El pueblo brasileño inició una intensa campaña de movilizaciones para que la Justicia al servicio de las corporaciones no impida al líder presentarse como candidato en las elecciones de octubre. Movilizaciones y más de 500 comités populares en todo el país para frenar la prepotencia de la derecha.

Las elecciones presidenciales en Brasil tendrán lugar en octubre. Pero se definen mucho antes, este miércoles 24. Porque está previsto que ese día la Justicia se expida para ratificar o no la condena que pesa contra Luiz Inácio Lula da Silva. Si la Justicia ratifica esa condena, y más allá de que exista la posibilidad de apelar el fallo, se complicaría la posibilidad de que Lula sea candidato presidencial.

Esta jugada forma parte de la estrategia de la derecha para sacar al líder del medio. Va primero en las encuestas (con más del 35 por ciento de intención de voto) y les gana a todos los otros candidatos juntos.

El pueblo brasileño está en la calle para impedir este nuevo atropello de la corporación judicial, uno más de los tantos que viene perpetrando en complicidad con el gobierno golpista de Michel Temer y las corporaciones para las que trabajan.  

El Partido de los Trabajadores (PT) y un amplio espectro de organizaciones sociales que apoyan la candidatura del ex presidente iniciaron esta semana una campaña de movilizaciones en todo Brasil.

En el marco de estas movilizaciones, que se producen tras las multitudinarias caravanas de Lula por distintos estados, se instalaron más de 500 comités populares en varias ciudades del país “en defensa de la democracia y del derecho de Lula a participar en la carrera electoral de este año”, según dijo la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, en redes sociales.

Las concentraciones se realizarán hasta el próximo miércoles 24, cuando un Tribunal Federal de segunda instancia de Porto Alegre decidirá si ratifica o no la condena a nueve años y medio de prisión que Lula recibió en julio de 2017 por corrupción pasiva y lavado de dinero en un caso relacionado con la trama destapada en la petrolera estatal Petrobras.

El pasado fin de semana se registraron actos de apoyo al líder en ocho estados brasileños bajo lemas como “Elección sin Lula es golpe” o “Democracia siempre, dictadura nunca más”. Y fue apenas el comienzo de una campaña que se irá intensificando.

Apoyo de Cristina, Mujica, Correa y Samper

El manifiesto, titulado “Elección sin Lula es fraude”, fue publicado (en portugués y otro siete idiomas) por la organización change.org y tuvo una amplia difusión en las redes y los medios. Fue firmado por Cristina Kirchner, presidenta de Argentina de 2007 a 2015, el uruguayo José Mujica (2010-2015), el ecuatoriano Rafael Correa (2007-2017) y el colombiano Ernesto Samper (1994-1998), entre otros dirigentes, artistas y personalidades de todo el mundo.

Según informó el diario uruguayo República, el cineasta estadounidense Oliver Stone también se plegó a la iniciativa. La petición en defensa de la candidatura de Lula ya recibió más de 170 mil firmas.

Según todas las encuestas de opinión Lula se afianza como líder en la intención de voto para la elección de octubre. Todos los otros candidatos sumados no llegan a empatarle.

En pleno ajuste neoliberal, el pueblo brasileño, más allá de la demonización que intentan los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos, no olvidan las políticas de Lula, que presidió Brasil de 2003 a 2010.

Sin pruebas suficientes y en un juicio mediático, amañado y convertido en un espectáculo, Lula fue condenado por el juez Sergio Moro a nueve años y seis meses de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero en el marco de la causa Lava Jato. Se lo acusa de haber recibido un departamento en el balneario paulista de Guarujá en carácter de soborno por parte de la constructora OAS. Lula denunció falta de pruebas y persecución política.

El 24 de enero, el Tribunal de Porto Alegre deberá definir si ratifica esa condena. Si la condena es ratificada, el ex mandatario podría perder su libertad una vez se agoten todos los recursos judiciales, que llegan hasta la Corte Suprema. Pero, aunque debería quedar inhabilitado electoralmente, existen recursos que le podrían permitir continuar en la carrera presidencial. Y las fuerzas políticas y sociales que apoyan a Lula están dispuestas a recurrir a todas esas instancias, más allá de cuál sea la decisión del Tribunal Federal de Porto Alegre.

