El dirigente de las radios comunitarias Daniel Fossaroli, sostiene que a pesar de los decretazos macristas en beneficio de las grandes corporaciones de la comunicación, la norma que reemplazó la legislación que venía de la dictadura “está vigente”, y debe ser resguardada ante nuevas amenazas.

Daniel Fossaroli es vicepresidente del Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco) y a la vez miembro de la Coalición por una Comunicación democrática (CCD), protagonista de la elaboración de la Ley de Servicios Audiovisuales, conocida popularmente como la Ley de Medios, una norma considerada un hito en la región para la democratización de la palabra y aprobada por mayoría en el Congreso (con votos de distintas fuerzas políticas) en 2009, durante la gestión de Cristina Fernández. Esa conquista histórica fue una de los primeros objetivos de la guadaña del gobierno macrista en favor de los grupos concentrados, en especial del grupo Clarín, y eliminó algunos de sus articulados por decreto. El dirigente advierte que a pesar de estas acciones “la ley está vigente, no está caída”, y avisa que buena parte de lo quedó en pie hay que defenderlo a rajatabla. Considera que la comunicación autogestiva no puede bajar la guardia ante los intentos día a día del gobierno por cercenar derechos y que para evitarlo la única manera es unirse.

Fossaroli, de larga trayectoria como dirigente de la comunicación popular, definió el contexto social y político actual como “un retroceso”. “Mientras que en la gestión anterior, ante todo lo que faltaba se iba logrando una conquista y se buscaba otra nueva, ahora, lo único que se hace es defender lo que queda”.

Sobre la Ley de Servicios Audiovisuales, aquella norma considerada por muchos especialistas internacionales como una conquista de derechos histórica, el propio dirigente miembro de Farco y la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (Aler) comenta a el eslabón que a pesar de los gobiernos progresistas que coincidieron una década atrás en la región como el Brasil de Lula, el Ecuador de Rafael Correa, la Venezuela de Hugo Chávez y la Bolivia de Evo Morales, “en ninguno de esos países se había avanzado tanto como en Argentina”, en torno a una legislación de medios de comunicación. Claro, hoy, el panorama en Argentina y en muchos países de la región es muy diferente.

—¿Cómo quedaron las radios comunitarias a partir de las modificaciones de la Ley de Medios? ¿Se puede considerar que está caída la norma?

—No, no habría que hablar de caída de la ley de medios porque eso significaría que el gobierno tiene todo el derecho de no respetar aunque sea lo que quedó en pie. Es decir, la ley de medios está vigente, no está caída. Lo que hizo el gobierno es quitarle todos los artículos que interferían o que no beneficiaban a los grandes grupos mediáticos llámense Clarín o La Nación. O sea que todo lo que no les convenía a los grandes grupos mediáticos se derogó por decreto. Pero el resto de la ley quedó vigente y existe con todo su articulado. Solo se cambió lo que no beneficiaba al monopolio de los grupos económicos. Eso es lo que sucedió. La ley está vigente y hay que hacerla respetar porque si no parecería que estamos sin ley y nadie podría regular nada y que se puede hacer lo que se les canta.

—¿Cuáles son algunos de los puntos vigentes e importantes de la ley de medios?

Por ejemplo, entre tantos puntos, está el Fomeca (Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual) que sigue estando en la ley y sigue estando presente. El Poder Ejecutivo lo tiene que aplicar, lo tiene que distribuir y lo tiene que elevar a concurso. Durante el primer año (de la gestión macrista) se hizo oídos sordos, no se ejecutó. El segundo año, se lo arrancamos con lucha, con mucho reclamo, demandas, movilizaciones y lo tuvieron que concursar, y ahora lo deberían pagar. O sea, lo están pagando a regañadientes pero están pagando concursos ganados correspondientes al año 2016 recién.

En este momento estamos peleando para que saquen a concurso los fondos correspondientes a 2017. Hemos logrado –este miércoles 31 de enero se acaba de publicar–, que esté aprobado el reglamento para poder concursarlos. Fondos que se deberían haber ejecutado en el 2017, con el presupuesto del 2017. Ahora tienen que salir los pliegos y los formularios para poder presentar los proyectos del 2017. O sea, es toda una lucha cotidiana, día a día para que las radios comunitarias puedan acceder a algo que por ley les corresponde. Ese fondo, aclaro, no sale de los contribuyentes de los ciudadanos, sino que son fondos que corresponden a un porcentaje de lo que la autoridad de aplicación de la ley –en este caso el Enacom–, les cobra a los medios de comunicación comerciales como impuesto a la radiodifusión. Se trata de un 10 por ciento de toda la recaudación de ese impuesto que se destina al funcionamiento de los fondos Fomeca. Son para que las radios comunitarias puedan concursarlos, no van directamente a las radios, no son subsidios. Van a concurso donde las radios deben presentar un proyecto con toda la complejidad que requiere esta presentación, para equipamiento o producción.

