Pavón se afirma en las formas contemporáneas, de la autoficción. Por eso no escribe cuentos en un sentido estricto, sino relatos en los que se narra a sí misma, de manera ondulante entre la poesía y las reflexiones acerca del mundo o los mundos conocidos y en un registro más bien confesional. Algo que, por poner un lindo ejemplo, le achacan con fascinación a la narradora estadounidense Lydia Davis, dueña también de un estilo que no se deja fijar por ningún rotulo.

En Trisha Erin, la narradora y poeta mendocina practica el ejercicio de la expiación por haber intentado (deseado) pertenecer al glamoroso mundo del arte contemporáneo internacional y no haberlo conseguido del todo con éxito. Allí narra su desencanto con una reconocida artista del extranjero que la propia Pavón tuvo la oportunidad de traducir al castellano y de conocer en una desafortunada visita que hizo a Buenos Aires. Sin una gota de resentimiento pero con ironía y un tono dulzón o naif, la autora hace una sincera crítica a la frivolidad tiránica (o monstruosa) del sistema de intercambio “espíritu por dinero” que opera en las altas esferas del arte contemporáneo. Porque para Pavón, “una obra de arte no puede estar encerrada en una mansión.Tiene que volar libre hacia la atmósfera, y dejar surco en el aire que rodea al planeta”.
En Do it your self aparece nuevamente su experiencia como tallerista que se deleita vanidosamente (y se hace cargo) con los resultados del trabajo de sus alumnos en el taller de escritura creativa que dictó en una casa en Balvanera.

En los restantes, son los objetos/ cosas/ marcas los que ocupan la centralidad de los relatos como auténticos portadores de sentido, de distinción simbólica, de clase, de status, de ser mujer y artista en Berlín o en Villa Crespo. Todas las carteras que he tenido es un inventario de los bolsos que la autora recibió como regalos, usados o a estrenar (la cartera Prada); los que compró y llevó a los diferentes lugares del mundo a los que viajó. Cada cartera también es un testimonio de época, de todas las épocas (como el bolso transparente, distintivo de “lo fashion” en los noventa).

Ocurre algo parecido en Un frasco de líquido desmaquillante marca Vichy que le robé a un poeta en Berlín en el que el botín, el producto de marca europea que la protagonista obtiene a modo de venganza, da lugar al tema o a la pregunta que está presente en todo el libro de Pavón ¿Qué es el arte? Más allá de la pose, el snobismo, el gusto refinado y lo políticamente correcto, ¿el arte puede ser un recuento agramatical sobre la pequeñez de la experiencia? ¿ o tiene que ser algo grande como un concierto de Schubert?. Parecieran preguntas que abisman y separan, pero en el entre, en lo que falta, se escribe (Pavón lo hace) como un fin en sí mismo, como la experiencia grande.

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