El problema central en el sur del país o en Empalme Graneros, es la tierra. Así lo de denuncian los mapuches que son desalojados con palos y balas, así lo describe Oscar Talero, presidente de la comunidad qom Qadhuoqté del barrio conocido como Los Pumitas, ubicado en la zona noroeste de la ciudad, donde viven unas 300 familias. “Tobas nos decían los guaraníes, porque en su lengua quería decir frentudo”, aclara el, además, consejero del Instituto Provincial de Aborígenes Santafesinos. La desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado, en Chubut, y el asesinato por la espalda de Rafael Nahuel, en Río Negro, pusieron en agenda el tema, pero el abordaje de los medios hegemónicos no da lugar a voces que, como Talero, desmienten la operación de construcción del enemigo que promueve el gobierno y sus periodistas militantes. “Hablan de la RAM, pero esas son expresiones que usan para justificar la represión”, afirma Talero, con claridad y sencillez, en una larga entrevista en la que repasará su historia, la de su gente y la de “los 32 pueblos existentes antes de la conquista, que acompañaron a San Martín y Belgrano en la formación de la Argentina”.

En el centro cultural, donde esperan inaugurar en los próximos meses la primera radio de los pueblos originarios de Rosario, el referente social recibe al equipo de la cooperativa La Masa que se dispone a filmar Biopolítica, el segmento audiovisual que se publica en el diario digital Redacción Rosario.

Talero habla pausado y tranquilo, por momentos se emociona, como cuando recuerda las reuniones iniciáticas con los ancianos que pusieron en marcha la organización de la comunidad, y se quiebra cuando recuerda a su hijo Cristian, asesinado por una patota de esas que dominan los territorios pobres de la ciudad amparadas por la misma policía. La identidad, la migración, el despojo y la lucha por el derecho a la tierra emergen una y otra vez a lo largo de una extensa y profunda charla.

—¿Cómo arranca tu historia política, dónde nace?
—Comienza donde me crié, en el paraje El Colchón, Chaco. Como otros chicos de mi pueblo qom, en el colegio fue una época en que la pasamos mal, porque fuimos discriminados. Terminé en Rosario en el año 87. Yo iba a ser jugador de fútbol. Estuve a punto de probarme en Boca y Defensa y Justicia. Tuve una gran ilusión que se frustró por una enfermedad.

—¿Cómo era tu casa, el lugar donde te criaste tus primeros años?
—Mis padres vivían en Juan José Castelli, ahí es donde nací. Después, cuando se habitó la zona del Impenetrable, fueron mis viejos y ahí es donde crecí yo, en paraje el Colchón. Hicimos la escuela primaria y cuando la terminé después, la secundaria ya la arranqué en otro espacio.

—¿Por qué se fueron al paraje El Colchón?
—Ahí la gente se iba instalando, gente que vivía en la zona del pueblo, que sabía que ese territorio era el de la reserva histórica qom. Y mi familia fue una de las que se fue para ahí.

—¿La historia y la identidad qom siempre estuvieron presentes en tu familia?
—No tenía una mirada de lo histórico. Porque fue ocultada la historia de los pueblos qom de la zona del Impenetrable del Chaco. En la escuela tampoco se hablaba nada. Te enseñaban una historia de San Martín, Belgrano, Sarmiento, los próceres argentinos. Pero uno, con el tiempo, va entendiendo, buscando raíz y encontrando muchas cosas que hasta hoy día siguen pasando, como el tema de la situación dominial de la tierra.

—¿En tu familia la política era algo muy presente?
—Si, tengo un tío que falleció, Marcos Maidana, que tuvo un pequeño liderazgo en política indígena. Yo me acuerdo de cuando él armaba reuniones por el tema de la tierra, cuando hablaba con el Instituto Provincial del Aborigen chaqueño, en la época de René Sotelo. El tema era la situación dominial de la tierra, se buscaban los arreglos entre el gobierno de Chaco y los caciques, los líderes. Mi tío tenía esas ideas de luchar por el derecho de los pueblos.

—¿Por qué llegás a Rosario?
—Mi hermana vivía acá. Yo justo estaba enfermo de paperas, muy mal, flaquísimo, era la época en que se había frustrado mi prueba en algún club de fútbol en Buenos Aires, y ella me dijo que me venga. Y me vine. Cuando me recuperé fui a buscar trabajo y lo conseguí en la construcción, fue la primera vez que agarré plata. Empecé a trabajar en una empresa grande y seguí en la construcción.