—Justamente, ese fondo aparece en la mira de las grandes corporaciones que presionan al gobierno para eliminarlo. ¿Si esto se elimina en el caso de la radios comunitarias se verían seriamente afectadas?.

—Si. Hay rumores de que quieren quitarle este impuesto a los grandes medios y, claro, con esto estarían afectado el fondo para las radios comunitarias, porque si no hay recaudación de este impuesto no va haber fondos. Estos fondos permiten que las radios no tengamos que cerrar las ventanas porque, ojo, no es más que eso, nos permite poder seguir subsistiendo. Las radios comunitarias no somos emprendimientos comerciales que tenemos grandes aportes de publicidad ni de grandes empresas y ni siquiera del Estado en la actualidad. Tenemos, en algunos casos, alguna pequeña publicidad o aporte estatal de los municipios o las provincias, que son muy escasos y que dependen de la voluntad de los gobernadores o de los intendentes; son migajas de las pautas (oficiales) las que les tocan a las radios comunitarias. La poca contribución que podemos llegar a tener es de los pequeños comerciantes o pequeños anunciantes que en realidad no manejan grandes recursos, por lo que esos aportes pueden alcanzar para pagar la luz, y hasta ahí.

—¿Y cómo resisten en estos momentos en donde justamente los pequeños y medianos comerciantes y empresarios están en problemas?

—Resistimos porque hay mucho trabajo voluntario, mucho empeño por parte del compañero y compañera que resisten, que donan su tiempo de trabajo, que donan sus capacidades para que la radio se sostenga al aire. Por ejemplo, hoy la programación que tenemos son las coproducciones que llevamos adelante con distintas organizaciones, o sea, hoy, las radios comunitarias tenemos una gran parte de la grilla de la programación ocupada por organizaciones que atienden la problemáticas como la discapacidad, organizaciones como  Mujeres tras las rejas, que hacen programas producidos por los internos de la unidad, mujeres y varones; programas de la economía social y solidaria, programas de algún club o de alguna colectividad como la boliviana, paraguaya o de otras comunidades latinoamericanas. Y son unitarios que salen una vez a la semana porque estas organizaciones pueden disponer de producir un programa de una hora, u hora y media.

Pero no contamos con la posibilidad de hacer un servicio informativo donde poder tener las mismas condiciones de informar a la audiencia que tienen los grandes medios. No podemos contar con una producción diaria de lunes a viernes, tener coberturas, móviles para saber qué pasa. Lo que está pasando hoy en la ciudad de Rosario no lo podemos contar nosotros, solamente lo cuentan los medios comerciales. Y los medios comerciales de Rosario, en realidad, tampoco tienen capacidad de producción sino que repiten las grandes cadenas nacionales.

Entonces, lo que pasa en Rosario nos enteramos a través de las grandes cadenas de dos o tres empresas. No tenemos recursos para contar las noticias, esas que no se cuentan en los grandes medios.

—Y eso parece ser justamente parte del proyecto de este modelo de gobierno, que las noticias y la información estén solo en unas pocas manos amigas.

—Claro, que nosotros no tengamos capacidad de generar noticias, es el problema.

—Si lo vemos desde este punto de vista, todo tipo de comunicación alternativa se convierte en una amenaza, una voz que hay que callar. ¿Cómo se paran frente a esta cuestión?

—Desde Farco, estamos atentos todos los días a cuales son las acciones que el Poder Ejecutivo intenta para atentar contra la democratización y contra el derecho a la comunicación; estamos en guardia todos los días a ver qué sucede. Desde Farco nos juntamos también con otros sectores organizados, en redes de comunicación, para que ante cualquier amenaza estar atentos y hacer movilizaciones o acciones de fuerza, pedir audiencias o buscar algún diálogo que pueda frenar estos intentos. Farco está dentro de la Coalición que a la vez está integrada por otras organizaciones que van más allá de la comunicación, como organismos de derechos humanos y sindicatos, y cada sector tiene una problemática propia y a veces se dificulta la posibilidad de hacer causa común en esto de la comunicación.

