“Queremos llegar al Congreso de la Nación para discutir la descentralización del poder en la Argentina”, ambiciona Caren Tepp (30), cabeza de la nómina de pre candidatas y candidatos a la Cámara baja por Ciudad Futura, mixta tras el veto judicial a la lista ciento por ciento femenina que habían presentado desde Ciudad Futura en un principio. En el recién estrenado Distrito Norte del partido, sentada en un sillón rojo furioso que podría ser la envidia de la conductora de Sobran los motivos (canal 5), la concejala mantuvo un mano a mano con Biopolítica en el que habló de sus orígenes militantes en Giros, su experiencia en el Palacio Vassallo y la campaña en ciernes.

—¿Cómo empieza tu historia política?
—Uno de los puntos es más personal, vinculado a la historia familiar. Vengo de la ciudad de Santo Tomé y mi papá fue toda la vida militante del radicalismo ahí. Cuando yo nací él era concejal y de muy chica no podía manejar esto de que mi viejo priorizara estar en una actividad pública y no con la familia. Pero con el paso del tiempo lo empecé a acompañar. A mi viejo le gustaba mucho, como buen alfonsinista, dar discursos y prepararse para la oratoria, y yo me escondía mientras él se armaba el sonido. Un día lo corregí y ahí fue como él también descubrió esa pasión que había inculcado en mí.
Después fue un descubrir colectivo cuál iba a ser mi proyecto de participación política, que no era para nada el radicalismo. Tuvo que ver con la decisión de venirme a estudiar Ciencia Política a Rosario, y descubrir a Giros. Mi viejo hizo un intento para que empiece a militar en algún espacio radical pero nunca tuvo sus frutos. Tenía como un interés muy grande en la militancia barrial, territorial y azarosamente los compañeros de Giros se reunían en una casa en el mismo edificio en el que yo vivía y así fue el acercamiento. Además compartíamos la misma facultad, ya que que la mayoría de los chicos estudiaba Comunicación y yo Ciencia Política.
En 2006 empiezo a militar en Giros, que nace en 2005. Siempre digo que el punto de inflexión fue paralelo con el ingreso a Política, el acercamiento con determinadas lecturas, particularmente de Marx. Mi acercamiento a esto del compromiso social no tenía que ver con un grado de formación académico y de política, sino por un compromiso que en las ciudades más chicas tiene que ver con otra cosa, y no tanto con un desarrollo intelectual. En ese momento Giros hacía en Nuevo Alberdi un trabajo particularmente con niños y niñas del barrio.

—¿Cómo fue ese proceso de Giros a Ciudad Futura?
—Giros nace como negación a las distintas formas de construcción política que existían hasta ese momento. Con un trabajo territorial pero con el objetivo siempre en el horizonte de construir un proyecto político. Había una vocación de poder construir un proyecto político que en el 2006 no teníamos ni idea cómo se hacía ni a dónde nos iba a depositar, ni qué tiempo iba a llevar. La militancia barrial no era vista como una militancia subsidiaria o como un hobby dentro de la vida de cada uno de los militantes, sino que había un fuerte compromiso a encontrar las claves de construcción política en el territorio.
El 2007 y la gran inundación de Nuevo Alberdi es un punto de inflexión para todos nosotros y creo que aceleró muchísimo los pasos de construcción en el territorio. Veníamos de unas primeras asambleas donde los vecinos nos empezaron a contar esta amenaza que existía sobre desalojos para la construcción de barrios privados en la zona, amenazas de desalojo por la obra de canalización del Ibarlucea, y una resistencia de alguna manera de esos vecinos de defender no solamente el derecho a la vivienda digna sino también al trabajo rural que era lo que les permitía su subsistencia y su modo de vida.
En las inundaciones de marzo de 2007 de Nuevo Alberdi, tanto en la zona urbana como en la rural el agua llegó casi al techo de la mayoría de las viviendas, arrancó un proceso de lucha y de organización mucho más veloz que nos llevó a hacer la primera medida de fuerza como Giros, y decidimos hacerla con un acampe frente a la Municipalidad. Había también ahí una discusión durante todos esos años acerca del método de protesta, de cómo hacíamos para que los estados o los gobiernos presten atención a los vecinos. Pero también cómo hacíamos para que la sociedad que no vivía o no conocía la realidad y las injusticias de ese barrio, pueda solidarizarse y sentir en carne propia esas injusticias.
Fue para nosotros un baño de realidad y de mucha responsabilidad. Ahí es cuando nos dimos cuenta de la responsabilidad que puede asumir uno como militante cuando hay muchas cosas en juego, de la vida de un compañero, de un vecino, de poder ponerme a la par del otro y dar esa pelea hasta el final. Ahí hicimos lazos con vecinos de Nuevo Alberdi que al día de hoy siguen y que son con los que después empezamos a construir esta idea de Ciudad Futura. Y fue encontrar la primera victoria en términos de reconocimiento, que desde el gobierno municipal y el provincial, que en ese momento no eran del mismo signo político, se logre el resarcimiento que nunca había ocurrido para el barrio de Nuevo Alberdi. Fue un mensaje para los militantes y para los vecinos: si nos organizamos y nos movilizamos, podemos.

