En su oficina de calle Entre Ríos y mate en mano –rodeado de imágenes donde se lo ve con Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Hugo Chávez o Evo Morales– Agustín Rossi se muestra activo pero relajado a la vez. Es lunes 3 de julio y acaba de hacer el lanzamiento de su pre candidatura a diputado nacional por Unidad Ciudadana, que fuera postergada por el terrible accidente automovilístico en el que falleció el joven fotógrafo y militante de La Cámpora Ignacio Amaya y del que salieron gravemente heridos otros dos ocupantes, entre ellos, quien lo secunda en la nómina: Josefina González. En medio del trajín de la campaña, el ex ministro de Defensa se tomó una pausa para repasar su historia política, desde su Vera natal hasta la actualidad, marcada siempre por las tensiones del país y el peronismo. “El tiempo nos va a llevar a la conclusión de que sus gobiernos (el de Néstor y Cristina) fueron los mejores de los últimos 50 años”, dirá sobre el final de una larga nota con Biopolítica, que puede verse completa en el diario digital Redacción Rosario.

—¿En qué momento ubicás la aparición de la política en tu vida?
—Quizás el primer momento fue cuando agarré mi primer libro. El primer libro de política que leí fue a los 12 años, apenas murió mi padre. Un tío mío que tenía una editorial chiquita en la ciudad de Santa Fe me alcanzó una de las historias del Che. Vivía en Vera, en el norte de la provincia, donde todas las cosas llegaban mucho más lento. Yo nací en el 59, así que estamos hablando del 70. Mi papá murió en septiembre del 72 y yo debo haber leído ese libro en octubre.

—¿Qué lugar tenía la política en tu familia?
—No había una identidad política marcada. Sí era claramente no peronista. Con mi papá con mayor cercanía al peronismo. Mi viejo era un tipo muy cristiano, muy católico, y con un papá, mi abuelo, militante del Partido Comunista. Venía con toda una cosa media cruzada con el pensamiento de su padre. Pero la política estaba cerca. Estaba cerca sobre todas las cosas por la familia de Ricardo Molinas, también tío mío, su esposa era hermana de mi madre. Los Molinas en Santa Fe era una familia muy involucrada con la cuestión política.

—¿Cómo recordás tu adolescencia en dictadura, en Vera?
—Todo lo que sucedía en la Argentina, sucedía con mucha menos intensidad en un pueblo del norte de Santa Fe. Tuve una participación muy secundaria en la UES. Recuerdo que lo más revolucionario que hicimos fue cambiarle el nombre de la calle de ingreso al pueblo, a la que le pusimos Chacho Peñaloza.
El golpe a mi me agarra en quinto año de la secundaria y con todo lo que significó en el medio la muerte de Perón. Todas esas cosas que uno veía desde afuera o desde lejos. Mi mamá era docente en una escuela nacional y en una escuela provincial. En la provincial la deja cesante la dictadura, por esta cosa del parentesco con los Molinas, por decirlo de alguna manera. Yo me vine el año siguiente a estudiar ingeniería acá (por Rosario), en un año difícil. Siempre me voy a acordar de que los que habían quedado del centro de estudiantes pasaron un petitorio para pedir por la reapertura del comedor universitario y del curso de 120 lo debemos haber firmado cinco, de los cuales uno era Rubén Giustiniani y otro yo. Los años 77, 78, 79 siempre con algún tipo de contacto, con algún tipo de actividad que se hacía en la facultad.

—¿Cuál fue tu primer espacio de militancia?
—En el 80, 81 empiezo a militar más claramente. Ahí, me sumo a lo que era la revista Línea, que en ese momento dirigía José María Rosa, que tenía una cosa muy anti-dictatorial en ese momento. Y empiezo a militar en la Juventud Peronista. En el 82 viene la guerra, después viene la reapertura democrática. Eran años que me dedicaba full time a la militancia, de hecho corté la carrera universitaria, cursé sexto año de ingeniería en el año 82, pero tuve varios años para terminar de rendir.
Después de la derrota del 83 nos vamos con un grupo de compañeros, discutimos la línea política que estaba tomando la revista, que no nos conformaba, y empezamos a tratar de unificar los distintos grupos de la Juventud Peronista que existían en ese momento. Relanzamos la Juventud Universitaria Peronista, que estaba estigmatizada en el 84. Y participamos del proceso de la renovación peronista. En el marco de ese proceso yo termino encabezando la lista de concejales de Rosario en el año 87 con Venecia como candidato a intendente.

