“Por mi cargo me tocó matar, y lo haría de nuevo. Defendimos a la patria y nuestros soldados fueron muertos en enfrentamientos ocasionados por los terroristas. Fuimos en defensa del hombre civilizado, y del derecho a la familia cristiana”, afirmaba el 5 de febrero de 2014 el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, durante una de las tantas sentencias que en 2016 fueron unificadas en una pena única de reclusión perpetua.

Pero ahora, el genocida vive cómodamente en una casona en Mar del Plata, en la calle Nuevo Boulevard del Bosque, entre Guaraníes y Tobas, del barrio del Bosque Peralta Ramos.

El amplio inmueble fue comprado por su madre en 2008, cuando el genocida ya cumplía prisión en Marcos Paz. Allí, Etchecolatz se halla gozando de una prisión domiciliaria, otorgada por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 6, el 27 de diciembre último, tras un pedido del defensor oficial Carlos Ranuschio.

El abogado esgrimió el artículo 10 del Código Penal y el artículo 32 de la ley 24.660 que rezan que “por entender que la situación del imputado –quien cuenta con 88 años y diversas dolencias– encuadra dentro de las previsiones de la normativa reseñada, tratándose del geronte con mayor edad en institución carcelaria en todo el ámbito penitenciario federal”.

Como si nada hubiera hecho

Así, a pesar de sus seis condenas por delitos de lesa humanidad y cuatro cadenas perpetuas, a pesar de regentear 21 centros clandestinos de detención y estar implicado en más de 440 casos de privación ilegal de la libertad, aplicación de tormentos y homicidios agravados, con procesos abiertos por 520 casos de delitos de lesa humanidad y víctimas que alcanzan a 960 personas identificadas en los procesos judiciales, el genocida goza de una tranquila y confortable “prisión domiciliaria”. Es una casona resguardada por una frondosa arboleda, con cuatro habitaciones, living, tres baños, cocina y quincho, en el barrio Peralta Ramos. Se trata de una reserva forestal cerrada, con una sola vía de acceso y de complicado tránsito por sus sinuosas calles de tierra.

La zona era de cultivos hasta que el ingeniero agrónomo Héctor Peralta Ramos, tras forestarla en 1952 con pinos, cipreses, eucaliptos, aromos y acacias, crea un sitio exclusivo y de altas inversiones inmobiliarias, con servicios, casas de té y artesanías.

No lo quieren en la comarca

Pero la presencia de Etchecolatz impactó en la paradisiaca comarca verde. Eleonora Alais, integrante de la agrupación Hijos Mar del Plata, contó: “Estamos hablando con los vecinos, la sociedad de fomento del barrio, y ellos no quieren que Etchecolatz viva en este lugar”.

“Saben que se llenará de gente que va a llegar para repudiarlo. Además, a cuatro cuadras vive un querellante al genocida por el caso de la Noche de los Lápices”, añadió. “En la misma cuadra tiene un terreno una hija de desaparecidos y muchos familiares de víctimas de la represión habitan en el bosque”, describió Alais y adelantó a El Eslabón: “El domingo 7 de enero haremos un escrache a Etchecolatz, Nos juntamos en la puerta del barrio y en caravana recorreremos las 30 cuadras hasta su casa”.

Otro genocida vecino

La militante explicó que también pasarán por la casa de otro represor, el genocida Juan Miguel Wolk. Con el alias “El Nazi”, el represor del Centro Clandestino de Detención Pozo de Banfield, imputado por delitos de lesa humanidad contra más de 300 víctimas, cumple desde enero de 2016 prisión domiciliaria en su dúplex ubicado en la zona sur del barrio.

También en este caso, los jueces otorgaron el beneficio por la edad avanzada de Wolk, de 81 años. El Nazi, condenado a 25 años de prisión, no cumplió su condena por la aplicación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Una sociedad de pie

Mientras los vecinos arman un recurso legal para exigir que Etchecolaz no habite más en el lugar, el jueves pasado en la clásica ronda de las Madres de la Plaza marplatense (San Martín y Mitre) se realizaron siluetas que representaban estudiantes, embarazadas y personas en general víctimas del terrorismo de Estado. Y armaron flechas de señalización vial y mapas con indicaciones para llegar al lugar del escrache.

Entre otras organizaciones, ya adelantaron su presencia para este domingo 7 los trabajadores de la Justicia platense, la comisión de derechos humanos del hospital Garrahan, Hijos Mar del Plata, Hijxs y ex hijos de genocidas, la Asociación ex-detenidos desaparecidos Rodolfo Walsh, la CTA Autónoma y Ateos Mar del Plata, entre otros. Harán todo el recorrido en caravana, algunos en autos.

El sábado 6 también habrá una marcha previa desde la Municipalidad a los tribunales. Se realizarán además actividades en la playa Bristol e intervenciones en los clásicos Lobos de mar, las estatuas del balneario elegidas por los turistas para fotografiarse.

“A la vez, compañeros de la revista Garganta Poderosa difunden fotos de una movilización frente a la casa de Etchecolatz, mostrando todos sus caras cubiertas con máscaras de Julio López”,  destacó Alais.