—¿Que pasó a partir de ese momento en la organización y en tu propia experiencia militante?
—A partir de ahí bajó el agua, aparecieron los desarrolladores inmobiliarios, que fueron al otro día casa por casa, ofreciéndole dinero o apretándolos directamente para que dejen el barrio. Ahí también comenzaron los acampes cada seis meses o un año, en el distrito o en la Municipalidad. Y arrancó personalmente una necesidad de formarnos en un montón de temas que no conocíamos, estudiar la especulación inmobiliaria, el negocio de la tierra; la vinculación entre el Estado, los grupos económicos y una cantidad de cuestiones que no aparecían en las lecturas de cualquier militante de izquierda o las lecturas clásicas que uno tenía. Fuimos construyendo las herramientas necesarias, palmo a palmo con los vecinos. En un momento teníamos reuniones todos los jueves en Villa Hortensia con la Municipalidad, que negaba todo lo que estaba pasando en la zona.
Eso fue un viaje que nos llevó a todos los militantes de aquella época a tomar una decisión colectiva e individual, que tenía que ver con cómo darle sustentabilidad al proyecto político, a medida que nosotros crecíamos.
Yo había dejado la casa de mis viejos, y a medida que avanzábamos en los estudios universitarios, que teníamos que laburar, tuve que decir: «viejos, me voy a quedar a vivir en Rosario, y eso implica que me voy a poner a laburar para que no tengan que mantenerme como militante, sino que me voy a hacer cargo de esta decisión personal». Fue un proceso que cada uno resolvió personalmente pero acompañado del proceso colectivo. Éramos conscientes de que ese compromiso individual se convertía en una construcción colectiva y que ese colectivo dependía de cada una de esas individualidades, de hasta dónde estábamos dispuestos a abrazar la militancia como una forma de vida.

—¿En qué momento resolvieron proyectarse al Concejo Municipal y presentarse a elecciones?
—En 2010 logramos una victoria legislativa. Conseguir la aprobación del “Ya basta”, es decir la prohibición de los barrios cerrados fue una victoria, fue lograr determinadas respuestas por parte del Estado. Siempre entendimos, cuando arrancó la lucha en Nuevo Alberdi, que la batalla principal estaba en convencer al Estado de que tenía que acompañar al más débil en esta lucha desigual entre 200 familias que resistían el avance de la especulación inmobiliaria por un lado, y por otro el negocio de esos pocos que había avanzado en grandes sectores de nuestra ciudad y que no tenía límites, como contratar a tipos que vayan a amedrentar al barrio. No había ni siquiera un juicio. Los vecinos estaban expuestos, sin presencia del Estado, ante los especuladores. Pero siempre dijimos que esto se resolvía con la intervención del Estado.
Luego del “Ya basta”, se vino otro debate, que fue: ¿Y ahora qué? ¿Cuál es la vía? ¿La institucional, la electoral? Muchos nos decían: «Ahora que aprendieron a hacer ordenanzas, ¿quieren meter un concejal, quieren meterse en la vía partidaria?». En ese momento tuvimos un congreso muy importante para nosotros, en 2010, donde por un lado definimos una estrategia que se llamó Estrategia 2015. Ahí dijimos que a partir de ese año queríamos empezar a construir una alternativa para Rosario, pero también nos planteamos que todavía no era el tiempo adecuado para construir el partido político, sino que había que seguir en territorio, con mayor profundidad e intensidad, para poder demostrar hoy cómo es esa sociedad que nosotros queremos para mañana. Nos dijimos: «Dimos muerte a un ícono del neoliberalismo, como son los barrios privados, pero ahora tenemos el desafío de mostrar qué otras cosas pueden pasar en ese territorio». La idea fue salir de esa dicotomía del neoliberalimo, en término de construcción de ciudades, que plantea que las periferias de las ciudades o son villas de emergencia o son barrios privados.
Después de la ordenanza y previo a ese congreso, conocemos al tambo, porque aparecen unas topadoras y sin ninguna orden judicial le tiran la casa al cuidador e intenta arrasar la unidad productiva. Ahí es cuando nos contacta Oscar (Lisera) y comienza otra historia, con la resistencia del tambo y con la (escuela) Ética como proyecto educativo. Y en ese congreso definimos que determinados compañeros de la organización se iban a ir a vivir al barrio. A dar pelea, cuerpo a cuerpo, en la defensa de ese territorio.
En lo personal no lo dudé ni un momento. Y ahora extraño esos años. Fue experimentar la militancia desde otro lugar. Tuvimos que estudiar todo lo que hace a mejorar el proceso productivo del tambo y una cantidad de cosas. Y fue en ese mismo territorio donde años después tomamos la definición de construir Ciudad Futura.