—¿Qué referencias y lecturas de marcaron?
—Lo que estaba claro es que para alguien que venía de familia no peronista y que en general tenía influencias más no peronistas que peronistas, la única manera de llegar al peronismo durante la dictadura era a través de la historia. Y la historia te llevaba a la gestión del 45 al 55. Yo siempre digo que había que tener ganas de ser peronista en ese momento, porque tenías que llegar a la historia del 45 al 55 y en dos liderazgos que estaban muertos, que eran Perón y Eva.
Así que las lecturas eran por ese lado. En casa, mi viejo que era profesor de historia tenía la colección completa de José María Rosa, entonces yo leí esa historia en mi casa. También estaba la historia de los partidos políticos de Rodolfo Puiggrós, pero el acercamiento fue a partir de eso: (Arturo) Jauretche, (Raúl) Scalabrini, (Juan José) Hernández Arregui, Salvador Ferla. De todos eso fue el acercamiento mio hacia lo nacional y popular, y eso me llevó a involucrarme en el peronismo.

—¿Qué te dejó aquella primera experiencia como concejal?
—Era una época donde el Concejo Municipal estaba muy desprestigiado. Había habido situaciones de cohecho, había concejales procesados, no era un ámbito fácil. Yo tenía 27-28 años cuando asumí. Lo que más recuerdo de ese momento es haber impulsado la ordenanza de Medio Boleto Estudiantil. Eso lo recuerdo con mucho placer. Lo mismo que cuando fui presidente del Concejo, en el 91. Ahí planteamos una cantidad de proyectos. Algunos, como en el caso de las sesiones en los barrios, logre hacerlos 10 o 12 años después, cuando fui presidente del Concejo en 2004.

—¿Y en el medio de esas dos concejalías qué pasó?
—En el medio pasó (Carlos) Menem. Y (Carlos) Reutemann. Me encontró con un nivel de participación más bajo, militando pero sin ningún cargo, sin ninguna responsabilidad pública. En 16 años de gobierno de Reutemann y (Jorge) Obeid en la provincia, no fui nunca funcionario de ellos. Y obviamente tampoco fui funcionario del menemismo ni tampoco tuve ningún cargo electivo. Hice desde afuera, apoyé la experiencia del Frepaso, sobre todo la campaña de Bordón-Álvarez. Cuando el Frente Grande y el Frepaso acá se alían con (Horacio) Usandizaga dije: «Bueno, acá tampoco es lo mío», y volví al peronismo. Porque creía que si algo nuevo salía iba a ser desde ahí. Siempre muy en los bordes, sin militancia activa, hasta que en el 2001 Norberto Nicotra me convoca. Ese 2001 me incluye en una lista de concejales. Yo quedo en la puerta, pero después él renuncia en el momento ese del “que se vayan todos”, y yo ahí vuelvo al Concejo Municipal.
Luego soy el jefe de campaña de Nicotra como candidato intendente. (Miguel) Lifschitz le ganó por muy pocos votos, pero teníamos mayoría en el Concejo.

—¿Cómo terminaste de presidente del bloque en Diputados?
—A fines del 2002, con tres compañeros, Daniel Zárate, Arturo Gandola y Luis Rubeo, fuimos a verlo a Néstor (Kirchner). Yo era el único que tenía un cargo institucional como concejal. Nos pusimos a trabajar con él, lo fuimos a ver a la casa de Santa Cruz. En ese momento, Néstor tenía 3 o 4 puntos de intención de voto. Nos hicimos cargo con otros compañeros de todo lo que fue la campaña acá en la ciudad de Rosario. Compañeros como Fabio Gentile, Walter Palombi. Al final del año termino siendo presidente del Concejo y seguí manteniendo relación con el kirchnerismo, pero muy metido en la ciudad de Rosario.
En el 2005, lanzo mi campaña para la reelección. Dos meses antes no estaba en la cabeza de nadie para encabezar una lista de diputados nacionales. Entonces Néstor o Alberto Fernández, o no sé quién, se acordó de que alguien los había apoyado. Me llamaron por teléfono y yo tardé como tres segundos en decir que sí. Y encabecé la lista de diputados.
Perdimos en Santa Fe, pero hicimos una buena elección porque colocamos cuatro diputados nacionales, que era la misma cantidad que debíamos renovar. Sacamos 33 o 34 por ciento de los votos, en el mejor momento de (Hermes) Binner. Llego a Buenos Aires después de la elección y Alberto Fernández me dice que querían que encabece el bloque.

