Majo Gerez (33) encabeza la lista de postulantes al Concejo Municipal del Frente Social y Popular (FSP). Nacida en San Nicolás y rosarina por adopción, como buena parte de los habitantes de la ciudad –y de los candidatos en estos comicios–, la dirigente del movimiento Patria Grande y referente del movimiento de mujeres encara la campaña con la militancia social y el feminismo como banderas. “Construimos desde una izquierda popular, la lucha contra todos los sistemas injustos, no sólo el capitalismo, sino también contra el patriarcado como sistema de dominación”, expresó en un profundo reportaje con Biopolítica.

—¿Dónde ubicas el inicio de tu historia política?
—Creo que el inicio de la historia política de cualquiera no es cuando empieza a militar, sino esos primeros debates que en algún punto nos generan preguntas. En mi caso siempre fue algo bastante más familiar, y tiene que ver por con mi viejo y su militancia sindical. También en el barrio donde nací, en esto de organizarse con los vecinos y las vecinas por las condiciones de vida que se dan sobre todo en los barrios populares. Un poco desde ahí y sobre todo algo que mi viejo me decía cuando era chica: que cualquier derecho que necesitemos, que haya que conquistar, siempre va a ser de manera organizada.
Cuando me vengo a Rosario a estudiar, me organizo por primera vez en el Santiago Pampillón, en Comunicación Social, a los 20 años. Desde esa agrupación estudiantil, construimos lo que fue primero una organización nacional, que contenía movimientos sociales, que me permitió también tener inserción territorial, sobre todo en la zona sur de la ciudad, desde la educación popular, y que en los últimos dos años le dimos el nombre de Patria Grande y es donde milito y pertenezco.
En los últimos tiempos también estoy muy focalizada en lo que es el feminismo popular, en colectivos como Mala Junta o Ni Una Menos. Soy militante desde hace mucho tiempo y mi vida transcurre en eso, en la construcción y en la apuesta siempre por lo colectivo. Me siento militante de un campo popular que es diverso, amplio en Argentina, que seguramente aún le falta mucho, sobre todo en términos de unidad. Quienes venimos más de movimientos sociales surgidos en determinado contexto de la Argentina, como la crisis de representación pos 2001, hemos encontrado en el Frente Social y Popular la posibilidad de pensar instituciones como un Consejo Municipal, o una Cámara de Diputados, un proyecto de ciudad y de país, una nueva apuesta, una trinchera más de disputa y de construcción de la ciudad que nos merecemos.

—¿Qué características tuvo esa familia atravesada por la militancia gremial?
—Yo nací en San Nicolás. Mi viejo estaba en el Sindicato de la Asociación Judicial Bonaerense, y desde chica estuve en contacto con gente de la CTA, que venía construyendo otro tipo de sindicalismo. En mi casa siempre hubo debates, reuniones, siempre que había un problema en el barrio era como el espacio al que se recurría, era una casa medio a puertas abiertas.
Estoy acostumbrada desde chica a ese ejercicio, muy de lo colectivo y lo militante, de poner el cuerpo todos los días.

—¿Qué referencias y lecturas te marcaron?
—En la universidad, aunque un poco ya la traía, lo que fue la revolución cubana. Fidel y el Che como faros, pero también era como muy de otra época. Luego, apenas empiezo a militar, me marcó la masacre de Avellaneda y la figura de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Marcan en algún punto a la generación de la cual vengo, que es esa generación del 2000. Después el recorrido de lecturas y miradas que si bien siempre fueron más desde la izquierda, también del pensamiento nacional y popular. Y en el último tiempo muy marcada por la cuestión del feminismo. Siempre desde una perspectiva muy latinoamericana . La figura de Hugo Chávez Frías y el hecho de haber estado en Venezuela fueron como muy determinantes, para pensar el Socialismo del siglo XXI. Evita, Fidel, el Che, Chávez, Evo. También recalcar, las que venimos del feminismo, Simone de Beauvoir. Pero también muchos ejemplos argentinos y cotidianos. Creo en la posibilidad de inventarnos todo el tiempo, de no quedar atravesados por dogmas, sino con construir un pensamiento, en el siglo XXI, que recoja las mejores tradiciones de los pueblos.

