La secuencia fue clara. Obscena. Primero, el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, se paseó como un virrey dando órdenes por Argentina, Colombia, México y Perú. Y pocos días después, las órdenes habían sido cumplidas, a pie juntilla, en los territorios coloniales.

El representante del Imperio vino a la región los primeros días de febrero. Vino a realizar una breve gira para apretar a los gobiernos títeres serviles a Washington. Vino a exigir que se aumente la presión contra Venezuela, y que se desconozca el llamado a elecciones presidenciales para el 22 de abril en el país bolivariano. La idea era, además, que fracasara el diálogo entre el gobierno bolivariano y la oposición. Y lo logró. Misión cumplida. EEUU y los gobiernos cipayos de la región le asestaron una nueva puñalada por la espalda al pueblo venezolano, a la voluntad popular y a las instituciones de esa nación soberana.

El secretario de Estado yanqui también exigió mayor presión económica, política y mediática contra Venezuela. Y en este punto, los mandatarios títeres también acataron, sin demora alguna. No hay que olvidar que varios de los países que visitó el funcionario estadounidense pertenecen al denominado Grupo Lima, también conocido como Club de la Derecha Aliada con EEUU o Grupo contra Venezuela, una unión de países nacida de la restauración conservadora que tuvo lugar en los últimos años en la región.

O sea: es un organismo al servicio del Imperio que intenta ocupar el lugar de las ahora olvidadas, ignoradas y marginadas Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Si la Unasur y la Celac estaban al servicio de la integración regional y el desarrollo independiente, el Grupo Lima, en cambio, está al servicio de los intereses de las grandes corporaciones multinacionales, el capital concentrado, y el Imperio, lo que redunda en la desintegración, la entrega, la postergación y postración regional.

Conforman el Grupo Lima Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía.

Mauricio Macri y Michel Temer son los más fervientes cruzados anti-Venezuela y compiten por mostrarse como los más rastreros ante el Imperio, ante el impredecible y desdeñoso Donald Trump.

La respuesta del grupo de cipayos a las órdenes imperiales fue veloz. Y los gestos contra Venezuela no se hicieron esperar.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ya había sido oficialmente invitado a VIII Cumbre de las Américas, que se realizará el 13 y 14 de abril en Lima. Y el mandatario bolivariano la había aceptado. Pero luego del paso del matón imperial por la región, todo cambió. La orden bajó del norte y el presidente del Perú, el banquero multimillonario y neoliberal Pedro Pablo Kuczynski, cambió de idea.

Kuczynski siempre fue un fiel aliado de Washington. Pero desde hace unos meses mucho más. Estuvo a punto de perder la presidencia porque está seriamente comprometido en casos de corrupción relacionado con la constructora Odebrecht. El 21 de diciembre de 2017 tuvo lugar una escandalosa sesión del Parlamento en la que zafó de perder el cargo mediante pactos espurios con la oposición. Se salvó, tras un pacto con los fujimoristas, a cambio de brindar un escandaloso e indefendible indulto al ex dictador Alberto Fujimori, condenado por cometer crímenes de lesa humanidad.

Desde ese lugar impoluto, desde esa atalaya de alta moral y excelsos valores democráticos e institucionales, Kuczynski se arrastra ante el Imperio y cacarea acerca de la “crisis institucional de Venezuela”.

En este marco, donde la hipocresía es más abundante que el aire que respiramos, el Grupo de Lima, devenido virginal defensor de la democracia y los derechos humanos, declaró que Maduro “no será bienvenido” en la VIII Cumbre de las Américas.

Este grupo de naciones emitió un pronunciamiento que, además, desconoce la validez de las elecciones presidenciales en ese país convocadas para el 22 abril y anuncia que ninguno de los miembros de este grupo las reconocerá.

Cuatro de los países que forman el Grupo de Lima –Argentina, Colombia, México y Perú– fueron visitados por Tillerson hace unos días, visitas en las cuales el tema Venezuela y cómo cerrarle el cerco al gobierno de Maduro fue parte central de la agenda.

En esa gira, Tillerson, como un amo agradecido dispuesto a sobar el lomo de sus fieles perrillos, elogió al Grupo de Lima y le agradeció “por sus acciones contra Venezuela”.

Y pocos días después, moviendo el rabo con su pronunciamiento contra el gobierno venezolano, este frente de naciones contra el gobierno chavista dio un paso más en esas acciones que agradan a Washington: des-invitaron a Maduro y cometieron además un alevoso acto de injerencia en los asuntos internos de una nación soberana al desconocer el llamado a elecciones.

La canciller peruana, Cayetana Aljovín, anunció que su gobierno, con el apoyo del Grupo de Lima expresado en la declaración emitida este martes 13, había decidido retirar la invitación al presidente de Venezuela para asistir a la Cumbre de las Américas.

“El gobierno de Perú, con el apoyo del Grupo de Lima, ha decidido que la presencia de Maduro en la Cumbre de las Américas ya no será bienvenida”, señaló, al tiempo que intentó justificar la decisión señalando que en Venezuela “no se estaba respetando la institucionalidad democrática”.

Nada dijo de la presencia, dentro del Grupo Lima, del ilegítimo presidente de Brasil, Michel Temer, surgido de un golpe de Estado. Pero Temer es bienvenido.

La canciller olvidó también la situación de otro de los países que integran la agrupación: Honduras. En ese país de Centroamérica, Juan Orlando Hernández fue reelegido pese a que la Constitución le prohibía expresamente presentarse como candidato a la reelección.

Además, ganó mediante un alevoso fraude (Iba perdiendo, se cayó el sistema y después, cuando volvió el sistema, se revirtió la tendencia: el viejo truco). Y cuando el pueblo salió a la calle, los mandó a masacrar, con un saldo de más de 30 muertos. Hernández es, sin embargo, bienvenido, y nada se dice de los derechos humanos en Honduras, cuyas calles siguen ensangrentadas.

Pero el Grupo Lima, como tanta gente en este mundo con tantas varas y tantas morales, es hipersensible a lo que sucede en Venezuela, pero solo allí. Tiene una vara especial para medir, para auscultar con celo lo que sucede en Venezuela, pero nada más. Ante lo que sucede en otros países son ciegos, sordos, mudos, distraídos. Todos miran hacia Venezuela. Todos ponen allí sus democráticas lupas impolutas.

La declaración del Grupo de Lima expresó su “firme rechazo” a la convocatoria a elecciones en Venezuela para el 22 de abril, señalando que esa convocatoria se había realizado “unilateralmente, sin haber alcanzado un acuerdo con la oposición” y que eso “imposibilita la realización de elecciones democráticas, transparentes y creíbles”. Concluye que esas elecciones “carecerán de toda legitimidad y credibilidad”.

En el documento de condena a Venezuela también se habla de “violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno venezolano”, se afirma que en ese país hay “una crisis humanitaria”, se pide que se abra “un corredor humanitario” para atender “con alimentos y medicinas” a la población.

Firmaron esta declaración los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía.

La restauración conservadora cobra fuerza y EEUU está dispuesto a apretar las clavijas en la región. Y los gobiernos títeres: Sí, señor.

Fuente: El Eslabón

 

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