Pedro se acordaba la otra vez del primer cartel que veíamos cuando íbamos para el puente de la vía, que decía “Prohibido pasar”. Lo había puesto el quintero, pero nosotros por supuesto no lo respetábamos.

Al principio pasábamos con cuidado, hasta que el tipo nos agarró confianza porque veía que no le pisábamos el sembradío. Después venía otro cartel que rezaba “Cuidado con el tren”. En realidad había uno de “No pasar”, pero como nadie le daba bola habían puesto el otro.

En el barrio Acindar, que estaba lleno de jardines, abundaban los carteles que decían “No arrancar las flores”. En la escuela, había otro que rezaba “Prohibido correr en los recreos”. Y cuando subíamos al bondi, nos encantaban aquellos que prohibían hablar con el chofer, subir o bajar con el coche en movimiento, salivar y sacar los brazos o la cabeza por la ventana. Pero el peor era el de la puerta del cine: “Prohibido para menores de 18”, que hacía peligroso pero tentador colarse.

En las plazas estaba el tradicional cartelito que prohibía pisar el césped; y en los baños de los bares el de “Uso exclusivo para los clientes”.

En los primeros años de los 70, en el Superior de Comercio, había uno improvisado que decía: “Escuela tomada por los estudiantes”. Se había tomado la decisión de nacionalizar y popularizar el país, y que la democracia entrase por todos los salones y por todas las ventanas.

Volviendo al barrio, una familia que vivía al lado del campito, se despachó con un “Prohibido jugar a la pelota”, porque le pegábamos contra la pared y hasta hicimos una canchita, pero paralela a su casa, para que no reciba tantos pelotazos.

Cuando arranco lo fulero de la dictadura, cuando te decían que no pases por tal cuadra, seguro era porque los milicos estaban reprimiendo a mansalva.

En los 90 llegaron los carteles de “Cerrado definitivamente”, o “Cambio de rubro”, o “Todo importado”. Y en los cines, hablando de los cines, ya no había carteleras, sino imágenes religiosas.

Los carteles que más duelen ahora, me comenta Pedro, son los que dicen “Cerrado”, “Cerrado”, “Cerrado”. Y los que hay ahora en el barrio, que en lugar de “Cuidado con el tren”, dice “Vía muerta”, porque el tren ya no pasa más hace rato.

Igualmente, me remarca Pedro, los que más me gustan son esos carteles de “Bienvenido”. Bienvenido a este local partidario, a este sindicato, a esta vecinal, a esta escuela. Bienvenidos a la lucha por un futuro mejor, para que mejoremos todos y todas. Y, sobre todo, bienvenidos a esta canchita, porque el partido es largo y el resultado, a la larga, nos tiene que encontrar a todos juntos triunfando.

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