“Hasta noviembre, en Rosario teníamos acumulada una inflación del 26 por ciento, y si bien estamos terminando de procesar los datos totales, el registro de 2017 va a haber culminado con no menos de un 28,5 o un 29, porque en diciembre los servicios domiciliarios tuvieron incrementos muy fuertes”. El que habla es el titular del Centro de Educación, Servicios y Asesoramiento al Consumidor (Cesyac), Juan Marcos Aviano, que mide mes a mes en la ciudad el índice de precios que más duele en bolsillos y carteras: el de la canasta básica. Cualquiera sea el registro que se tome, el año que se fue cerró con aumentos muy por encima de las “metas fijadas” por el gobierno nacional. Consultoras privadas estimaron la suba en un 25 por ciento, la CGT calculó un 27,12 y el Indec –que publicará sus números finales el martes–, registró a noviembre una “variación” anualizada del 21, a lo que habrá que sumar los últimos tarifazos. La Casa Rosada había proyectado una pauta del 17 por ciento.

En diálogo con El Eslabón, Aviano explicó que si bien el martes próximo el Cesyac dará a conocer su informe anual con el detalle de las variaciones de precios durante 2017, el impacto más fuerte en el último mes del año está dado por los aumentos en los servicios domiciliarios y los combustibles. “En tarifas como energía eléctrica, la suba fue de un 12 por ciento, en el caso del gas del 30 por ciento, después tenés importantes aumentos en las prepagas, de un 6 por ciento, y otro 6 por ciento en los combustibles”. “Con eso solo, tenemos un impacto fuerte”, remarcó.

“En el caso de la energía, el 12 por ciento que ya figura en los nuevos cuadros tarifarios es solamente el traslado del aumento del costo mayorista que le aplica Camesa a cada una de las distribuidoras a partir de lo que autoriza el Ministerio de Energía de la Nación”, aclaró Aviano para oscurecer más el panorama. Y añadió: “Pero ahí tenes lo de diciembre. Lo otro, que es el aumento made in EPE, lo vas a tener a partir de febrero, que en promedio calculamos que para el usuario residencial va a ser entre un 20 y 25 por ciento más”.

Las malas noticias de cara al año que acaba de empezar no se terminan con la factura de la luz. Aviano indicó: “En gas vas a tener otro aumento en abril del 25 y en octubre otro 25”. El director del Cesyac subrayó que esos “son aumentos que Nación ya tiene estipulados. En agua va a ser más o menos lo mismo, se prevé un aumento para este año del 50 por ciento”.

Con relación a los datos de la canasta básica que mide su centro de estudios, Aviano planteó: “Si cerramos noviembre con 27.209, y en diciembre tuvimos subas de dos o tres puntos más, vamos a estar orillando los 28 mil pesos”.

De acuerdo al último informe del Cesyac, el penúltimo mes de 2017 la una inflación anual acumulada alcanzaba el 26,3 por ciento. “El año va a haber cerrado con 28,5 o 29 por ciento de aumento, lejos del 39,6 de 2016, pero también lejos del 17 que proyectaba el Banco Central”, concluyó Aviano.

Al pan, aumento

Con los aumentos en el boleto del transporte urbano de pasajeros de un 20 por ciento y de la Tasa General de Inmuebles (TGI) del 25 que dispuso la intendenta Mónica Fein (ver nota aparte), la remarcación en los supermercados tras la corrida del dólar, los mencionados tarifazos de luz, gas y agua, más la suba en alimentos básicos, 2018 arrancó pum para arriba. Pero un nuevo indicador local alarmó a los rosarinos la semana que se va: el aumento del pan.

Los productos de panificación sufrirán una suba de hasta un 12 por ciento según confirmó, en un raid por diferentes radios de la ciudad, el titular de Asociación de Industriales Panaderos de Rosario, Gerardo Di Cosco.

Di Cosco se quejó de “todos los aumentos que ha sufrido la industria” y aseguró que estos se trasladan “al precio de los panificados”. “Hay cada vez menos ventas, y en algunas casos ya ha ocurrido se comenzó a despedir personal”, reconoció el empresario, y señaló que el número de empleados echados en la región Rosario rondaría las 300. “Lo que nunca ocurrió en la industria está ocurriendo ahora”, planteó.

“Estamos recibiendo las facturas nuevas de la EPE, está previsto un aumento del gas para febrero, y a esto hay que agregar que no sólo vienen aumentando la harina, también subieron todos los productos de panificación como las levaduras, margarinas, grasas”, remarcó.

Los datos de Di Cosco fueron confirmados –en parte– por una fuente calificada de la industria panadera consultada por El Eslabón, que por su tarea específica ligada a la actividad pidió mantener su nombre en reserva. Para ésta, el impacto de los tarifazos y la suba de los insumos “son reales”.

En el caso de los despidos “hay que destacar que se trata de empleados en negro”, sugirió la mencionada fuente, que incluso aclaró que en lo que hace a trabajo registrado del sector hubo un leve aumento.

La misma fuente reconoció que ante el panorama económico de los últimos años, tanto empresarios como trabajadores se muestran “muy preocupados”, aunque desde la perspectiva sindical la alarma más importante está dada por la reforma laboral que impulsa el gobierno nacional. De todas maneras, la voz calificada pidió “no ser ingenuos”, y tomar nota de que la posición de los industriales panaderos debe enmarcarse en el inminente inicio de la discusión paritaria.

Cómo pega en bolsillos y carteras

Más allá de los distintos índices, del registro producto por producto, de la inflación anual según tal o cual consultora, el número trascendente es el que impacta en el “órgano más sensible de las personas”, que como detectó en su momento Juan Perón es el bolsillo.

Siguiendo aquel apotegma peronista, según datos del Ministerio de Trabajo de la Nación publicados a mediados de año –cuando el grueso de las paritarias ya habían cerrado–, el promedio de aumentos conseguidos por los sindicatos, tras mucho batallar, merodeó el 21 por ciento. Cabe destacar que para los empleados en negro esa cifra fue aún menor.

Si se tiene en cuenta la feroz devaluación apenas iniciado el gobierno de Mauricio Macri, que disparó los precios en un 40 por ciento en 2016, y se suman los incrementos registrados durante 2017, en los dos años de Cambiemos los bolsillos y carteras del sector que vive de su fuerza de trabajo debieron afrontar subas por encima del 65 por ciento, mientras que los salarias crecieron un 45, 46 o 47 promedio. La más sensible vísceras de los laburantes registraron una pérdida de 20 puntos.

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