¿Qué significa Navidad para los excluidos? ¿Cómo los encuentra el aquí y ahora a quienes comparten sin eufemismos las circunstancias que vivió Jesús en los márgenes de la ciudad? Los curas villeros hablaron de mesas vacías, de falta de trabajo, pero también de la Nochebuena en las veredas de los más humildes captando el sentido profundo del encuentro. En Rosario, compartieron un “asadazo” con las personas en situación de calle con canto, baile y abrazos: lo más parecido posible al espíritu de estas fiestas.

“Si por Navidad se entiende fiesta de consumo, los encuentra con las mesas vacías. Ahora, si se entiende descubrir un Dios que está en alguna parte, los encuentra más cerca del nacimiento de Jesús que los que festejan con papá Noeles y trineos”, dijo a el eslabón, el padre Eduardo de la Serna desde Jesús el Buen Pastor, su parroquia en San Francisco Solano, Quilmes.

“Como yo creo que la Navidad es Dios que se hace ser humano en la historia para transformarla, creo que cualquier persona con un mínimo sentido religioso, se dará cuenta que Dios ha elegido un lado para pararse y mirar”, explicó.
Para el sacerdote, que es profesor de Biblia, “cuando hablamos, miramos y pensamos, lo hacemos desde un lugar, desde una idea. No existe el no lugar. Jesús, cuando se hace humano, elige un pueblo, una historia, una cultura y también una crisis, una situación de opresión de injusticia”.

Integrante del Grupo de Curas en Opción por los Pobres, De la Serna fue categórico sobre el contexto. “Acá hay una política de vaciamiento de mesas”, enfatizó. Y dijo que si bien está claro que el Gobierno nacional fue elegido, también es cierto que “uno tiene toda la libertad de decir que no está de acuerdo”.

“Me sumo a los que pueden decir, con toda libertad, que estas políticas de vaciamiento de mesas no tiene absolutamente nada que ver con el proyecto de Dios”, sostuvo el sacerdote. Y consideró que se trata de “un Gobierno perverso que le saca el pan a los pobres para dárselo a los ricos y esto, obviamente, no tiene nada que ver con los sueños de Jesús para la humanidad”.

En su opinión, “nos toca a todos como cristianos, poder decir con toda tranquilidad y libertad que esto no tiene nada que ver con lo que Dios quiere”. Y definió la situación como “clarísima” con respecto a dos años atrás: mucho más grave, más empobrecedora, los pobres son cada vez más y más pobres. “Frente a esto nos toca resistir y denunciar”, argumentó porque han logrado convencer “de que morirse de hambre es sensato”

¿Cómo se pueden desmontar estas construcciones de sentido? “Nos toca no dejarnos tomar por tontos, hablar donde se pueda y señalar las cosas que están pasando, lamentablemente hay gente que no quiere escuchar”, explicó. E insistió en el sentido bíblico de la fecha: el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, ahora por qué y para qué.

“Está claro que si Dios se hace carne en la historia es para transformarla en una historia que se parezca más a su voluntad, así de sencillo y nos toca a nosotros esa tarea, Dios no manda una lluvia de panes para que los pobres puedan comer, nosotros debemos trabajar para que los pobres puedan comer pan”, fundamentó.  
“Lamentablemente, a veces lo que llueve no son panes sino palos, gases lacrimógenos o gas pimienta para alegrarle el día a los que marchamos para protestar por esta situación”, enfatizó de la Serna.

Asadazo

El padre Gonzalo Carbone vive desde hace dos años en la parroquia María Madre de Dios, en barrio La Lata de Rosario. Desde allí comanda una estrategia de inclusión y evangelización para los más vulnerables junto a otro sacerdote, Fabián Belay, que focaliza en droga y adicciones. Es casi contemporáneo de los jóvenes que ayuda y contagia alegría cuando habla del trabajo que realizan sobre tres pilares: cultura, educación y deporte.

