Lindolfo “Lide” Bertinat (1931), militante del Partido Comunista desde tiempos universitarios, abogado laboralista y miembro de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba, revive una vez más sus encuentros en 1964 con Ernesto Che Guevara, a 50 años de la muerte del líder revolucionario. También evoca y contextualiza aquel octubre del 67 y reflexiona sobre su legado: “La honestidad, la solidaridad, el humanismo”. Y apela a la unidad para enfrentar al enemigo de “los monopolios y el imperialismo”.

Como parte del movimiento de solidaridad con Cuba, Bertinat fue invitado por ese país para el quinto aniversario de la Revolución, junto a otros dirigentes: el peronista Pedro Boccoli, el comunista Jorge Lanao, el democristiano Oscar Tiseyra y el cura Héctor Ferreiros. La delegación argentina tuvo un viaje complicado, fue duro conseguir el pasaporte, hubo múltiples escalas y un tramo final desde México con una fuerte tormenta que les impidió aterrizar en La Habana y debieron hacerlo en Matanzas. Llegaron sobre el filo del 63, recibieron el Año Nuevo “a puro ron y música” –mezclados entre los jóvenes del lugar y visitantes históricos como Salvador Allende y la Pasionaria– en la capital cubana. Y el 2 de enero asistieron al desfile militar de un gobierno que ya había definido su rumbo socialista.

Tal vez, fue uno de los primeros intentos de selfies. Junto a sus compañeros de delegación, Libe se ubicó en un palco próximo al que ocupaban los funcionarios cubanos y jefes de Estado de todo el mundo que iban a participar de la celebración. Cuenta que, de pronto, la gente se empezó a apartar para que alguien pasara. Llevaba uniforme de guerrillero y empezó a preguntar por los argentinos. Cuando los ubicó, los estrechó en un abrazo.

—¿Cómo fue ese momento para usted?
—Siempre cuento la anécdota de que nos quedamos paralizados, pero yo más que todos. Alguien me tiró la máquina para sacar fotos y yo la agarré e iba hacerlo. Entonces, el Che se ríe y me dice: “Eh, chico, te vas a sacar tú, pero a nosotros no”. Había puesto la cámara al revés: me apuntaba a mí. Con esto, creo que expreso cómo me sentía.

Con el Ministro de Industria

Ese primer encuentro fue breve, pero intenso y cargado de afecto. El Che les anticipó que iban a recorrer Cuba, pero que también quería tener una reunión con ellos, que se concretó el 14 de enero en su despacho del Ministerio de Industria. Los recibió a eso de las 11 y conversaron por más de tres horas. “La charla fue muy amena. Es un hombre muy medido para hablar. Pone un entusiasmo convencedor en cada palabra que dice y es pícaro, inclusive cuando hace alguna pregunta”, señala –como se ve– conjugando en tiempo presente.

Cuenta: “Se interesó mucho de lo que pasaba en la Argentina y cada uno de nosotros fue dando su parecer”, y razona: “Evidentemente, él ya estaba auscultando si había fuerzas para lo que pensaba, porque ya había tenido debates con algunos compañeros que habían ido de acá, entre ellos, Lisandro Viale, en los que seguía manteniendo su posición de que había que hacer la guerrilla. Con nosotros no lo dijo, pero sé que pensaba que era posible iniciarla en Tucumán y ya había tenía una discusión con Viale, quien le había dicho que la Revolución en la Argentina no había que hacerla en el campo sino en la gran urbe. Era la discusión que había en esa época”.

—Hablaron de Cuba también.
—Después, entramos más al problema de Cuba y si bien su análisis era crítico de la cuestión, admiraba el heroísmo del cubano, su patriotismo, la abnegación y cómo asimilaba la Revolución en tan poco tiempo. Eso yo lo he visto: solamente se puede llegar a tener un nivel de conciencia como tiene el cubano, si se la viene formando desde siempre; porque vivió la prostitución, la coima, no tener trabajo y no dudó en apoyar la Revolución y hoy lo sigue haciendo.

—¿Cómo impacta en su vida política los encuentros con el Che?
—Fue fundamental. Uno no puede creer hasta dónde me llegó no solo a mí sino a los demás compañeros, que a lo mejor ideológicamente no tenían tanto que ver. Cuando volví, tenía una sensación maravillosa de cuántas cosas se podían hacer dentro del marco de lo que pensaba de la solidaridad, de unificar fuerzas, hacer ver que aquello era posible, que ya no había analfabetismo, que había una reforma agraria, que yo vi y hablé con los campesinos. Realmente, eso lo cambia a uno totalmente.

