El movimiento de mujeres de la Argentina es un movimiento político y social, pionero en América Latina y el mundo. El crecimiento, la fuerza y la unidad que nos caracteriza nos permite construir esta cuarta ola del feminismo que consolida un sujeto político de masas, dinámico, aglutinador de todos los sectores y capaz de reaccionar organizadamente frente al poder político y económico.

Avanzamos a pasos firmes considerando la diversidad de pensamientos, posturas y debates como una potencialidad antes que una limitación.

El feminismo rompió barreras, derrumbó fronteras. Hoy implica una construcción de arraigo popular, con sentido comunitario y colectivo, mucho menos ortodoxo que el tradicional y construido desde los sectores más marginados que cuestionan la opresión desde la opresión. Un feminismo popular que no sólo piensa en crear categorías e interpelarlas sino también en hacer trabajo concreto en los territorios.

El avance extraordinario del movimiento de mujeres hizo su salto político cualitativo y cuantitativo más fuerte a partir del 3 de junio de 2015 con la primera movilización masiva bajo la consigna ‘’Ni una Menos’’, donde empezamos a dejar grabado que la sangre de nuestras hermanas asesinadas en manos de la violencia machista dejó de ser tolerable y decidimos, como colectivo, avanzar todas juntas para que el patriarcado deje de matarnos.

Ni Una Menos invita a un encuentro y a una apuesta a dejar los privilegios varoniles en el asfalto, a dejar incluso las pesadas herencias y a doblar los caminos en donde se encuentre igualdad en la diversidad, asimismo logró elevar el nivel de consciencia de la sociedad, pero sobre todo convoca a las adolescentes o jóvenes que se suman por primera vez a las asambleas organizativas que año tras año son cada vez más multitudinarias.

Así llegamos al Día Internacional de las mujeres trabajadoras más hermanadas que nunca, de cara al segundo Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans.

El mundo se ha convertido en un lugar hostil, las desigualdades aumentan, la riqueza se concentra en unos pocos poderosos. En la región el panorama no difiere con la ola restauradora que sucedió a los gobiernos nacionales y populares y la etapa de adquisición de derechos.

En nuestro país, el gobierno conservador de Macri ajusta y recorta políticas sociales y avanza sobre los derechos conquistados. El ajuste económico de los últimos años ha recrudecido no sólo la desigualdad de clase, sino la de género, como las dos caras de una misma moneda y esto abona al cóctel mortal de la violencia machista.  El hambre nos mata, el machismo también.

Entendiendo que no hay transformación real del mundo sin una perspectiva feminista donde podamos llevar a cabo una vida libre de violencias, las mujeres alrededor del mundo nos ponemos de pie en contra de la falta de reconocimiento de las tareas de cuidado y del trabajo del hogar; en contra del ajuste, los despidos y la brecha salarial; en contra de las reformas laboral y previsional; de la violencia patriarcal y los femicidios; a favor de la legalización del aborto.

El 8 M nos movilizamos millones en el mundo, en un grito común: si nosotras paramos, se para el mundo. Enunciamos el Nosotras desde la diversidad y la pluralidad, cuestionando el patriarcado y encontrándonos en las calles, sabiendo que no estamos solas, estamos para nosotras.
Las mujeres somos conscientes de nuestra revolución, y estamos orgullosas y la defendemos; pero también sabemos que existe una revancha frente a la libertad de las mujeres que se rebelan contra la violencia machista.

No vamos a retroceder, ni vamos a callarnos. Como dice Luciana Peker “no se trata de una revolución dormida, sino de una revolución permanente’’.

Vamos a quebrar las estructuras que nos atan. Si paramos todas, la tierra se mueve. Este 8 de marzo movemos la tierra de su eje.

*Mujeres Evita. Colectivo Ni Una Menos

 

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