—¿Qué balance hacés de esa etapa y de tu experiencia en ese lugar?
—A mi me tocó ser protagonista en el Congreso durante los debates más importantes en la Argentina durante esos años. Y el kirchnerismo le dio al Congreso un rol de relevancia. Desde la 125 en adelante, era absolutamente habitual o natural que las sesiones sean transmitidas por algún canal de noticias. De hecho mi nivel de conocimiento en la Argentina me lo dio ese rol. Yo marco un periodo de grandes transformaciones del kirchnerismo que va desde después de la 125 hasta la recuperación de YPF. Ahí se aprobaron la nacionalización de Aerolíneas Argentinas, la nacionalización de las AFJP, la ley de movilidad jubilatoria, la ley de servicios de comunicación audiovisuales, el matrimonio igualitario, la recuperación de YPF. Me parece que hubo una cantidad de iniciativas que se convirtieron en ley, como la Asignación Universal por Hijo, que primero fue por decreto, pero después se convirtió en ley, que corresponden a ese periodo.
El presidente del bloque del oficialismo cierra todos los debates. Tenés 20 minutos para hablar sobre la totalidad de los temas y eso sin dudas fue marcando un sesgo sobre mi persona, sobre mi militancia. Lo digo en mi libro “Un hombre de palabra” con el cual recorro todos esos principales debates y cuento cómo lo había vivido yo, cómo armé los discursos y demás. Siempre estaré agradecido con Néstor y Cristina por haberme dado la posibilidad de ser protagonista de esos debates, que siento que fueron trascendentes para la historia argentina.

—¿Cómo te enteraste de la muerte de Néstor Kirchner?
—Estaba en mi casa. Estábamos esperando el censo, me acuerdo que había escuchado algún rumor y después me llama Emilio Pérsico. Me dice: «¿Sabés algo?». Le digo: «Mirá no sé nada». Sabía que se había ido a Santa Cruz. En ese momento, estábamos todos juntos en la Corriente Nacional de la Militancia, con Emilio, con el Evita. Empiezo a llamar. Muchos no me daban en el teléfono. Y me atiende Florencio (Randazzo), y me confirma que falleció.

—¿Qué significó para vos, en términos políticos, esa pérdida?
—Pensá en que murieron dos principales tipos con menos de 60 años: Néstor y (Hugo) Chávez. Liderazgos políticos que tenían 10 o 15 años más, mínimo, de intensa vida política.
La vigencia de Néstor como dirigente nacional dura la misma cantidad de años que Evita. Siete años. Y marcó a generaciones enteras. Entonces, la ausencia; es una ausencia que no podes suplantar. Perón murió a los 78 años, siendo presidente de la República. Pero Néstor tenía diez años más como mínimo, como para poder seguir trabajando en la construcción del modelo y del proyecto nacional y popular. Una figura de ese calibre, de esas características, que fallezca tan joven, es un golpe enorme. Decí que estaba Cristina, que lo suplantó casi sin querer. Ella no pudo hacer el duelo. Y nosotros tampoco, como espacio político. No quiero hacer comparaciones pero el peronismo va a la primera elección después de muerto Perón y pierde. Y nosotros al año siguiente de la muerte de Néstor, Cristina saca el 54 por ciento ¿Por qué? Porque existe Cristina. Néstor era el fundador, era el jefe sin dudas, después suplantado por Cristina.

