El referente provincial del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y candidato a diputado nacional por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), Octavio Crivaro, repasó su historia política y planteó los ejes principales con los que encaran esta campaña de cara a los comicios generales de octubre. Además, denunció que el Tribunal Electoral de Santa Fe pretende proscribir la nómina de candidatos a concejales que se presentó en las pasadas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso). “Nuestra participación en las elecciones es un eslabón en una pelea de más largo aliento”, señaló en una extensa entrevista con Bíopolítica, el segmento audiovisual del diario digital Redacción Rosario.

—¿Dónde ubicás el inicio de tu historia política?
—Primero en una biblioteca. En mi casa, mi viejo, si bien era una influencia desde el punto de vista político más bien tirando a gorila antes que a la izquierda, sí había una gran disposición a los libros. Sobre todo a literatura. Y dentro de eso también a literatura política o por lo menos mundos que te abrían a eso, como Roberto Arlt, al propio (Ernesto) Sábato sobre el que ahora tengo otro concepto, pero que te permitían entrar a un mundo que después me llevó también a tener inquietudes políticas desde muy temprano.
Y después la ciudad. Yo nací en Bahía Blanca, vos sabés muy bien que es una ciudad muy conservadora, con una impronta militar muy fuerte, con un diario (La Nueva Provincia) que todos los días, no sé cómo será ahora, pero en ese momento todos los días estaba a metralla limpia tratando de instalar versiones y hablando aún en ese momento de la guerra contra la subversión, etc. Y eso era como que, o te amoldabas o te generaba un rechazo corporal muy grande.
Después desde muy chico empecé a leer marxismo. Me acuerdo en los año 90/91 tratando de agarrar libros de Lenín, tratando de conseguir libros de Marx. Frecuente en ese momento un poco al PC (Partido Comunista), obviamente no quedé ahí. Y apenas cuando fui a estudiar a Buenos Aires me dije «Yo quiero militar y quiero militar en el trotskismo». Apenas llego a Buenos Aires empiezo a militar en el PTS y aquí estoy.

—¿Y en tu casa había una identidad partidaria marcada, se hacía presente la política?
—Estaba presente de otra manera, estaba presente en la historia. Mi familia paterna es del radicalismo intransigente, bien de impronta radicheta. Y la familia de mi vieja de extracción peronista, pero una impronta menos fuerte sobre mí. La política estaba siempre presente y sobre todo yo creo que si uno piensa en la época, al final de los noventa, con el hartazgo con el menemismo y al mismo tiempo la decadencia económica que golpeaba muy fuerte, hizo que muchos, incluso radicales y todo, viren rápidamente a una especie de nihilismo, de descrédito absolutamente y mi viejo fue parte de eso. Bien sabatiano por llamarlo de alguna manera.
Para mí esa desazón fue una busqueda de decir «bueno, tiene que haber alguna otra salida que no sea la decadencia del alfonsinismo». Obviamente tampoco lo que estaba haciendo el peronismo, que estaba liquidando la economía. Entonces fue la búsqueda de la izquierda. Me acuerdo que en ese momento fue (Luis) Zamora a Bahía Blanca a dar una charla y yo no sé cómo me enteré pero fuí a verlo. Y también creo que como yo musicalmente escuchaba mucho The Clash, muchas bandas punk, me llevaron a problemáticas, inquietudes y a odios que tenían que ver con el mundo de la izquierda.
Creo que ya estaba medio condenado a terminar donde terminé, no había mucha forma en lo que buscaba, en lo que decía y en lo que lo relacionaba con la sociedad bahiense, que era una sociedad muy pero muy complicada.

—¿Qué lecturas y referencias políticas te marcaron políticamente?
—Imaginate un pibe de Bahía Blanca, que la dirigía (Emilio) Massera en la sombra más o menos; donde Astiz caminaba por la calle, tal vez, con los padres de conocidos tuyos. Llegar a Buenos Aires para mi fue una apertura impresionante. Me acuerdo que ahí busqué rápidamente el marxismo, supe que el PTS hacia una cátedra libre Karl Marx, con Cristian Castillo, que fue sin dudas la persona que en ese momento formativo más me golpeó.
También la militancia en Enclave Roja (brazo universitario del PTS). Llegar a un lugar y que haya tanto ambiente a libertad, con tantas peleas políticas, tanto despliegue y desfachatez, fue una cosa que me impactó mucho.
Ahí fui un lector voraz. Ya era un lector voraz de literatura y cambié rápidamente a ser un lector voraz de literatura política, de Marx, de Trotsky. Fue el momento en que más consumí literatura y más me armé de un basamento ideológico y aparte la carrera misma (Sociología), que también ayudaba por lo menos en ese momento.
Yo iba a todo tipo de luchas que se daban contra cierres y despidos. Iba a cada conflicto que había. Hay muchas veces que gente que entra a militar, dura poquito. En ese momento me dije que quería esto, es lo mío. Después ya empezaron los conflictos estudiantiles en los que tuve un rol protagónico, participé activamente y ahí dije «listo, me quedo».

