Muchos medios y agencias de noticias muestran por estas horas con especial interés el récord de masacres cometidas en EEUU para compararlas con la perpetrada en Las Vegas, pero poco dicen del lado oscuro del sueño americano.

Según la agencia Télam, y muchos medios de comunicación, “la cifra de fallecidos en este ataque a Las Vegas, que podría aumentar dado que algunos heridos se encuentran en estado crítico, supera a los 49 muertos del 12 de junio del año pasado en el club nocturno Pulse de Orlando, estado de Florida, a manos de un estadounidense de origen afgano que fue abatido por la policía”.

Los números apabullan, pero no ayudan mucho a desentrañar por qué los EEUU son el país que registra tan trágicos récords. Poco se esmera la mayoría de ellos en escarbar en lo profundo de las causas de esas masacres.

Por ejemplo, se soslaya el origen de una tradición de la que los yanquis hacen permanente alarde: la posesión y uso de armas de fuego desde que se fueron constituyendo como nación.

Resulta sorprendente que un país que ha hecho de la propaganda de ese rasgo uso y abuso a través sus industrias televisiva y cinematográfica no genere comentarios, opiniones o análisis luego de los horrores que cada tanto cometen sujetos o grupos armados hasta el trasero.

Tampoco se menciona, salvo contadas excepciones, el criminal proselitismo que realiza la Asociación Nacional del Rifle, o National Rifle Association, en inglés, que aboga por “el derecho a poseer armas tanto para la defensa personal como para actividades recreativas”.

Foto: expansionmx

Algunos de sus miembros destacados ya murieron, como John Wayne o Charlton Heston, pero Sarah Palin, por ejemplo, es una política republicana partidaria, y no cualquiera: en 2008 fue candidata a la vicepresidencia por ese partido, con chances ciertas.

¿De qué se defienden los tiradores que asesinan a chicos discapacitados en un colegio? ¿De qué temible enemigo se pretenden cubrir los que se parapetan en un sitio que les permita masacrar a gays, musulmanes, transeúntes o lo que les pase por su desquiciada cabeza?

Foto: Erik S. Lesser / EFE

El vicepresidente ejecutivo de la Asociación Nacional del Rifle, Wayne LaPierre, señaló, luego de la masacre de Newtown, que “el número de miembros de la asociación alcanzó la cifra récord de cinco millones de personas”. No contento con eso, se ufanó: “Estamos en medio de una lucha única por todo lo que nos importa. Nosotros tenemos la oportunidad de asegurar una libertad para toda una generación o perderla para siempre”. En Newton, un joven de 20 años, Adam Lanza, antes de suicidarse, mató a 26 seres humanos, entre los cuales 20 eran niños que asistían a la escuela primaria de esa ciudad del estado de Connecticut. El día anterior había matado a su madre en su casa.

Foto: AP

Poco después, en 2013, el Senado estadounidense votó en contra de un sistema de verificación de antecedentes que incluía a compradores privados en ferias de armas y en línea, tal como lo consignó, entre otros medios, el portal mexicano de noticias Expansión.

¿Una cuestión estadística?

Siguiendo con lo que este lunes pregona Télam, “los principales ataques armados con múltiples víctimas, sin relación con la delincuencia, ocurridos en las últimas décadas en Estados Unidos con más de 10 víctimas mortales son los siguientes”. Y la agencia oficial de noticias enumera:

  • 1º de agosto de 1966: Charles Whitman, tirador de élite, mata a 16 personas desde la azotea de la Universidad de Austin, estado de Texas. El día anterior había matado a su mujer y a su madre.
  • 18 julio 1984: Oliver Humberty, veterano de Vietnam, asesina a tiros a 22 personas en un restaurante en San Diego, estado de California, antes de ser abatido por la policía.
  • 20 agosto 1986: Patrick Henry Sherrill, un cartero estadounidense amenazado de despido, mata a tiros a 14 personas en una oficina postal de Edmond, estado de Oklahoma.
  • 29 diciembre 1987: Gene Simmons, sargento retirado, enloquecido por sus problemas económicos, mata a 16 personas, entre ellos 5 miembros de su familia, en Russellville, estado de Arkansas.
  • 16 octubre 1991: El camionero George Hennard mata a 22 personas en una cafetería de Killeen, estado de Texas, antes de suicidarse.
  • 20 abril 1999: Dos estudiantes matan a 13 personas y hieren a 23 en la escuela de Columbine, en Littleton estado de Colorado, antes de suicidarse.
  • 16 de abril de 2007: Seung-Hui Cho, de 23 años, mata a 32 personas y se suicida en el campus universitario en Blacksburg, estado de Virginia.
  • 5 de noviembre de 2009: El psiquiatra militar Nidal Hasa mata a tiros a 13 personas en el Centro de Procesamiento de Preparación de Soldados en Fort Hood, estado de Texas.
  • 14 de diciembre de 2012: Adam Lanza mata a 26 personas, entre ellas 20 niños, en una escuela primaria de Newtown, estado de Connecticut, antes de suicidarse. El día anterior había matado a su madre en su casa.
  • 16 de septiembre de 2013: Aaron Alexis mata a 13 personas antes de acabar con su vida en el Mando de Operaciones de la Armada en Washington DC.
  • 1 de octubre de 2015: Diez personas, incluido el agresor, mueren en un tiroteo en un centro universitario de Oregon.
  • 2 de diciembre de 2015: 14 personas mueren en un tiroteo registrado en un centro de ayuda para discapacitados en San Bernardino, estado de California, protagonizado por el matrimonio formado por Syed Farook y Tashfeen Malik.
  • 12 de junio de 2016: El ciudadano estadounidense de origen afgano Omar Mateen mata a 49 personas en un club gay de Orlando, estado de Florida.

Números. De matadores y de muertos. De años, meses y días. Nombres de ciudades, de estados y establecimientos en los que se desarrollaron las carnicerías cometidas por diferentes personas en un territorio común, Norteamérica, la tierra elegida para que se desenvuelva el Sueño Americano, el American Dream.

Y pese a que también se contabilizan algunas de las principales características de los matadores, pocos hacen hincapié en palabras que echan dramática luz sobre los hechos. Así, un tirador de élite, veteranos de Vietnam, un cartero amenazado de despido, un sargento retirado, enloquecido por sus problemas económicos, un camionero, estudiantes, un psiquiatra militar, pasan a ser sólo parte de una estadística.

Esos oficios, esa experiencias, quedan incluso sepultados por el número de víctimas, quedan enmascarados por el final casi siempre trágico del propio agresor, que es muerto por la policía o se quita a sí mismo la vida.

¿Quién se pregunta a quién mató antes y adónde ese tirador de élite que un día se levantó de su cama dispuesto a matar a su mujer y su madre y después se puso a desparramar el horror desde la azotea de la Universidad de Austin, en Texas? ¿Corea? ¿Viet Nam? ¿Camboya? Hoy es un número más. En 1966 tal vez se haya escrito sobre su historia, en la era de la posverdad no importa demasiado.

¿Qué habrán pensado acerca del American Dream aquel cartero, ese sargento abrumado por la situación económica? A Ronald Reagan le faltaba un año para irse, después de haber dejado su maldito tendal de desocupados y fábricas cerradas, pero no parece que ello deba ser siquiera ponderado. Se trata de hacer bien las estadísticas, no más ni menos que eso.

Está claro que no todos los yanquis afectados por las guerras imperiales adonde los mandan, ni todos los desahuciados por los reaganomics, salieron a vaciar los cargadores de sus rifles en los cuerpos de otros ciudadanos. Pero no se cuentan financistas, empresarios ni generales entre los masacradores. Son siempre miserables despojos, excreciones del sistema, sujetos que tal vez, sólo tal vez, pudieron ser mejores personas en otro contexto. Pero que, y eso es indiscutible, pelearon las guerras que otros planificaron, se quedaron sin trabajo mientras se promovía la felicidad colectiva que vendría por derrame, o se pasaban horas frente al televisor viendo cómo la vida era poco menos que un videojuego.

En estas ocasiones, además, hay una estadística que no aparece, y preguntas que no se formulan:

  • ¿Cuántos soldados o civiles mataron en esas guerras lejanas quienes después matan a sus compatriotas para luego autoinmolarse o caer bajo las balas de la policía yanqui?
  • ¿Cuánto sadismo estuvieron compelidos a practicar en el campo de batalla al que fueron trasladados?
  • ¿Intervinieron en Nicaragua? ¿En El Salvador? ¿La ex Yugoslavia? ¿Irak? ¿Afganistán? ¿Siria?
  • ¿Dónde se produjo el click?
  • ¿Hubo click?

Pocos se lo preguntan. Y más vale que algunos empiecen a hacerlo, porque quizás un día no puedan escribir la estadística antes de que uno de estos muñecos le vuele la cabeza con un fusil de asalto en medio de una barbacoa con amigos del vecindario.

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