—¿Qué lecturas y referencia sentís que te marcaron políticamente?
—Esto de estudiar Ciencia Política te acerca a una cantidad de lecturas, algunas de las cuales te marcan y otras pasan, unas te gustan y otras no. Me encantó la teoría sociológica, allí tuve la primera lectura de (Karl) Marx. (Antonio) Gramsci creo que es una de las principales lecturas que te aportan claridad y elementos para seguir pensando. Otras que no son de la teoría pero que te marcan, que te tocan una fibra personal, como “Amor y Anarquía” de Martín Caparros. Después tuve toda una época de lecturas zapatistas, durante la vida en el tambo. En los últimos años: Álvaro García Linera, que aporta al pensamiento latinoamericano y que además tiene esto de que está reflexionando sobre nuestro tiempo, tiene el valor de esas lecturas contemporáneas que te permiten nutrir el proceso. Todo el aprendizaje de Podemos en España, de los gobiernos del cambio y el municipalismo como los de Ada Colau en Barcelona.
Todas esas experiencias nos invitan a reflexionar y también a escribir, algo pendiente en Ciudad Futura que es poder hacer una mayor contribución de los aprendizajes que hacemos en la práctica política, o algunas lecturas post 2001, cómo trabajamos el término de la “prefiguración”. Una de las últimas lecturas, que una compañera me acercó el año pasado, que de alguna manera inspiró esta lista de las mujeres, que es la de Gioconda Belli, El País de las mujeres.

—Del País de las mujeres al Congreso ciento por ciento femenino, ¿cómo surge esta propuesta de presentarse a la Cámara baja de la Nación?
—Fue un proceso colectivo de varios meses. Porque nos dimos el tiempo de seguir priorizando la construcción a nivel local. Para tomar estas decisiones que tomamos en este 2017, arrancamos a mediados de 2016 en distintas asambleas con los compañeros, analizando la experiencia que hicimos en el Concejo, cómo era el vínculo con las distintas fuerzas políticas, si existía la posibilidad de prefigurar en 2017 algún tipo de confluencia hacia el 2019 para generar una alternativa de gobierno en Rosario. Por eso tomamos primero las definiciones en lo local, y presentamos la candidatura de Eduardo Trasante, y nos dimos un tiempo más para seguir debatiendo lo nacional. Veníamos pensando que había que dar respuesta a este entusiasmo que generó Ciudad Futura más allá de Rosario. Hay muchas localidades y no sólo de la provincia, que se venían contactando, con ganas de desarrollar algo.
También analizamos mucho esta coyuntura. Nosotros tuvimos, sin ser orgánicos de ninguna agrupación del kirchnerismo, un compromiso muy fuerte en 2015 en el balotaje, porque entendimos que el triunfo de Macri era un retroceso para nuestro país y para toda la región.
Creemos que estamos ante el desafío de expandir esta forma de construcción política. Así como en el año 2006 fuimos al territorio a buscar las claves de cómo se construía un proyecto político para la ciudad de Rosario, podemos ahora compartir una búsqueda para construir una alternativa para pensar un proyecto a una escala provincial y nacional, sin apuro y sin recetas. Creemos que las transformaciones en este siglo tienen que ver con empoderar a los municipios, a los gobiernos locales porque cuando más descentralizado esté el poder, más cercano y en manos de la gente común va a estar.

—¿Por qué quieren ingresar a la Cámara de Diputados?
—Queremos llegar al Congreso de la Nación para discutir la descentralización del poder en la Argentina. Muchas veces, en Giros y en Ciudad Futura nos tentaron con la construcción de una herramienta nacional. Y nosotros siempre nos planteamos que se arranca desde lo territorial y lo local. Se puede hacer un esfuerzo y generar una herramienta nacional, progresista, de izquierda, pero si llega a lugares de representación política e institucional y no se hace de una manera distinta, vamos a cometer los mismos errores de los últimos años de toda la región latinoamericana. A todos los gobiernos, con sus sesgos, si hay algo que no les faltó es voluntad política. Pero definitivamente con la voluntad política no alcanza, es necesario que cuando lleguemos a esos lugares de representación política, estatal, haber podido construir no sólo las respuestas a cómo se gestiona o cómo se puede organizar la sociedad de modo más igualitario y más justo, sino también generar un tipo de poder distinto.
El Estado es sólo un poder más, importante, que tiene que ser lo más democrático posible. Pero sin un proceso de organización territorial y de movilización fuerte, de abajo hacia arriba, hay determinadas cuestiones que no se puede hacer, porque los poderes fácticos de nuestro país, de toda la región e internacionales, tienen un poder de fuego mucho más grande que el que puede tener cualquier representante institucional. Cuando lleguemos a ese lugar, y querramos democratizar el poder, redistribuir los recursos, tocar intereses para que todos podamos vivir mejor es necesario tener una fuerza organizada para sostener desde el territorio esas transformaciones.

 

Más notas relacionadas
Más por Juane Basso
Más en El Eslabón

Dejá un comentario

Sugerencia

Reforma previsional: marchas, represión y paro de la CGT

El ajuste de Macri genera cada vez más rechazos. Gendarmería reprimió a movimientos social