—¿Dónde te encontró el estallido del 2001?
—El 19 de diciembre de 2001 a la noche, cuando fue el cacerolazo contra De la Rúa, contra el estado de sitio, salí a la calle y me crucé con otros estudiantes, nos miramos y nos dijimos «¿Qué es esto?». Entonces empezamos a discutir, si era una insurrección, un levantamiento. Fue creo que para muchos, o mejor dicho para toda una generación posterior a la que mató la dictadura, la primera vez que pudimos ver algo así, algo que surge, que emerge impetuoso, más allá de las definiciones, más allá de los límites, más allá del análisis más político, científico. Pero fue la primera vez que se pudieron ver masas diciendo basta, tirar un presidente odiado. Yo estaba organizandome para ir a pasar Navidad a Bahía Blanca, tenía el bolso hecho, y terminé en Plaza de Mayo doce horas seguidas, tirando piedras y recibiendo los gases de la caballería. Fue una cosa realmente fuerte para todos los que participamos ahí. Y no solo ahí, sino acá también en Rosario.

—¿En qué momento te venís para Rosario?
—Eran los días en que se discutía la 125. Me pedí el pase en el trabajo (en Ansés). Yo ya conocía muchos compañeros y compañeras de Rosario, siempre me encantó Rosario y hacía falta dar una mano. En mi caso, en su momento surgió la posibilidad de venir acá a dar una mano, que es una ciudad y una cultura que a mí siempre me ha interesado y me vine así con el bolsito sin dudarlo mucho.

—¿Con qué te encontrás en Rosario?
—Rosario me parece a mí una ciudad muy careta. Es una ciudad muy bifronte, es una ciudad que vos tenés una cultura reconocida, incluso mundialmente o por lo menos a nivel nacional, con su música, con sus cantantes y con su progresismo más allá del gobierno, con un piso ideológico más o menos alto de tolerancia a determinadas cosas, al aborto, al rechazo a los militares, etcétera. Pero yo creo que por lo menos desde que la piso y la camino y la habito, ha crecido mucho el nivel de cosas que se ocultan detrás de una fachada linda. Me acuerdo de los primeros casos sonoros de gatillo fácil. Cuando fueron tantos casos, tantos encubrimientos, creo que hay una acumulación de situaciones de ese tipo, de muertes, de impunidad, desapariciones y cosas que son encubiertas que hacen que Rosario muestre dos realidades. Una realidad que es la que obviamente muestra el gobierno provincial, y también la secretaria de turismo, con postales de una ciudad hermosa, con el río, la gente que sonríe en le parque España o en el parque Urquiza. Después hay una alfombra en la que se mete un montón de basura abajo, pobreza creciente, injusticias políticas, un nivel de descontrol de las fuerzas de seguridad, no porque quiera que el socialismo las controle pero por lo menos señalar que no las controla, creo que ha estallado de una manera bastante caótica y que obviamente tiene muchos costos.