En dos salones y un garaje de la Parroquia funcionan con voluntarios talleres de danzas, guitarra, murga, apoyo escolar y lectura. Además de una escuela primaria para adultos y un Eempa (Escuela de Enseñanza Media Para Adultos). Organizaron un club de fútbol, practican hockey y taekwondo y están orgullosos de haber salido campeones en la Liga Rosarina de Fútbol de Salón.

“Tenemos mucho para dar a la ciudad como barrio”, dice Carbone. Y cuenta que todo funciona con “voluntad y buen compartir porque los espacios son multiusos. Vos podés estar dando clases de inglés, al lado están los de apoyo escolar y abajo taekwondo En la calle los de fútbol y en la plaza los de hockey, y así”, relata. La actividad incluye unos 100 chicos en el club, 40 en la escuela y otros tantos que salen, van y vienen.  

“Queremos ser un lugar de contención y lo primordial es el vínculo, se los conoce por el nombre, se los abraza, tomamos la leche juntos, compartimos, vamos generando un hogar”, dice el sacerdote. Y cuenta que la mayoría están en situación vulnerable y que “antes que ropa, la gente pide trabajo. Esa es la deuda social”.

¿Qué significa la Navidad en ese marco? Carbone se ilumina. “Dios se hace carne, ese es nuestro pilar, se hace niño, se hace pobre, se hace marginal, se hace excluido, para él no había lugar, tuvo que nacer en una cueva de animales afuera de la ciudad, desde ahí este Jesús nos vino a traer el amor y la paz, y nosotros construimos y hacemos todo lo que hacemos”, dijo como declaración de principio.

En su opinión, para los pobres tiene un sentido especial, porque tienen mayor vinculación con la trascendencia. Lejos de las guirnaldas puertas adentro, “en el barrio se vive con mesas afuera, los chicos jugando en la calle, las abuelas en los sillones, bailan, se vive de una manera muy festiva, lo viven de una forma que le brota, lo hacen casi naturalmente”, explica.
Ese es justamente el clima que Carbone, junto a los curas de la Pastoral Villera de Rosario, trasmite a un grupo especial dentro de los excluidos: las personas que están en situación de calle. “Pasamos la Navidad con ellos, en Cáritas, los agasajamos con una fiesta y este año explotó”, dice el joven sacerdote. Y da gracias especiales a quienes donaron cuatro lechones, dos corderos, tres ganchos de chorizos y 25 kilos de carne, además de un frezeer colmado de gaseosas y helados. Sin contar las golosinas navideñas.

“Hicimos un asadazo, vinieron 140 personas en situación de marginalidad, compartimos con ellos y treinta voluntarios, cantaron y bailaron y la comida alcanzó para todos, fue una noche mágica”, comentó. Y dijo que ya subieron las fotos al facebook “Navidad de Jesús”

“Lo que hay que revertir es darles lo que sobra o lo viejo, o el pan dulce de mala calidad. Al Jesús que está tirado en la calle hay que darle lo mejor, porque desde ahí se construye de verdad una sociedad inclusiva que integra y que quiere salir adelante”. Esa certeza encontró un gran apoyo en la pastoral con más sacerdotes en zonas más vulnerables, con el obispo Eduardo Martín.

“Somos doce sacerdotes, trabajamos en la misma línea de acción y en redes con las instituciones de los barrios, nos inspiramos y nos dejamos aconsejar por los curas villeros de Buenos Aires, que fueron promovidos por el Papa Francisco, cuando era el cardenal Bergoglio. Ellos nos dan una mano, ideas, y vamos compartiendo la fe, la amistad y el trabajo”.
“La esencia del Evangelio son los excluidos y los más pobres, hay una preferencia de Jesús por el vulnerable, eso tratamos de hacer aquí en Rosario”, dice Carbone. Y no quedan dudas. La tarea de los curas en opción por los pobres, hace que sea Navidad todos los días.

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