Entonces, si bien la Coalición está viva, nos juntamos además con otros sectores directamente relacionados con la comunicación como La Red de Medios Alternativos, como la Amarc (Asociación Mundial de Radios Comunitarias), con distintos sectores. Pero también estamos haciendo convenios y accione con la Ctep (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), como comunicadores autogestionados dentro de una unidad gremial de los trabajadores excluidos de la economía popular.  Y ahí buscamos sumar fuerzas para defender estos derechos.

Hoy por hoy la situación no es de avance es de defensa, o sea  durante algunos años en la gestión del gobierno anterior estábamos como en un proceso de trabajo en donde íbamos avanzando en la toma de derechos, de todo lo que faltaba íbamos logrando una conquista y buscábamos otra, En cambio en este contexto social y político lo único que nos queda por hacer es defender lo que tenemos.

—¿Farco es parte de Aler, como es la situación de las radios comunitarias en la región?

—En los países que todavía hay gobiernos de alguna manera progresistas se intenta avanzar a  pesar de la presión que ejercen los grandes grupos concentrados de la economía y la comunicación. Casos como Bolivia, Ecuador hasta hace poco, o Venezuela, donde se pueden encontrar instancias de diálogo con los gobiernos en función de avanzar con el derecho a la comunicación. Pero hay grandes interese económicos que limitan esta posibilidad. Igual en ninguno de estos países se había llegado a los avances que habíamos logrado en Argentina. Ahora Argentina está en retroceso, y algunos países están luchando por sostener lo que lograron y otros están aún luchan porque los sectores populares tenga algún acceso a la comunicación.

Aire Libre cumple tres décadas en el dial: “Es un desafío a la esperanza”

“Yo tenía 22, 23 años… no me hagas acordar que me pongo a llorar”, dice Daniel “Pollo” Fossaroli cuando se le recuerda que este año la Radio Comunitaria Aire Libre cumplirá un aniversario redondo. En 1988, un 20 de agosto, se hacía la primera transmisión desde el patio de la escuela Pablo Pizzurno. Hoy, el Centro de Educación, Comunicación y Biblioteca Popular Aire Libre Radio Comunitaria, transmite en su señal de 91.3 en FM, desde un edificio propio ubicado en la zona oeste, en Virasoro 5606, en donde además de un completo estudio radial se complementa con salas de capacitación en producción integral, operación técnica y edición digital, entre otras actividades.

“La verdad –confiesa el dirigente– estamos tratando de ser conscientes de lo que hemos hecho; durante estos 30 años hemos desafiado al sentido común desde que decidimos poner una radio comunitaria gestionada por un grupo de vecinos, conformada en una entidad sin fines de lucro donde la ley y el sentido común decía que eso no se podía hacer, que una radio tenía que ser una empresa comercial”.

“Además nos advertían: «Si vas a poner una radio te van a venir todos los gremios y te van a encerrar económicamente porque tenés que poner en blanco a los trabajadores». Pero nosotros les aclarábamos: «Somos nosotros los trabajadores». «No, eso no va», nos contestaban. No se entendía que podía haber trabajadores autogestionados de la comunicación, no se concebía que pudiera haber una radio gestionada por sus propios trabajadores”, rememora Fossaroli.

“Tampoco que se concebía que la ley pudiera llegar en algún momento a decir que la radiodifusión y la comunicación no eran solamente un acto de comercio. Entonces, atentamos contra todo eso, pusimos una radio y nos organizamos como trabajadores de la comunicación”, agrega.

“Y pensar que un grupo de vecinos que se juntaba pusiera una radio comunitaria y luego tuviera un edificio propio con un centro cultural, un centro comunitario con biblioteca, con talleres, con centros de capacitación”, reflexiona y añade: “Que lleguemos a ser algo importante en la vida cotidiana de los vecinos de los barrios, que seamos necesarios para organizaciones que hoy tienen un canal en donde pueden expresar sus desafíos, sus reclamos, sus demandas, sus sueños, y que eso se exprese en la radio comunitaria… pensar en todo eso después de 30 años, que esto pudo ser posible, es realmente un desafío a la esperanza”.

“Porque a pesar de que los contextos han sido durante estos 30 años en mayor parte desfavorables en lo político en lo económico y en lo social, es un aliento a la esperanza que podemos seguir construyendo nuevos desafíos”, finalizó el Pollo Fossaroli.

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