Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Concejala desde hace poco más de un año y medio, cuando Héctor Cavallero dejó el Palacio Vasallo para asumir como diputado provincial, Carola Nin se define como “peronista de nacimiento”. Integrante de un espacio interno del justicialismo que comparte con, entre otros, Osvaldo Miatello y su esposo Marcelo Gastaldi, la ex ministra de Educación de Jorge Obeid repasó su biografía política y explicó las razones por las cuales se presentará en las próximas elecciones para renovar la banca en el Concejo. “No soy de las peronistas que cree que hay que elegir entre el Socialismo y el PRO. Yo no quiero elegir a ninguno de los dos”, afirmó en una entrevista que se puede también se puede ver completa en el segmento Biopolítica de esta web.

—¿Cual es el primer registro que tenés de la política en tu vida?
—Yo suelo decir que soy peronista de nacimiento. Por mi familia y fundamentalmente por mi papá. Para mí, la política determina mi vida desde el pasado, ahora, si pienso en qué momento decidí que mi vida iba a transitar por la política, no lo sé. La verdad es que siempre fue parte cotidiana de nuestra vida. Mi papá era peronista, era docente. Desde que éramos muy chiquitas, a mi hermana y a mí nos contó cómo el peronismo había cambiado su vida. Yo aprendí a entender el peronismo en los ojos de mi viejo. Cuando él hablaba del peronismo se le llenaban los ojos de lágrimas.
Siempre me apasionó la educación. La cuestión de lo público, de trabajar con las futuras generaciones. Y en algún momento eso se convirtió en política. Siento que lo tengo en el ADN. Pero no podría decir en qué momento todo eso terminó en que yo sea ministra de educación de Jorge Obeid o ahora concejal. Me parece que el azar, la vida, te va poniendo en algunos lugares y a mí me puso acá. Lo que estoy segura, lo que está determinado en mi vida, es el vínculo con el peronismo.

—¿Cómo era la presencia de ese peronismo o de la política en tu casa?
—Pensá que mi papá había nacido en 1937. Su niñez estuvo atravesada por el peronismo. Y después fue docente, director de una escuela y en una ciudad chiquita. Yo nací en Casilda. Él estaba vinculado a la política desde la docencia, no en una militancia. Pero la política era una cuestión central en mi casa. Se compraba el Clarín, que era el diario que se le oponía a La Nación, fijate lo que pasó después. Pero en ese entonces los peronistas leíamos Clarín, que estaba en el centro de la mesa.
Mi viejo leía permanentemente el diario. Tenía todos los libros de Perón, de Eva. Todas las alegrías y tristezas tenían que ver con el peronismo, y creo que eso nos marcó a fuego.

—¿Cómo recordás la etapa de la dictadura?
—En la dictadura recuerdo que había cosas que en casa se hablaban despacio. Recuerdo escuchar canciones bajitas. Tengo una tía que estuvo exiliada. Yo nací en el 73, así que tengo recuerdos. Recuerdo Malvinas, que fue tremendo.
Después me viene a la memoria la decepción de perder las primeras elecciones en el 83. Me acuerdo de haber ido a la escuela, donde éramos dos los chicos peronistas en el grado y recuerdo que el otro chico se largó a llorar cuando se enteró de que había ganado Alfonsín.

— ¿Qué lecturas, qué referentes políticos e históricos te han marcado?
— Vinculado a lo político: Perón, sin dudas. A la literatura (Leopoldo) Marechal, (Jorge Luis) Borges, aunque era una gran contradicción; el Borges que tomaba café con Pinochet era una cosa, pero me parece que el Borges literato es indiscutible. También (Julio) Cortázar, Roberto Arlt, toda la literatura argentina. En el cine, Leonardo Favio para mí fue determinante. La corriente de cine argentino post dictadura me parece muy interesante para mi formación y para cualquiera. En pedagogía soy bastante ecléctica. Desde Paulo Freire a algunos franceses del post estructuralismo. He leído con cierta insistencia a Michel Foucault, algo de (Gilles) Deleuze. Pero en la literatura he encontrado muchas cosas que no encontré en la historia. En la secundaria era imprescindible escuchar a (Alejandro) Dolina para irme a dormir.

—¿Tuviste militancia en la universidad?
—Hice la universidad en un momento muy difícil para ser peronista. Yo ingresé en Humanidades, soy profesora en Ciencias de la Educación, en el 91, el mismo año que murió mi papá. En ese tiempo yo lo cargaba a mi papá porque estaba mal, porque yo le decía que él no podía soportar el menemismo. Era muy difícil ser peronista en esa época en la facultad. Habíamos encontrado un grupo de amigos, que tenían una agrupación que se llamaba la Roberto Arlt y estábamos ahí. Pero nos dolía lo que estaba pasando en ese momento con el peronismo. Luego ingresé a trabajar, trabajé un poco con María Eugenia Bielsa. Y después ya en las dos gobernaciones de Jorge (Obeid). En la primera vinculada a las política sociales. Y en la segunda vinculada al ministerio de Educación.