Lula, de 72 años y objeto de otros seis procesos judiciales, niega las acusaciones y asegura que son parte de “un pacto diabólico” de opositores para impedirle regresar al poder.

“El intento de marcar en tiempo récord el juicio de segunda instancia de Lula el 24 de enero no tiene nada de legalidad. Se trata de un puro acto de persecución al líder político más popular del país”, denuncia la petición, publicada en portugués y otros siete idiomas. Además del cineasta estadounidense Oliver Stone, otras personalidades han firmado el texto, como el actor brasileño Wagner Moura  o el psicoanalista francés Michel Plon.

“Utilizar un recurso espurio para intervenir en el proceso electoral ocurre porque el Impeachment de Dilma no generó un régimen político de estabilidad conservadora para muchos años”, señala el manifiesto con relación a la necesidad del establishment de perpetuarse en el poder para seguir llevando adelante las políticas del gobierno golpista de Temer.

“El plan estratégico en curso, después de apartar a Dilma de la presidencia, retira los derechos de los trabajadores, pone en peligro la seguridad social, privatiza la Petrobras, la Eletrobras y los bancos públicos, además de abandonar la política exterior activa y altiva”, continúa señalando el manifiesto “Elección sin Lula es fraude”.

El texto hace un repaso puntual por las medidas tomadas por Temer en contra de los intereses de las grandes mayorías. Como indica el manual del ajustador neoliberal, se deben prometer mejoras e inversiones extranjeras que nunca llegan: “La reforma laboral y el techo del gasto público no atrajeron la inversión extranjera prometida, lo que podría sustentar la campaña en 2018 de un gobierno alineado con el neoliberalismo. Frente a la falta de popularidad, estos sectores han fallado en construir, hasta el momento, un candidato viable para la presidencia”, señala el manifiesto apuntando a uno de los problemas de la derecha brasileña: no encuentra un candidato potable que reemplace a Temer, que además está allí por descarte, con menos de un 7 por ciento de aceptación.

“Lula crece en las encuestas en todos los escenarios de primera y segunda vuelta e incluso puede ganar en la primera. La victoria de Lula resultaría en el fracaso del golpe y permitiría la apertura de un nuevo ciclo político”, señala el manifiesto que al mismo tiempo denuncia que los poderes fácticos están dispuestos a todo para evitar la candidatura de Lula: su condena, instituir una suerte de  semi-parlamentarismo y hasta postergar las elecciones.

“Ninguna de las acciones enumeradas está fuera de cuestión. Ellas constituyen el arsenal de maldades de las fuerzas políticas que no valoran la democracia”, señala el texto que está circulando y recibiendo adhesiones en todo el mundo.

“Brasil está en una encrucijada: o restaura los derechos sociales y el Estado de Derecho Democrático o será derrotado y verá el final de la ejecución de una sociedad capitalista sin regulaciones, basada en la explotación de los trabajadores”, indica el manifiesto, que además denuncia los muchos retrocesos que se vienen verificando en la sociedad brasileña tras el golpe de Estado contra Dilma Rousseff.

“Este tipo de sociedad requiere un Estado de excepción con instrumentos para suprimir las universidades, intelectuales, trabajadores, mujeres, jóvenes, los pobres, las personas negras”, señala el texto que llama a luchar contra esas situaciones de injusticia.

“Por lo tanto, el tema de la persecución de Lula no se refiere sólo al Partido de los Trabajadores y a la izquierda, sino a todos los ciudadanos brasileños. Como nunca antes en nuestra generación de combatientes, lo que está en juego es el futuro de la democracia”, concluye el manifiesto, dejando en claro que se trata de la defensa no sólo de un candidato ni de un partido sino de la democracia, cooptada por las corporaciones que hoy gobiernan Brasil.

Fuente: El Eslabón.

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