Sobre una de las paredes del cuartito del Centro de Estudiantes del Poli están pegadas la “Carta a la Junta” y fotos Rodolfo Walsh. A medida que Agustín e Ignacio –que ceba los mates– van dando cuenta del modo en que entienden la militancia, la educación pública y el rol de los medios, se advierte que el texto y las imágenes no son un mero adorno.

Agustín Riccardi (18) e Ignacio Noviski (17) son presidentes de los centros de estudiantes del Politécnico y del Superior de Comercio, las dos escuelas universitarias de Rosario. Conducen organizaciones que agrupan a más de mil alumnos, quienes los legitiman con el voto; y sus conducciones también se validan democratizando las decisiones que toman junto a sus pares de comisión directiva y cuerpo de delegados. De ahí, su malestar –que morigeran con una sensatez envidiable– frente a la imagen que se pretende construir de ellos como sujetos maleables, “rehenes” o “víctimas” de los reclamos docentes y de la política del gobierno nacional, enfatizando más la responsabilidad en los primeros. Una expresión de esas pretensiones estigmatizadoras fue la columna publicada el diario La Capital el último domingo, donde Agustín sintió tergiversada la posición de su centro, al punto de que el sostenido apoyo que vienen dando a los reclamos docentes pareció todo lo contrario. “Ese tipo dio vuelta como una torta frita lo que yo había dicho”, dijo sobre el autor de la nota.

En su condición de estudiantes secundarios, ellos se “reconocen como seres pensantes” y se sienten actores comprometidos con una puja en la que ven al reclamo de sus profesores como parte de la defensa de la educación pública. “La lucha es una sola”, afirman.
Para tener una dimensión de la representatividad de estos chicos, hay que destacar que Agustín preside un centro que nuclea a 1.500 alumnos e Ignacio hace lo propio en una organización que aglutina a 1.100. Llegan a la conducción a través de elecciones anuales –sus mandatos comenzaron a fines de 2016– en las que vota la casi totalidad del padrón. Se conforman comisiones directivas con presidente, secretario y responsables de las distintas secretarías. Además, en las escuelas existen cuerpos de delegados, electos democráticamente y que son dos por curso.

Tienen reuniones semanales y, en lo que atañe a medidas de fuerza tomadas por los docentes, la adhesión ha sido votada por abrumadora mayoría y en muchos casos de manera unánime. “Entendemos que es una lucha por nuestra educación, porque los sueldos de los docentes y su estabilidad laboral hacen a la calidad de nuestra educación y, aparte, la lucha es una sola, no es que es de ellos y nosotros nos solidarizamos”, afirma Agustín y completa Ignacio: “Por eso, participamos de todas las actividades que haya”. Los centros de ambas escuelas, además de integrar federaciones que agrupan a entidades de otros establecimientos, han conformado el Frente de Escuelas Medias de la UNR para abordar problemáticas específicas.

Por lo visto, sus posiciones no se pueden tomar a la ligera. “Una de las razones por las cuales nunca dudamos que el reclamo de los docentes es legítimo es porque acá vivimos, día a día, la desinversión en educación pública. Si bien algunas condiciones críticas fueron mejorando, te asomás a la ventana y ves un taller que está clausurado todavía, desde el 2014”. Lo dicho por Agustín es concordante con lo que plantea Ignacio, quien si bien entiende que en el Superior no padecen “problemas de condiciones edilicias tan graves como ha tenido el Politécnico”, ellos también tienen sus necesidades. De hecho, se han movilizado junto a los estudiantes de Ciencias Económicas en reclamo del comedor universitario. “Es algo importantísimo, porque tenemos un montón de contra-turnos, debemos comer sí o sí en la zona, hay mucha gente que no tiene la posibilidad económica como para comprar un menú en un bar privado y no nos dan la posibilidad de un menú económico desde ningún lado”.

Papás y medios

“Cuando los padres dicen que los profesores nos están usando, pienso: «si sos mi padre y defendés mi educación, dejame pensar por mí mismo para saber si me están usando o no». También nos ha pasado con los medios locales que, supongo que es una línea que muchas veces tienen que cumplir algunos periodistas, tratan de arrinconarnos con preguntas que no terminamos de entender qué nos están queriendo plantear, porque se nota que son personas nunca pisaron una escuela pública o una como esta dependiente de la Universidad”, dice el presidente del centro del Poli e Ignacio agrega: “En el Superior, tenemos un centro que es totalmente activo y que ha realizado un montón de movilizaciones y concentraciones para defender nuestra postura y, sin embargo, desde los medios de comunicación se difunde otra cosa”.