Geronte asesino

En 2015, abogados defensores de Etchecolatz solicitaron la prisión domiciliaria sosteniendo que “su cuadro de salud empeoraba con la situación de encierro”. Pero el mismo Cuerpo Médico Forense, resaltó que el detenido podía realizar su tratamiento en el hospital penitenciario de Ezeiza. Entonces siguió detenido.

La medica Virginia Creimer, quien le negó el beneficio, denunció que tras tomar exámenes de salud de Etchecolatz, halló en la puerta de su casa un ensangrentado cuchillo de carnicero.

El delicado viejito mantenía su poder y subordinación en la fuerza. Fue el principal sospechoso de la segunda desaparición del testigo clave: Jorge Julio López, quien fue esencial para mandar a perpetua al genocida.

El tantas veces condenado, nunca mostró arrepentimiento sus crímenes y despreció hasta la amenaza a familiares y víctimas de la represión en cada juicio en el que fue sentenciado a prisión perpetua desde 2006.

En octubre de 2014, al llegar al cierre del juicio y tras los dolorosos testimonios de testigos sobrevivientes y familiares de víctimas de los delitos perpetrados en el centro clandestino La Cacha, Etchecolatz miró amenazante a parientes de desaparecidos y asesinados. Entonces, apareció el papelito arrugado que demostró lo ruin de ese condenado.

El fotógrafo Leo Vacas, de Infojus, recordó: “Vi cómo Etchecolatz miraba fijamente a Estela de Carlotto y a otros familiares. Entonces con sus dedos de la mano derecha empezó a tamborilear sobre la rodilla y sacó un papelito. Lo observo que está escribiendo y cuando hice foco, no pude creer lo que estaba viendo. Después se levantó y se lo quiso entregar a los jueces, pero no lo dejaron”. El papelito decía: “Jorge Julio López” y “Secuestrar”. El militante está desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006, luego de aportar su comprometido testimonio en el que reconoció y señaló a Etchecolatz como uno de los torturadores.

Pro milicos

Sobre la situación en Mar del Plata, advierte Eleonora Alais que en la ciudad se encuentran establecimientos de las cuatro fuerzas armadas y una escuela de policías, y que el actual intendente, Carlos Arroyo, antes de ser dirigente del PRO fue abierto colaborador de la dictadura cívico militar.

En agosto de 2015, tras ser escrachado por Hijos marplatenses por ser “cómplice” del terrorismo de Estado, la misma UCR criticó al entonces concejal porque “representa valores antidemocráticos”. En ese marco, afirmaron que Arroyo, además de haber sido “un confeso colaborador de la última dictadura”, apoyó “el alzamiento carapintada que intentó derrocar al gobierno de Raúl Alfonsín”.

Como para despejar dudas, en agosto de 2016, Arroyo señalaba: “Queremos lograr que el vecino de Mar del Plata vuelva a ser el vecino feliz de hace 40 años, que podía caminar por la calle con tranquilidad e ir a cualquier lugar”. Y celebraba el envío de más fuerzas de seguridad a la ciudad para “combatir la inseguridad”. Es el mismo que mucho más recientemente, al recibir al primer turista del 2018, expresó: “Vamos a mandar a alguna chica bonita a convencer a empresarios para que vengan a invertir”.

Por su parte, desde Cambiemos marplatense el diputado provincial Guillermo Castello, apoyó el arresto domiciliario a Etchecolatz e indicó que “es una cuestión humanitaria”. “No lo veo mal: lo cuida la familia y es un gasto menos para el Estado”, opinó.

La diputada nacional marplatense Fernanda Raverta (Unidad Ciudadana), recordó a los marplatenses que Etchecolatz ya había sido declarado “persona no grata” en 2001 en el partido de General Pueyrredón, al igual que otros represores, como Alfredo Astiz.

Repudiado por su propia hija

El beneficio a Etchecolatz fue repudiado por su propia hija y otros descendientes de otros violadores de los derechos humanos, integrantes del colectivo Ex Hijxs e Hijxs de Genocidas.

“Esos genocidas, que son o que fueron nuestros padres, están volviendo a sus casas, a nuestros barrios, beneficiados por jueces sin escrúpulos, de esos que perdieron la conciencia y la memoria o que nunca la tuvieron”, señalaron desde esa agrupación.

“La Justicia empieza a borrar la idea de lesa humanidad, otorgando supuestas garantías constitucionales (como si fueran gestos humanitarios) o condenas irrisorias, equiparando de esta manera a los genocidas con delincuentes comunes”, añadió el texto.

“El genocidio es un crimen aberrante contra el pueblo mismo, que se sigue perpetuando a través del silencio, la complicidad y la impunidad que hoy, con la prisión domiciliaria de quizás el más ejemplar de sus jefes, Miguel Etchecolatz, vuelve a cometerse”, dijeron desde el nucleamiento por lo que exigieron “cárcel común, perpetua y efectiva”. Firmaron el documento Mariana D., (hija de Etchecolatz), Rita Vagliati, Erika Lederer y Alejandra Eboli.

 

 

 

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