—¿Cómo terminaste siendo un referente de tu comunidad?
—Apenas llegué a Rosario ni me acercaba a las reuniones que se hacían. Tenía un tío que me invitaba y yo no iba. Un día me arrimé a la reunión y cuando llegué a la juntada y me vieron, se levantaron y me abrazaron. Y la verdad es que yo estaba sorprendido. Había mucha gente grande venida del Chaco, buscando la vuelta a resolver los distintos problemas de la comunidad. Yo no entendía nada de política, pero sabía que me necesitaban. Y a partir de ahí, empecé a trabajar. Había un trabajo hecho por otros referentes, pero había cierta interna. Esos referentes me dieron el apoyo y yo me sumé.

Comenzamos a hacer trámites para inscribir formalmente a la comunidad. Había un censo iniciado. Hablé con los otros que habían hecho política indígena en la comunidad y ellos me orientaron.

—¿Cuáles eran las necesidades más importantes de la comunidad?
—El tema de la situación dominial de la tierra. Por otro lado, la luz que teníamos era un desastre. El agua era otro problema. Anduve por todos lados, viajé a Buenos Aires al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (Inai), donde tuve las primeras discusiones con funcionarios. En seis meses tuvimos el número de la personería jurídica de la comunidad.

—¿Y hoy cuáles son los principales reclamos?
—Hace unos once años que estamos con el tema de la situación dominial de la tierra, eso es algo que nos debe la provincia, el reclamo está en la Corte Suprema de Justicia, falta una decisión de Estado. Nosotros metimos el reclamo justo y preciso con todas las letras como comunidad. La tierra tiene su costo, pero son monedas para el Estado. La última vez que averiguamos eran unos tres millones de pesos. También hemos avanzado. Con la Ley 26.160, recién postergada, implementamos también el relevamiento en esta comunidad y en un total de cinco comunidades en Rosario.
En el barrio tuvimos un gran diálogo con la construcción del centro de salud, tuvimos una intervención importante para la llegada de la luz buena acá en el barrio. Siempre gestionando como comunidad. Son pequeños avances. Pero el gran tema es la situación de la tierra, sobre el que tenemos un montón de argumentos para que el Estado diga «bueno, es de ustedes».

—¿Qué pensás de lo que está pasando en el sur?
—Con el tema de la tierra son todos negociados, el que pone guita hace lo que quiere. Ahora, nosotros no tenemos guita y cuando tocamos un pequeño territorio, que es ancestral, nos sacan así. No sólo contamos los casos de Santiago Maldonado y de Rafael Nahuel. Ha pasado en Tucumán, Jujuy, en Formosa, lamentablemente no es novedad para nosotros. Ese territorio es de tus ancestros, tus padres, tus abuelos. No hablamos de que llegamos ayer y nos instalamos ahí.

—¿Cómo tomás las expresiones del gobierno o los medios sobre los pueblos originarios?
—En la argentina hay 32 pueblos existentes anteriores a la conquista, con lengua materna, identificados, de norte a sur. La lucha que damos no es de guerra. Sabemos que en el proceso de constitución de la Argentina hubo participación de nuestros pueblos. San Martín cruzó los Andes y muchos mapuche estuvieron ahí, y huarpes. En el norte, pueblos qom, pueblos guaraní, coyas estuvieron acompañando los combates de Belgrano. En la guerra de Malvinas hubo pueblos originarios, aunque no se cuenta. Se supo algo, recientemente, a través de un hermano, Juan Chico en Chaco, que (a través de una investigación) rescató a los ex combatientes de pueblos originarios. Somos los que pusieron el cuerpo en la formación de la Argentina y eso no se cuenta. Y hubo una gran participación de los pueblos originarios en la constitución de la Argentina, de los 32 pueblos existentes antes de la conquista.

Nosotros sabemos lo que queremos, sabemos que tenemos leyes que nos favorecen como pueblo originario, lo que falta es decisión política. Tenemos derechos plasmados dentro de la Constitución. También queremos mostrar nuestra capacidad, que queremos ser parte y ciudadanos de esta tierra. Queremos que la sociedad reconozca lo que somos y nos reconozca.

—¿Ante las muertes y la represión en la Patagonia, qué le dirías al presidente?
—Que lea la Constitución y los derechos de los pueblos originarios. Yo lo que veo es que el presidente no los tiene en su carpeta. Todos deberían empezar a leer la Constitución Nacional. Que lean la ley 26160 (de emergencia territorial), que acaban de aprobar. Hablan de la RAM y otros grupos, pero esas entendemos que son expresiones que se usan para justificar la represión. ¿Cómo pueden tener esa idea de que los pueblos originarios son instituciones clandestinas? Lo que reclamamos son los derechos fundamentales. Y nadie mata para recuperar territorio. Al presidente, a los funcionarios, a los legisladores, les pedimos que nos respeten y que lean las leyes, las leyes que protegen a los pueblos originarios. Y que las apliquen.

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