La muerte del Che

Como bien narra Bertinat, el encuentro con el Che no fue un mero episodio sino una instancia que consolidó sus convicciones y lo impulsó a desplegar más su activismo político y continuar con la tarea solidaria con Cuba. De hecho, regresaron con material audiovisual sobre la Revolución, que junto a Pedro Boccoli proyectaron en distintas localidades de la provincia, al tiempo que iba comenzando a ocupar cargos de mayor responsabilidad dentro del PC.

—¿Cómo es el momento en que se enteran de la muerte del Che?
—La muerte del Che resulta en un momento muy difícil para todo el mundo; pero para las comunistas argentinos fue más, porque había habido una diferencia muy grande entre la dirección del partido boliviano y el Che, cuestiones que alguna vez la historia revelará quién fue más responsable, pero yo no abro juicios. Generalmente, la gente trata de traidor a (el presidente del PC boliviano, Mario Monje). No sé si se le puede calificar de eso, porque fue un gran dirigente comunista, muy abnegado y todo. Pudo haber tenido errores, como haber sido demasiado obediente a alguna línea política, pero él le había dado su acuerdo al principio. En la Argentina, también había una actitud con respecto al Che no muy amigable, sobre todo porque el partido en ese momento consideraba que la guerrilla era una fantasía.
No obstante, el gobierno cubano, por supuesto, seguía sosteniendo la misma posición que el Che, independientemente de que buscaran la forma para no estar comprometidos. Tampoco estuvo en el Congo, pero todo el gobierno cubano sabía que el Che había ido al Congo.
Por eso, para mí, fue un momento muy difícil; porque yo sabía quién era el Che, lo conocí, tuve ese sentimiento, esa fuerza que él me dio, como me dio la Revolución, para seguir militando.

La figura

Lindolfo Bertinat ocupó cargos en la conducción del PC hasta el 90. Luego y siempre sosteniendo su identidad política, impulsó la Asociación de Abogados Laboralistas y e integró por más de una década el Tribunal de Ética del Colegio de Abogados.

—Cada época permite pensar al Che de distinta manera, ¿qué aspectos de su figura política son relevantes en el contexto latinoamericano actual?
—Sigue siendo muy válido, primero, recorrer lo que hizo; y segundo, lo que él estudió y las ideas que expresó tanto en lo político como en lo económico. A veces, leo algo y pienso cómo puede ser que este hombre, tan joven y tan dedicado a la pelea diaria, pudo haber dedicado el tiempo que dedicó para, por ejemplo, estudiar “El Capital” u otras obras clásicas de Marx y de Lenin; y no es que las estudió y las repetía, él creó mucha teoría concreta, pero vinculada a Cuba y a Latinoamérica. Discutió mucho planteos dogmáticos, fundamentalmente, que se daban en el mismo Partido Comunista de Cuba, con compañeros con los cuales estaban todo el día juntos. Hoy, uno repasa estas lecturas y se da cuenta de la vigencia que sigue teniendo Che, inclusive en el momento actual de Cuba.

—Se suele subestimar la adhesión al Che de infinidad de jóvenes, tal vez, reduciéndola a que usan una remera con su imagen ¿Cómo lo ve?
—No, yo creo que hay algo más que la remera. Me he fijado en ese tema, entre el movimiento estudiantil y las distintas agrupaciones, salvo que sean de derecha, hablan del ejemplo del Che. Pero, ¿cuál es ese ejemplo? La honestidad, la solidaridad, el humanismo. Todo eso lo expresan los jóvenes. Después, a lo mejor, hay peleas internas por tonterías. Justamente, el Che llamaba con tanta fuerza en aquel mensaje a los argentinos del 62 a la unidad “contra el único enemigo: los monopolios y el imperialismo”. Esa enseñanza sigue siendo válida y hoy hay que insistir con eso, ante un gobierno totalmente reaccionario, que es clasista al mango y que va a sostener sus intereses a cualquier precio, reprimiendo si es necesario.

Vamos a volver

La conversación con Lide ocurrió apenas un día antes de su participación en una charla sobre el caso de Santiago Maldonado, organizada por la Liga Argentina de los Derechos del Hombre (Ladh), lo que dio pie para que el anticipara que piensa volver a trabajar con fuerza desde esa entidad en Rosario. También con el mismo entusiasmo contó que a fin de mes viajará a Rusia para participar de la conmemoración de los cien años de la Revolución Bolchevique.

—Vio que la consigna del kirchnerismo es “vamos a volver”, ¿piensa cantar lo mismo allá?

—Bueno, el Partido Comunista en la última elección sacó casi el 30 por ciento de los votos y dice que quiere armar una nueva Unión Soviética. Hay que creer que algunas cosas tendrán que volver, pero no como antes, sino distintas, mejores, lo mismo que acá lo del kirchnerismo. Yo no quiero que vuelvan como cuando se fueron, quiero que vuelvan mejor, tomando buenas cosas que no tomaron antes”.

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