El multifacético músico -que lanzó el pasado 11 de septiembre su primer álbum solista-prepara ahora una presentación en vivo tan palpitante como singular.

Muchos conocimos a Charlie Egg como uno de los referentes del colectivo artístico Planeta X. Con Sinapsis, su proyecto musical por más de dos décadas, Huevo, como lo llaman algunos amigos, fue mutando en un recorrido en el que editó con diferentes esquemas grupales, una decena de producciones entre experimentales y electrónicas, donde el rock y el pop se erigieron como poderosos géneros y piedras filosofales provistos con una extensa paleta de subgéneros. Una discografía minuciosa. Un artista de variados oficios, sonidista, productor, creador de bandas sonoras, cabeza de mastering de un toco de discos, y docente: Fue productor del disco Los Pibes de la Cerámica.

El pasado 11 de septiembre, Charlie lanzó en las redes una nueva producción discográfica: Miedocracia. Sugestivo en una era donde el poder del “mérito” o la “meritocracia” parecen volver con fuerza. La fecha de lanzamiento es aún más significativa: se puede remitir al nefasto golpe de Estado chileno a Salvador Allende, en 1973, y a las imborrables y conmocionantes imágenes de las Torres Gemelas cayendo como naipes en Nueva York, en 2001.

Egg desmenuza conceptos en torno al nombre de su obra: “El disco plantea una crítica al neoliberalismo, al capitalismo, propone un futuro distópico”, explica, y hace una muestra transversal del terror circundante de este siglo: “Hay todo un basamento de conspiranoia en Miedocracia, es fantástico, porque es una nueva paradoja de la comunicación social interpersonal, digamos no vertical de los multimedios, sino del entramado social, cosas como: Cinco motivos por los que la CIA tiene tu maldito culo entre sus manos, o toda la teoría de los Iluminati, o los tira rayos en Alaska que, aparentemente, producen maremotos en la otra punta. Hay cientos de estas teorías pero hay un problema, todo esto entra en una bolsa de gatos de todos locos, y se deshace a la nada misma”.

Desde mediados de los 90, Charlie Egg publicó con Sinapsis más de una decena de producciones, explorando diferentes sonidos y formatos. El músico reflexiona ahora sobre los caminos trazados: “La primera formación era cantada y tenía mucha crítica social, después hubo una etapa donde era instrumental, eso tuvo una construcción ideológica muy dura también, muy firme. Después cuando empieza a ser cantada de vuelta, hay una transición en inglés medio electroclash, usando ese idioma como instrumento vocal, como el yeite Everybody clap your hand ¡vamos! ¡viva la pepa!, como un arengue, pero ya había en eso una oscuridad”.  

En 2008, Sinapsis publica Cosas Nuevas, emblemático en su discografía, editado a través del sello Sony/BMG, que encabezaba artísticamente en ese momento Zeta Bosio. “La lírica de ese disco era rara, era postapocalíptica, narcótica, transera, era como una triple frontera espacial pero más nihilista. Miedocracia tiene otro contenido”, analiza, y hace un registro de las intensidades: “Sinapsis tenía una rítmica pá, pá, pá, no bajábamos un cambio. Acá hay más crooner, planteos que en otras formaciones no eran posible porque no iba con esa estética”.

Un disco a prueba de fachos  

Los primeros segundos de Miedocracia pertenecen a Alquimia, potente, guitarrera y eléctrica, reza: “Si pudiera convertir tu odio en oro, compraría tu capacidad de amar, merecer la diferencia, honrar la herencia”, y continúa: “Segado en guita y en ambición, el que pierde siempre el mismo, e interpBandcampela: “Exageremos los dos, la plusvalía te asfixia”. Del disco emergen las historias de Nada vale más; la bailable Estremezco, que pondera los instantes mágicos de la percepción en la repetición; Epidermis, con perfume ochentoso; Amor social, síntesis de una época colectiva, una cosmovisión que vivió en carne propia todo un palo, y “a prueba de fachos, un amor de verdad”. También suenan las reflexivas Año 3000, El próximo Dios, y La única verdad. En Cansado de girar hay una ambigüedad entre cierta festividad de la música y la desazón de un final. Con base hipnótica, están Los amigos. Sobre este tema, el protagonista dice: Es una visión idealista, uno en una canción trata de decir algo universal: mis amigos no son garcas, uno puede tener amigos de distintos valores, pero con esto quiero decir que la gente que se pone la gorra, no me cabe”.

Miedocracia está en las redes, en plataformas como Spotify y Bandcamp, y según sus etiquetas, sus sonoridades son propias de Rosario, la música de los 80, el electrorock, la new wave, el postpunk, el synthpop, y el synthwave.

Con el principio de la autogestión, Charlie Egg intervino activamente en todos los procesos de su trabajo discográfico. “El arte que yo hago empieza por donde me lo imagino, y termina como me lo imaginaba, es así de jodido e incluye cada uno de los procesos. Cuando delego es porque estoy convencido de eso. Si no, es insoportable. Para mí la gracia es esa, no es que hay una parte que la rompo cantando, es expresivo en otro nivel, si se quiere. Mi virtud es estar en todos los detalles, no en hacer algo particularmente brillante”.

Y a la hora de delegar y compartir el trabajo con amigos, y gente que admira, el autor está satisfecho con el trabajo realizado. Como en el arte de tapa, donde se lo ve a Egg convertido en una especie de Nikola Tesla del siglo XXI, con luces en las manos. “El arte visual es de Maximiliano Conforti. Es más de lo que me imaginaba. Yo le trasladé mi visión de movida: que el arte sea cinematográfico, que haya fantasía; de hecho hay varias versiones, una como cajita de dvd o póster; y la cuadrada, que es la vieja cajita de cd que va a las redes y en el stream”, expresa, y aclara que la figura de la portada “no es un superhéroe. Eso sí, hay un elemento sobrenatural, tecnológico, hay reminiscencias al steampunk”, precisa, y nombra a la tropa: “Me acompañaron Pablo Jubany, que tocó piano, saxo, y guitarra; y orquestó dos pasajes del disco, uno en El año 3000, y otro en Epidermis; Pablo Rajoy en bajos; Martín Arias, otro histórico de Sinapsis y el grupo Sumergidos, que tocó guitarras también; y está la participación de Juani Favre, en Cansado de girar, La única verdad y Mis amigos (“pocos saben que es un gran percusionista”, acota). También está Andrés Mantello, en violín; Celeste Ruiz, una chica que toca en The Comandantes, y Franco Santangelo, que tocó la trompeta.

Para cerrar la nota, o dejarla más bien abierta, el músico anticipa que Miedocracia tendrá su presentación en vivo, aquí y ahora, desde las alturas de la ciudad, antes de que finalice el año. Promete ser tan excitante como singular: “Será en los próximos meses. Va ser una situación extraña, todo el que lo quiera ver, lo verá, y lo escuchará. ¿Lo va a poder palpitar? Sí, con una transmisión exclusiva, y con una yapa al final, pero no va a poder estar presente”, aclara sonriente. ¿Y cómo será entonces? –se pregunta Charlie una vez más– ¡Por internet, señoras y señores!”.

 

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