Yo no sé, no. Pedro me decía el otro día: ¿Te acordás del primer puente? Sí, el primer puente de la Vía Honda, Doctor Riva y Avellaneda más o menos, donde íbamos a cazar cuises, a cazar pájaros y a disfrutar de ese tren, de esa vía tan estabilizada, que de vez en cuando llevaba gente, pasajeros a algún lado, que nunca supimos dónde iba esa gente cuando salía de Rosario. ¿Y te acordás la canchita que hicieron los pibes, que una vez aparecimos y estaban con una pala, y nos dijeron estamos estabilizando el piso? En realidad lo estaban emparejando hasta que lo lograron, hicieron un cuadrado más o menos aceptable donde se podía hacer buenos partiditos.

Se armó una canchita que nunca tuvo arcos ni travesaños, sino arcos de trapo, así que a veces la hacíamos de norte a sur, otras veces de este a oeste, y pasaba algo raro. Al mediocampo, siempre al mediocampo, la pelota pegaba un pique extraño. A veces jugábamos con pelota de goma, a veces de cuero medio desinflada, o con pelotas nuevas; y con todas las pelotas pasaba lo mismo. Hasta que le preguntamos a uno de los pibitos que hicieron la canchita y dice: ¿Sabés qué habrá pasado? Debe ser la huella del último carro de la última lluvia. Porque en ese tiempo, a la quinta entraban los carros, todavía los quinteros no tenían 4×4; o el lechero venía con carro, o había dos carros que se dedicaban a llevar a los pibes a la escuela a barrio Triángulo, y los de aquel lado a Acindar los días que llovía, porque los días que llovía lo único que no se quedaba era los carros. Y eran tiempos que por la radio ya se instalaba la palabra estabilización.

Los poderosos estamos estabilizando el país, decían los medios oficiales. ¿Y cómo iban a estar estabilizando el país si el peronismo estaba proscripto, el general no podía volver, los sindicatos estaban intervenidos o sus dirigentes comprados? En lo social había mano dura. Todavía no se había instalado el término gatillo fácil, había mano dura. Y económicamente, uno veía… ¿Cómo podía haber estabilidad social con tanta cosa despareja? A minutos del centro lo único que no se empantanaba eran los carros.

Y bueno, Pedro decía: apenas empezamos a participar en política, empezamos, como los grandes que estaban en la Resistencia, a resistirnos a esa estabilización que nos proponían, para cambiarla y hacer algo más parejo. Después cuando hubo democracia se pudo emparejar a medias algunas cosas, se avanzó hasta donde se avanzó. Y Pedro me dice: ¿Sabés qué? Ahora estos tipos nos están proponiendo de nuevo que vienen a estabilizar la economía, vienen a estabilizar el país, para ser un país serio. Y mirá, si bien en el barrio ya hay pocos callejones de tierra y las calles que no están pavimentadas, están estabilizadas; estoy seguro que si voy a esas canchitas que están ahí pegadito a Avellaneda, en las que están jugando los pibes, si tiramos la pelota, rebota en el medio campo como diciendo: todavía está la huella, la huella de la patria que se resiste a esta estabilización; la huella de los carros de la patria, porque la cosa no está pareja. Entonces hay que zapatear contra esto que nos proponen de dejarnos afuera, dejarnos sin educación. Ni siquiera con carro vamos a poder ir a la escuela pública, porque la están desmantelando. Hay que ir en contra de esto tan desparejo y de esa palabra que quieren instalar, que están estabilizando, me dice Pedro, mirando en dirección del primer puente y escuchando por la radio que al pibe al que le pegaron dos tiros por la espalda -posiblemente la policía- están tratando de estabilizarlo, tratando de estabilizarlo para que no pierda la vida.

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