—¿Por qué el FPV perdió las elecciones en 2015?
—Lo que tuvimos es un resultado electoral desfavorable, no un fracaso electoral. Ningún espacio político que llega al 48 por ciento de los votos después de gobernar 12 años la Argentina, puede considerar que eso es un fracaso electoral.
Hubo errores en la campaña electoral. A mi criterio la campaña de la primera vuelta fue una mala campaña. Una campaña donde la vaciamos nosotros de ideología. Subestimamos la primera vuelta e hicimos una campaña anodina, sin propuesta, sin intensidad. En cuanto a la propuesta, no le transmitimos a la sociedad argentina que lo que se estaba jugando era importante, lo dejamos a Macri que un día sea kirchnerista y otro día antikirchnerista, y que camine con tranquilidad sabiendo que su único objetivo era llegar a la segunda vuelta.
Y en cambio yo veo que en la segunda vuelta, en el balotaje fue otro (Daniel) Scioli. También es contrafáctico pensar qué hubiese pasado si el Scioli de la segunda vuelta, hubiera estado en la primera vuelta.
Después, estuvimos gobernando durante toda la gestión de Cristina en un escenario de recesión económica y con una restricción externa que nos angosta muchísimo el camino. Entonces hubo que tomar una cantidad de medidas, sobre las cuales la oposición hizo un mundo, como por ejemplo el tema del cepo al dólar o la cuestión del impuesto a las ganancias.
Cuando yo dije que la etapa más rica fue desde la 125 y la recuperación de YPF ahí combinamos dos cosas: intensidad y diversidad. Como decía (Antonio) Gramsci «cohesión y consenso». Eso es lo que tuvimos en ese momento. Y me parece que quizás en la última etapa tuvimos más cohesión que consenso. Más unificada la fuerza política, pero que nos costaba lograr mayores consensos por fuera de los límites de esa fuerza.
Digo intensidad y diversidad porque todas las leyes y todas las iniciativas no solamente se aprobaron por votos nuestros, sino que también se aprobaron con votos de otras fuerzas políticas y además tenían niveles de consenso que superaban claramente nuestra capacidad electoral.
No siempre es fácil esto de Gramsci, de cohesión y consenso. En algún punto parecen contradictorios. Cohesionás cuando tenes firmeza ideológica y tenés consenso cuando tenés más flexibilidad ideológica. Hay que saber encontrar ese punto. Y sobre todo ahora. Ahora Cristina hace una propuesta mucho más amplia, diversa y mucho más plural. Yo creo que eso está muy bien.

—¿Con qué diagnóstico y con qué ideas encaran esta campaña?
—Bueno nosotros nos lanzamos con toda la expectativa de tratar de hacer realidad el reclamo del pueblo argentino que es ponerle freno a Macri, al ajuste neoliberal, ponerle claramente un término a esta asociación de Macri con las noticias que tenemos todos los días, que un día te quita las pensiones por discapacidad, otro día te quita el plan progresar y así.
El neoliberal lo que tiene es mano de hierro para los sectores populares a los cuales ajusta y mano blanda para los poderosos, a los cuales abraza.
Les saca impuestos a los poderosos, paga intereses enormes por las Lebac y te saca las pensiones por discapacidad y los planes progresar para los pibes.
A mi criterio el primer objetivo es tratar de ponerle freno a Macri. Me parece que lo que presentó Cristina el 20 de junio va en ese sentido: una propuesta amplia y plural cuyo objetivo es que en la agenda política y en la agenda electoral estén los problemas cotidianos de los argentinos.
La gente no llega a fin de mes. Se endeuda para poder pagar la tarjeta de crédito. El que no tiene trabajo la pasa mal, tiene hambre. Para el comerciante, la ecuación es suba de tarifas, de alquiler y bajas de ventas. Al industrial le pasa lo mismo, agravado porque en muchos casos sufre la importación indiscriminada. Los docentes universitarios no saben si van a empezar el segundo cuatrimestre. Los docentes han venido llevando una lucha durante todo este año. Los científicos planteando también su reclamo.
No hay ningún sector de la sociedad argentina que no esté reclamando. Entonces nosotros tenemos que tratar con Unidad Ciudadana en Santa Fe representar eso. Hemos hecho una lista en donde están representados valores, sectores y regiones. Valores como los de La Tana (Josefina González), que representa claramente el valor de los derechos humanos. Fue fundadora de Hijos en Rosario, es una luchadora. Patricia Mounier, la secretaria general de Sadop, es el valor del sistema educativo en la Argentina y el valor del trabajo. Tenemos compañeros que representan las distintas regiones, y tenemos compañeros como el caso de Pablo Bolcatto, que es un científico reconocido de la ciudad de Santa Fe. La lista nuestra cumple con la paridad, algo que me había comprometido a cumplir en febrero, independientemente que haya o no haya ley de paridad.
Reconocemos en Cristina un liderazgo que hoy es insustituible, para mi Cristina sigue siendo la esperanza de muchos argentinos, para volver a estar mejor. Nos sentimos orgullosos de haber sido protagonistas y partícipes de los 12 años de gestión de Néstor y Cristina. Yo creo que el tiempo, que es el que tiene la virtud de poner las cosas en su lugar, nos va a llevar a la conclusión de que fueron los mejores gobiernos de los últimos 50 años.

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