Yo no sé, no. Pedro se acordaba que cuando éramos pibes el Día de los Muertos se respetaba porque los padres decían que era casi como Semana Santa. Zafábamos de ir al cementerio, porque era un bajón, pero teníamos que jugar a la pelota a escondidas. En aquella época, si eras más que tronco se decía “este es un muerto”, y eso era lo peor.

Una vez apareció un pibe flaquito que parecía que ni respiraba. Era muy blanco, casi no pestañeaba y arrastraba los pies, salvo cuando agarraba la pelota. Ahí revivía y hacía cosas que ninguno de nosotros podíamos hacer. Cuando terminaba el partido, volvía a arrastrar los pies. Por eso, los pibes que éramos medio sabandijas, le pusimos El Muerto.

Un día fuimos a jugar un torneo, un triangular, en otro barrio. Y como él se había encargado de todo, resulta que nos habían anotado como el Equipo de los Muertos. Se ve que su fama había llegado más allá de Acindar.

También se acuerda Pedro que cuando estábamos en un bar y chupeteábamos de mas, o comíamos un par de pizzas extras, se decía que alguien iba a tener que “levantar ese muerto”.

Al tiempo, cuando empezamos a militar, empezamos a reivindicar a los muertos nacionales y populares, como Yrigoyen, Evita, el Che, y a revivir los ideales de esos difuntos ilustres. “Evita vive”, decían las paredes.

Después, cuando la cosa se empezó a empiojar y comenzó la violencia política, se decía “están tirando un muerto sobre la mesa” de negociación. Con la dictadura el plan económico se hizo a base de miles de muertos a los que ni siquiera los querían nombrar, se les decía desaparecidos así que estaban doblemente muertos. Y el país fue sepultado económicamente. En los 90 salieron a las rutas un montón de muertos en vida, desocupados, sin futuro. Era el fin de la políticas de inclusión, de lo mejor del pensamiento de aquellos ilustres extintos. Y ahora, que estamos en retroceso, nos mandan el pensamiento de otros que ya son polvo y que hicieron una patria chica, una colonia. Entonces, ¿quién va a levantar este cadáver con esta gran deuda y a cuántos van a enterrar las actuales medidas económicas y sociales? No lo sabemos. Pedro está esperanzado en que, en una de esas, nos convirtamos como ese flaquito que parecía un tomuer y que de repente empecemos a manejar el asunto, a dar vuelta el resultado. Es posible, habrá que esperar un poco, y ser más vivos, que este muerto lo paguen ellos, dice.

Fuente: El Eslabón.

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