—¿Cómo se hace presente la militancia feminista en tu vida?
—Creo que todo está atravesado en algún punto por esos movimientos sociales de donde venimos. Se me viene la imagen de cada 26 de junio ir al puente Pueyrredón a pedir justicia por los compañeros (Kosteki y Santillán), y el contacto de estar construyendo una organización con movimientos tan potentes en ese entonces como el Aníbal Verón. Recuerdo de haber pasado un 26, que tuve la posibilidad de cruzarme con una asamblea de mujeres de la Verón, y ver que las compañeras se estaban organizando y que estaban discutiendo cómo viajar a un Encuentro Nacional de Mujeres, pero discutiendo también su lugar en la organización. En casi todos los movimientos, la mayoría somos mujeres. Y las primeras que salen, sobre todo en momentos de crisis, como está pasando hoy. El debate de aquel 26 tenía que ver con cuál era nuestro lugar en las organizaciones, porque siempre somos las que mayor participación tenemos, las que estamos en casi todas las movidas, pero los lugares de decisión siempre eran hegemonizados por los varones. La cara pública, los voceros, el que se sentaba a negociar con el gobierno después de cada piquete y demás. Y fue como muy clara la identificación donde siempre te sentís como mucho más evaluada con respecto a los varones, que son tus compañeros. Y me parece que eso fue como un click, en donde dije «bueno che, acá algo que una piensa, que siempre le pasa a una, tiene que ver con que evidentemente es una problemática que nos atraviesa por ser mujeres».
Ese mismo año viajé por primera vez a un encuentro Nacional de Mujeres, fue en 2007 si no me equivoco. Y eso me cambió para toda la vida. Fue como el primer gran paso a esto que en los últimos años fue cobrando mayor protagonismo y hoy es el movimiento social más dinámico de la Argentina, y que además está anclado también a las resistencias latinoamericanas y hasta del mundo.

—¿Qué potencia tiene hoy el movimiento de mujeres?
—Creo que estamos en el momento de que activamente produzca transformaciones en las sociedades. Al mismo tiempo una dice «¿cómo no pueden cambiar algunas cuestiones tan básicas?». Hablo del acceso a derechos de las mujeres, de las identidades disidentes, de la diversidad sexual, y que aún por más visibilidad que tengan siguen bastantes postergadas o sub jerarquizadas respecto a otras. Y me parece que eso es como algo que es nuestro tiempo, que es ahora y por lo cual miles y cada vez más nos organizamos en los encuentros nacionales. El año pasado en Rosario fuimos 70 mil mujeres, y en su gran mayoría autoconvocadas. Eso habla de una construcción de masas y de un fenómeno que es muy importante, pero que aún genera un montón de resistencia. Tenemos grandes movilizaciones y crecen las cifras de femicidios, lo cual habla de lo estructural y estructurante que es el patriarcado. Por eso también entendemos, quienes construimos desde una izquierda popular, a la lucha contra todos los sistemas injustos, no sólo el capitalismo, sino también el patriarcado como sistema de dominación.

—¿Qué te llevó a vos y a tu espacio a presentar tu pre candidatura?
—Creo que tiene que ver un poco con la lectura del momento y los procesos que vivimos. Pensar los grandes cambios, los gobiernos progresistas que han avanzado mucho más allá del progresismo en Latinoamérica, y que han construido por la vía electoral las posibilidades de cambio que ahora estamos tratando de defender. Veníamos construyendo en distintos territorios, de la manera más genuina y horizontal, por la base, y vimos que era necesario también estar ocupando esos lugares institucionales porque evidentemente tenemos mucho para decir y para volcar, y por transformar. Así fue que desde Patria Grande, que tiene apenas dos años como organización, asumimos el compromiso en Santa Fe de construir lo que es el Frente Social y Popular, un frente que aglutina a muchos espacios muy diversos, en donde tenemos muchas diferencias pero también bastantes acuerdos sobre cuáles son las realidades más acuciantes y urgentes.
Hace dos años que hemos hecho una primer experiencia electoral que fue muy buena donde entraron Carlos del Frade y Mercedes Meier a la legislatura provincial y Celeste Lepratti en el Concejo Municipal.

—¿Cuáles son los principales problemas de la ciudad que hay que trabajar desde el Concejo?
—Nosotros creemos que hoy el Concejo está muy estancado. Quienes nos gobiernan en la ciudad, han abandonado muchas de sus banderas progresistas originales, y eso se ve muy claramente cuando uno ve la concentración de recursos que hay en la zona céntrica de la ciudad y el abandono completo en los barrios donde no hay luces en las calles, llueve y los vecinos no pueden salir a tomarse los colectivos que, además, ya no entran a un montón de zonas.
El narcotráfico y la permisividad que se ha tenido por parte del gobierno construyen niveles de violencia en los que nuestros pibes y pibas son los más desprotegidos, y ahí el gobierno municipal ha mirado hacia un costado, se ha vaciado de políticas sociales.
Lo mismo pasa con las políticas de género, en algún momento desde esta ciudad se han tomado medidas que fueron hasta novedosas, y hoy vemos que están muy por lo bajo de las demandas del Ni Una Menos. A la mayoría de los jóvenes se nos va la vida pagando el alquiler y sufriendo un nivel muy alto de desempleo, de cierre de fábricas; los comerciantes la están pasando muy mal producto de los tarifazos; vemos que no hay proyecto para la niñez y la juventud; que no está habiendo medidas concretas por parte de la ciudad a la hora de proteger a las mayorías. Hay una concentración de las riquezas y una expulsión, sobre todo de las mayorías, a la periferia de la ciudad.
Eso tiene que ver un poco con los debates que hoy creemos que son urgentes y estratégicos. Pensar cómo volvemos a hacer que Rosario recupere sus banderas de la soberanía, el trabajo, la igualdad, cuando se ha convertido en los últimos 30 años en una de las ciudades más desiguales y violentas.

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