La escalada del dólar de las últimas semanas, que llegó a superar los 19 pesos antes de que expire 2017, y el anuncio por parte del elenco económico del gobierno de una meta de inflación más alta para el año en curso, tuvieron efecto inmediato en los precios de 2018. El encarecimiento de productos y servicios trae, a la vez, pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. Diciembre se despidió con un nivel de inflación entre el 2,5 y 3 por ciento. El Año Nuevo llegó con aumentos en las góndolas y otras subas: combustible, transporte, estacionamiento, peajes, trámites (DNI, pasaporte, Verificación Técnica Vehicular), luz, gas, medicina prepaga y telefonía celular forman parte del cronograma estrangulador de bolsillos que auspicia el gobierno de Mauricio Macri y que también repercutirá en las provincias. Por consiguiente, el impulso inflacionario se mantendrá en el primer trimestre y ya pone en duda la irreal expectativa anual que trazó el oficialismo.

La corrida de verano alrededor de la moneda estadounidense –desde que gobierna Cambiemos el peso se devaluó un ciento por ciento– se da por cuestiones estacionales, como la demanda de divisas para viajar al exterior, o el reiterado “resguardo” de pequeños ahorristas, pero a la vez pisan fuerte las presiones del complejo agroexportador y sectores industriales que vienen pidiendo por una mayor devaluación monetaria, situación que impacta de lleno en los precios. Los movimientos del billete verde se trasladaron a la canasta básica, con remarcaciones generales, en algunos casos hasta el 12 por ciento. Así respondieron las empresas con posición dominante en el mercado alimenticio y el de limpieza (formadores de precio) a la suba en la cotización del dólar y los cambios en las denominadas “metas inflacionarias”. También los aumentos en góndola se emparentan con tarifazos, naftazos y futuras paritarias. Todo se refleja en una caída del consumo masivo.

Las principales compañías petroleras, en un mercado desregulado, se despachan con otro aumento en naftas y gasoil como bienvenida de año para conductores y transportistas. La nueva suba en los surtidores –entre 6 y 7 por ciento– se da en función de los corrimientos del dólar y el precio internacional del crudo. El litro de nafta súper rondará los 26 pesos y el gasoil premium se comercializará alrededor de los 23 pesos. Los precios de los combustibles se incrementaron un 32 por ciento promedio en todo 2017. En tanto, la producción de hidrocarburos continúa en baja: hasta octubre del año pasado acumuló un retroceso del 7 por ciento. Y se sabe que cuando aumenta el combustible genera contagio alcista en casi todos los sectores de la economía.

Otro golpe al bolsillo lo dio el aumento en el transporte público. La Municipalidad de Rosario autorizó nuevas tarifas para los colectivos urbanos, con un boleto básico que desde el primer día de este año pasó a costar 11,49 pesos, con un boleto ocasional a 12,40 pesos, según los costos que determinó un estudio del Ente de la Movilidad. Entre agosto de 2016 y el 1° de enero de 2018 la tarifa del transporte urbano de pasajeros aumentó más del 35 por ciento.

También aumentaron las bicicletas públicas: el pasaje diario cuesta 14,85 pesos.

En tanto, desde este lunes 8 de enero, estacionar en el centro y macrocentro de Rosario será más caro con incrementos de hasta el 70 por ciento. A toda velocidad, también aumenta el peaje en la autopista Rosario-Santa Fe (con el conocido efecto sobre otras cabinas en rutas provinciales): los autos pagarán 35 pesos, una suba promedio del 75 por ciento con relación al valor anterior.

Por otro lado, a partir del mes que viene, el servicio de medicina prepaga aumentará 4 por ciento.

Entre enero y febrero, las principales prestadoras del país del servicio de telefonía celular incrementarán sus tarifas un 12 por ciento.

Tramitar el documento nacional de identidad pasó de 60 a 100 pesos, mientras que sacar el documento en 24 horas cuesta 1.000 pesos, según informó el Registro Nacional de las Personas.

