“Los administradores de edificios y las empresas de limpieza fantasmas han armado en Rosario y toda la provincia una sociedad anónima. Contratan gente en negro, sin cumplir el convenio colectivo de trabajo, aparecen y desaparecen cuando quieren”. La denuncia de Humberto García, secretario general del Sindicato de Encargados de Edificio (Suteryh), data de hace tiempo. Empezó a hacerse notar hace unos meses, aunque él asegura que la problemática arrancó hace unos años y va en crecimiento. Lo cierto es que la precarización en el sector crece a la par de la crisis: cada vez son más los que agarran cualquier trabajo bajo cualquier condición y las propiedades horizontales no son ajenas.

Humberto García tiene una oficina diminuta, sin ventanas, apenas un escritorio y dos muebles. El lugar, sin embargo, no expulsa a las visitas, sino que resulta bastante acogedor. El primer recibimiento al lugar lo dan dos cuadros: uno del general Juan Domingo Perón, el otro de Evita. A un costado, sobre su escritorio, aparece una foto enmarcada de Víctor Santa María, el encargado nacional del gremio. García hace desde 2013 que está al mando de la gestión en Rosario, pero lleva 32 años participando activamente en el sindicato. Conoce el convenio colectivo de trabajo y la ley madre del gremio de la cabeza a los pies, y no para de citarla. Y está claro que conoce el conflicto con las empresas fantasmas desde que aún no era un conflicto.

El conflicto, explicó García, empezó hace unos ocho años, cuando las administraciones de los edificios –no los consorcios, remarca él– empezaron a despedir a encargados de edificios y a contratar empresas de limpieza fantasmas o a trabajadores por fuera del convenio. “Un administrador puede tener varios edificios, 200 por ejemplo. En cuarenta tiene encargados y el administrador se registra en el gremio así, pero los otros 160 los hace una persona o una empresa, y eso está en negro”, ejemplificó. El trabajo precarizado en un edificio abarca todos los frentes: que no se pague ningún plus (por pileta o jardín, por ejemplo), que se pague parte en negro, que se trabaje sin ART, que despidan a los trabajadores de un día para el otro sin causa ni indemnización.

La situación para los encargados de edificios se repite en toda la provincia. El gremio tiene casi 3000 afiliados pero la cifra está en baja a medida que crece esta situación. “Nosotros lo que estamos haciendo es perseguir al trabajo informal. El administrador tiene que pagar lo que corresponde. Los consorcios por lo general son ajenos. Ni los inquilinos ni los dueños saben qué es lo que pasa, pero deberían estar atentos. Ver que la empresa que limpia su edificio al menos esté habilitada. Quien paga mal, paga dos veces”, advirtió García.

La mayoría de estas empresas de limpieza contratadas por las administraciones no tienen lugar físico ni están registradas. Aparecen unos meses y después desaparecen, cambian de nombre y nunca se sabe a quién denunciar ni dónde hacer un juicio. La mayoría se relaciona con sus empleados por teléfono: les dicen a dónde tiene que ir a trabajar y a qué hora, también les dicen por dónde pasar a cobrar. “Hacen lo que quieren”, resumió García. Si el sindicato se entera de esta situación es porque son los propios trabajadores despedidos los que se acercan al gremio a denunciar. La mayoría de estas personas son mujeres, un 80 por ciento, estimó García, casi todas sostén del hogar. La falta de trabajo en el país se suma a esta circunstancia: todos y todas necesitan un laburo, a como dé lugar.

Fuente: El Eslabón.

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