—¿Cuáles son las principales problemáticas que tiene la provincia, sobre las que te parece debe trabajarse en Diputados?
—Santa Fe es una provincia muy diversa, es difícil considerarla una provincia sola porque no tiene nada que ver el norte con el centro, los centros suburbanos con el campo o por lo menos las zonas rurales. Y ni hablar del norte que es una región absolutamente diferente, con tierras mucho más pobres que las del sur. Es muy difícil determinar algo que cruce a todo, pero se me ocurren por lo menos dos cosas. Una es que hay una preocupación muy grande, que se ve en los lugares donde efectivamente la crisis pegó, que es el empleo. En Rosario y alrededores ya pegó, es evidente. Ayer vi una cifra que dice que se han perdido 20 mil puestos en privados. La realidad de Mefro Wheels más allá de todos los paseos que hacen los dirigentes en campaña, General Motors, el taller ferroviario o Arzinc previamente. Hay montones de sectores que van perdiendo trabajo, van vaciando empresas. Y hay una política consciente del gobierno en general de minimizar eso y decir que son casos aislados. Y no son casos aislados.
Vos vas a otras ciudades y quizás eso no golpeó tanto, pero son lugares. Cañada, las Toscas, son un tembladeral y se siente así. Esos lugares de producción de maquinaria agrícola, que tiene una industria metalúrgica importante, es todo un sector que depende de una sóla variable de la economía. Si eso cae, si cae el precio de la soja más de lo estipulado, te puede llevar puesto a miles de puestos de trabajo.
Y después yo creo que si vos queres discutir Santa Fe tenes que discutir el río Paraná. Tenés que discutir una columna que se lleva los recursos más valioso de nuestra provincia. Como decía Trotsky respecto de México: «La sabia de la tierra mexicana que se va por el río». Que haya multinacionales que controlan la entrada y salida del río es una cosa que no solo va contra la concepción socialista de soberanía, sino contra la más mínima concepción de nacionalismo light de soberanía. Acá, Cargill y todos esos, deciden qué entra y qué sale. Discutir Santa Fe es discutir el puerto. Hay que discutir el monopolio del comercio exterior.

—¿Qué es el FIT y qué se propone?
—Es una alianza política que tiene un eje de independencia de los sectores patronales. Estamos contra los sectores que en su momento apoyaron al campo, aún en momentos en que fueran opositores a un gobierno. Tampoco apoyamos a los sectores que subordinaron a la agenda de un kirchnerismo que tuvo a (César) Milani, represiones como la de Lear, que tuvo Julio López, en un momento que estamos volviendo a ver lo de (Santiago) Maldonado, que tuvo todas las cosas que la izquierda señaló todo este tiempo.
El FIT es una fuerza que logró el objetivo de llevar las ideas de la izquierda más allá del cero coma algo. La última elección sacó un millón de votos. Y que tiene continuidad.
Somos una fuerza que quiere cambiar la realidad de raíz, no somos una cooperativa que quiere meter diez diputados.
Somos una fuerza que no sólo quiere sacar votos. Queremos que los votos tengan que ver con una construcción dentro de los sectores trabajadores, dentro de los sectores de una industria que está abandonada por la burocracia sindical, obviamente también dentro de la vida intelectual, dentro del movimiento estudiantil. Nuestra participación en las elecciones es un eslabón en una pelea de más largo aliento.

—¿Por qué desde el FIT están denunciando que son proscriptos por las autoridades electorales de la provincia?
— El tribunal electoral hizo toda la elección sin aclarar qué criterio utilizaría para definir qué listas pasaban las primarias. Durante toda la semana del escrutinio definitivo la única voz que habló en el tribunal fue para decir de manera clara que el criterio que utilizaría era el umbral del 1,5 por ciento de los votos válidos, que en el caso de Rosario son unos 11.960 votos. Todo el escrutinio fue así, eso permitía que pase nuestra lista (de concejales que encabeza Virginia Grisolía). No casualmente hay una lista que está en una situación similar del Frente Social y Popular de Rafaela, y otra que se llama Barrio 88 en Santa Fe, que tiene una relación política con Ciudad Futura. Tres listas que sacando las diferencias que podamos tener, no somos de los partidos tradicionales, no nos financian empresarios o lo que fuera. Terminado el escrutinio, el juez de la Corte Suprema de Justicia de la provincia, que es un pobre hombre que gana 250 mil pesos por mes para hacer una labor muy importante, definió que el criterio no debía ser como se había dicho, que era un disparate, y dijo que el criterio que se va a aplicar es el del 1,5 por ciento del padrón. Nosotros lo que discutimos es que existen dos recursos que plantean que en los casos de la alianzas que no tienen internas, que tienen una sola lista, es absurdo que le apliques un piso, y encima un piso del padrón, de un padrón que por ejemplo en el caso de Rosario votó el 60 por ciento más o menos. Tal es así que hubo ciudades donde como ninguna alianza tenía internas, todas las listas pasaron a octubre sin hacer elecciones primarias, es decir que a esos no se les está aplicando un piso. Pero a nosotros sí nos aplican un piso. Es un mamarracho. Yo (con la lista de diputados) ya pasé a octubre. Pero en el caso de nuestra lista de candidatos a concejales nos obligan a toda una serie de impugnaciones y dar una batalla en un terreno desfavorable, como el de la camarilla judicial que tiene la última palabra a través del titular de la Corte de Santa Fe.

 

 

 

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