Otra descarga para los ciudadanos: las tarifas de luz. La Empresa Provincial de la Energía (EPE) incrementó sus boletas un 35 por ciento promedio en dos tramos, aunque hay diferentes porcentajes, según el consumo de cada usuario. Desde diciembre ya rige en Santa Fe una suba de 16 por ciento y en febrero se viene el resto del incremento, que se podrán pagar en dos veces. Desde la EPE indicaron que la suba de 15,9 por ciento es por el incremento de la energía a nivel nacional, un 12,9 por ciento corresponde a los costos de distribución y un “extra” de 6,7 por ciento vendrá en febrero próximo.

En la provincia rige desde el 1° de diciembre una suba del gas del 37 por ciento para el usuario residencial, por una nueva reducción de subsidios por parte del Estado nacional. En el próximo mes de abril, la prestataria Litoral Gas aplicará otro aumento de alrededor del 30 por ciento.

En tanto, Aguas Santafesinas SA (Assa) propuso al Ministerio de Infraestructura de la provincia una suba de sus tarifas en el orden del 50 por ciento para 2018, con la intención de aplicar el aumento en dos tramos de 25 por ciento cada uno.

La escalada repercutió también en el alimento base de la dieta argentina: el pan. Según la Asociación de Industriales Panaderos de Rosario, los costos de producción subieron un 10 por ciento, haciendo saltar el precio del kilo de pan cerca de los 40 pesos, al tiempo que bajan las ventas. Las subas de luz, gas y algunos productos como la harina, pese a duplicarse la producción de trigo, hicieron leudar los precios en la panificación. La crisis en el sector pastelero provocó, además, despidos y recortes de horas extras.

Y hablando de subas, lo que crece sin cesar es la deuda externa, que trepó 35 por ciento desde la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada. La alianza PRO-UCR ya emitió cerca de 146 mil millones de dólares. Argentina, que encabeza el ránking de colocación de deuda emergente por encima de China, se endeuda con la venia de los mercados internacionales tras cerrar el pleito con los fondos buitre y cubre el creciente déficit fiscal y comercial con plata prestada. Macri reconoció el aumento de la deuda y, en otra muestra de que su cinismo no encuentra límites, dijo que no quiere seguir endeudando a nuestros hijos y nietos. Mientras, el plan oficial sigue dando rienda suelta a la timba financiera.

No llueven inversiones, llueven telegramas. El Centro de Economía Política Argentina (Cepa) contabilizó 3.346 despidos y suspensiones durante el último mes de 2017. Más de 1.400 corresponden al ámbito privado, donde se duplicó la cantidad de cesantías en el sector industrial. Con este oscuro panorama, sumado al calentamiento inflacionario y su efecto negativo en el poder de compra de los salarios, llegará el debate por la reforma laboral, una de las grandes batallas que el movimiento obrero tendrá en este dificilísimo comienzo de año.

Pero no todo sube. También hay rebajas de temporada. El gobierno concedió una disminución del 0,5 por ciento en los derechos de exportación (retenciones ) a la soja. Los productores del sector exportador celebran la promo impositiva, pero más festejan la evolución del tipo de cambio, aunque muchos sigan guardando los granos en silobolsas para seguir metiendo presión a la ronda devaluadora.

Lo que no pondrán los productores sojeros de sus bolsillos, lo pondrán los jubilados vía reforma previsional. Como si fuera poco, el ex ministro de Economía Domingo Cavallo felicita al gobierno. Dime quien te elogia y te diré quién eres.

La inflación de 2016 cerró en 41 por ciento, la más alta en catorce años. En 2017 promedió el 25 por ciento, igual que en 2015. En 2016, el salario real perdió un 7 por ciento frente a la inflación. El año pasado, le depilaron otros tres puntos, y las jubilaciones y asignaciones familiares cayeron siete puntos contra la inflación. En los albores de 2018, los reyes del aumento de precios y la rebanada salarial, que sólo regalan injusticia social, aceleran el tranco del ajuste.

 

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