Lo dicho viene a cuento de esas interpelaciones –en rigor, maltratos– que algunos periodistas de la televisión porteña hacen a pibes que reclaman por más presupuesto educativo; pero también de esa columna de opinión ya mencionada en la que Agustín fue víctima de una artera tergiversación lo que lo llevó, primero, a realizar una aclaración a través de Facebook; luego, a pedir al diario alguna posibilidad de derecho a réplica –nunca le respondieron–; y, finalmente, a movilizarse junto a sus compañeros a las puertas del matutino para repudiar la actitud”. Al respecto, cuenta: “Ya me han descontextualizado algunas veces, pero no tan alevosamente. Este tipo dio vuelta como una torta frita lo que yo había dicho”.

La operación de focalizar el reclamo de los docentes universitarios en las escuelas secundarias dependientes de la UNR apunta a desacreditar las medidas de fuerza agitando el fantasma de “la pérdida del año” y, valga la insistencia, a demonizar a los profes y victimizar –muy a pesar de ellos– a los alumnos.

Para ese procedimiento es necesario silenciar a los pibes o dar vueltas sus pronunciamientos, al tiempo que la voz de algunos padres calza como anillo al dedo. En el caso del Poli, un grupo se reconoce como “autoconvocados” y enarbola la bandera de defensa de la educación pública, que parece estar estrictamente ligada a que sus hijos no pierdan días de clases. Así, algunos han llegado a plantear alternativas bastante “originales” como contratar docentes particulares para que dicten clases en medio de una huelga.

Más allá del cuidado extremo con que se expresa, Agustín no duda en marcar la diferencia de organización y representatividad entre los estudiantes y los “padres autoconvocados”. “Acá, vienen cerca de 1.500 estudiantes secundarios. Muchos padres que dejan al hijo en la puerta, estacionan en doble fila 30 segundos y se van. Ellos pueden apoyar o no la lucha docente y nunca se va a saber, porque no se expresan. Hay otro grupo que, por disponibilidad horaria, voluntad o lo que sea, viene y hace un abrazo solidario. Son seis, a lo mejor por darte un número, sobre tres mil padres que puede haber en el Poli”, apunta y va a la repercusión pública que tienen esas movidas: “Como convocan a los medios y hacen distintas actividades para llamar la atención, la opinión que sale es la de ellos. Por eso, los respetamos como claustro reconocido dentro de la escuela, pero también entendemos que institucionalmente no tienen representación. Cada uno habla en su nombre”.

Cuando se les recuerda a los chicos que el año pasado un padre del Poli hizo circular un correo en el que pasaba el posible costo por hora de profesores particulares que reemplazarían a los docentes en huelga, Agustín sonríe y responde: “Hay padres que en serio creen que pueden llamar gente para que venga a reemplazar el rol que tiene un docente dentro del aula; pero toda persona pensante sabe que no va a dejar en manos de cualquiera la educación de sus hijos. Nosotros no queremos que cualquiera venga a darnos clases y más con toda la significancia que eso tendría durante un paro en defensa de la educación pública. Eso es menospreciar la tarea docente”.

Ignacio refuerza la idea: “Si estás haciendo un paro para defender la educación pública, justamente, no vas a estar pagándole a otro profesor para que tome el lugar del que está defendiendo su derecho”.

Y Agustín va cerrando: “Plantear que la solución al vaciamiento de la educación pública es agarrar y pagar para que venga un privado a dar clases es que no estás entendiendo nada. El que no puede pagar ¿qué hace? Se queda afuera mirando por la ventana o de caridad le dicen “entrá y no preguntés nada porque la clase se la tienen que dar a mi hijo. A veces, nos preocupa que haya gente que piense así; pero cuando supera cierto grado de ridiculez le dejamos de prestar atención, porque también son otro claustro, pueden pensar lo que quieran y nosotros no vamos a reaccionar en torno a todo lo que digan”.

Fuente: El Eslabón

Nota relacionada:
Estudiantes repudian nota de La Capital

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Un comentario

  1. adhemarprincipiano

    15/07/2017 en 16:01

    una mayoria conserva la memoria cinematografica de la escena de represion brutal en la escalinata [la caida de un cochecito con el bebe]del film mudo del ruso eisentein “el acorazado potemkin”. Hoy se esta produciendo esa misma escena en las calles y escaleras de nuestras ciudades de la republica. Cual es la actitud a emprender?. Dejar que peguen y asi van limando la resistencia?. Comenzar a insertar” grupos de choque”, para paralizar la golpiza, con toda la condecuencia a posteriori. Las entidades de los trabajadores [todas], deben asumir este desafio, es la obligacion y el deber de los dirigentes. No tienen otra.La responsabilidad no es para criar panza y money.-

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