—¿Qué otra mirada te dejó sobre la política el haber ocupado un cargo como funcionaria desde el Estado provincial?
—Uno se forma en la teoría, pero llega un momento en el que tiene el desafío de gestionar y de hacer. Yo tengo una mirada sobre el Estado, que viene del peronismo, no como un lugar para estar, sino como una herramienta de transformación, en función de esas ideas que uno tiene. El Estado es como un gran mar de posibilidades y de imposibilidades. Pero es un lugar de transformación con tiempos diferentes al que los ve desde afuera o al que no gestionó, o al que no puede comprender lo difícil que es el engranaje estatal. En eso me parece que siempre hay una lucha de sentidos: «esto no lo hizo rápido», «pero esto no se puede», yo soy una convencida de que se puede y que no es en vano el intento por transformar. Y no lo digo desde la ingenuidad, las transformaciones son muy difíciles desde todos los niveles del Estado, pero la política y el Estado, son las herramientas para transformar.

—¿Tu paso como funcionaria te dejó alguna frustración por no haber respondido a determinada expectativa social, política, que se puede haber esperado de ese gobierno y esa gestión que integraste?
—Cuando gobernás tenés un montón de disgustos y un montón de satisfacciones. Quien te diga que no pasa por eso te está mintiendo. Por un lado estás en un vértigo que tiene que ver con transformar, con hacer, y por el otro lado tenés impedimentos, tenés a veces mezquindades. La política no es distinta que la vida. A veces ves peleas muy chiquitas, banales, que enturbian grandes objetivos. En la política también. Hay algunos que nos quieren hacer creer que la política es más complicada de lo que es.

—¿Qué balance haces de esta primera experiencia como concejal?
—A mi me tocó ocupar el lugar que dejó (Héctor) Cavallero (quien en las elecciones anteriores fue electo diputado provincial y debió dejar su banca en el Concejo), y venir a terminar un mandato, así que soy bastante nueva en esto. Me gusta la política cercana, esto de hacer cerca del lugar donde se resuelve. Si hay algo que tiene el Estado nacional o el provincial, es que hay un nivel de decisión lejano. Si pensás en el vecino no politizado, el que necesita que le terminés el pavimento, ahí está su vida cotidiana. Y es el gran desafío, porque lo que tenés cerca es a veces lo más difícil de cambiar.
Ser concejal, y más de la oposición, no influye de manera determinante en todos los temas diarios de la gente. Por más que yo tenga voluntad, no puedo hacer que a un vecino le pavimenten una cuadra. Lo puedo pedir, pero no lo defino yo. Pero un concejal tiene margen para generar transformaciones que son interesantes. Por ejemplo, a mí ahora me toca ser la presidenta de la Comisión de Cultura del Concejo. Y desde ahí hicimos un montón de cosas. Generamos un mes de teatro independiente en Uocra Buenos Aires para que se vea lo que hace el teatro independiente rosarino. Con las dificultades y limitaciones que tiene un concejal, estamos mostrando una manera diferente a la del Socialismo de entender la cultura.
También es interesante lo que uno puede hacer desde el Concejo, cuando uno puede plantear una visión distinta por ejemplo con relación al endeudamiento y ese voto que uno pone en contra, vale.

—¿Con qué mirada sobre la ciudad y con qué objetivo te proponés renovar tu banca en el Concejo?
—Nosotros creemos que se puede gobernar la ciudad de una manera diferente a como lo viene haciendo el Socialismo en los últimos veintipico de años. En un forma diferente de administrar los recursos, que dejamos planteada en el no al endeudamiento, pero no desde una visión ortodoxa de la política económica, sino por una lectura del hoy, y del contexto nacional, provincial y local.
Creemos que tenemos una experiencia de gobierno y una lectura de la realidad que significan un aporte para esta Rosario atravesada profundamente por la desigualdad y con índices de violencia inusitados. Uno escucha el relato oficial y parece que todo lo que nos pasa es natural y que era esperable que pase. Y no es así. No es natural que Rosario tenga un cuarto de la población pobre, que viva en villas de emergencia, que no se haya podido resolver el problema de las cloacas, que necesite hacer mil cuadras de pavimento porque no se fueron haciendo como se debía. Son muchas las cuestiones a cambiar.

—Cuando vos decís «nosotros», ¿te referís a un espacio, a una corriente interna del peronismo?
—Nosotros tenemos el único bloque (peronista) que no tiene una sola persona, que es Compromiso con Rosario, que comparto con el concejal Osvaldo Miatello. Nos conocen como el obeidismo, pero somos un grupo que hace muchos años que tiene participación en la vida política rosarina.

—Dijiste que tenías una lectura del contexto nacional y provincial, ¿cuál es?
—Me preocupa y me duele la Argentina de hoy. En muchos momentos veo al gobierno de Macri y pienso que a esta película ya la vimos. Tengo una posición contraria. Uno se define muchas veces por lo que no es, y la verdad es que nunca voy a ser macrista. Nunca voy a adherir a ese proyecto que no tiene que ver con lo popular, ni con la gente, ni con los que necesitan que al Estado le vaya bien para que su vida mejore. En lo provincial tengo la misma mirada que sobre lo local. En materia de seguridad hemos retrocedido desde que el Socialismo gobierna.
No soy de las peronistas que cree que hay que elegir entre el Socialismo y el PRO. Yo no quiero elegir a ninguno de los dos. Creo que son parte de lo mismo.

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