El reportero gráfico Diego Paruelo cuenta en imágenes la historia de un ex combatiente que experimentó la cruenta batalla del Monte Longdon. La obra fotográfica funciona como síntesis de las cientos de historias de argentinos que padecieron la posguerra.

La muestra fotográfica “2 de abril” es un recorrido en instantáneas por la vida del ex combatiente Sergio Gasco, oriundo del sur del Gran Buenos Aires, quien combatió en la terrorífica batalla de Monte Longdon, la más sangrienta de la guerra, entre el 11 y 12 de junio de 1982. El autor del trabajo es el reportero gráfico Diego Paruelo, nacido en Rafaela y radicado en Buenos Aires.

La Sala de las Miradas, en Plataforma Lavardén, ya abrió la exposición que se podrá visitar hasta el próximo 7 de abril y que tiene como eje la historia de un ex combatiente de la guerra de Malvinas. Su autor es Diego Paruelo, reportero gráfico del diario cooperativo Tiempo Argentino y colaborador de otros medios.

Paruelo nació en Rafaela, se trasladó junto a su familia a Rosario y siendo mayor de edad se radicó en Buenos Aires. A principios del año 2000 comenzó una búsqueda en derredor de la situación de los ex combatientes a casi 20 años de la guerra. Así conoció la historia de Sergio Gasco, quien que combatió en la batalla de Monte Longdon, entre el 11 y el 12 junio de 1982, en la que se produjeron combates cuerpo a cuerpo, y que fue estratégica por su posición clave en torno a Puerto Argentino. Y también conoció las secuelas que dejó este suceso en la vida de Gasco a su regreso de la guerra.

Paruelo produjo una serie de imágenes y entabló una relación amistosa con el ex combatiente. En 2005, y luego de un parate de dos años por la muerte de Gasco, la obra fotográfica se exhibió por primera vez en Buenos Aires, y de allí en más se mostró en diferentes ciudades del país, en espacios de memoria, en instituciones educativas, circuitos culturales y comunitarios.

Marcas en la memoria
“Algunos me preguntan si tuve familiares que fueron a la guerra. Y la verdad que no. Yo nací en 1976. Y esa época y el suceso de Malvinas nos atravesó a mi familia y a mí”, cuenta el fotógrafo que recuerda que durante la guerra vivía en Rosario: “Tengo la imagen de mi madre llorando, fue algo muy traumático, mi vieja lo sufrió mucho”.

Paruelo tenía sólo seis años cuando las tropas argentinas desembarcaron en Malvinas, aquel 2 de abril de 1982. Pero esas sensaciones vividas en tiempos de guerra lo marcaron también en los años posteriores. “Veía a los ex combatientes en Buenos Aires vendiendo biromes, reglas, mendigando porque no tenían ni un mango”, describe.

“Me planteaba que esos tipos que pusieron el pecho por el país ahora estaban mendigando, y no tenían un reconocimiento suficiente de la sociedad ni del estado”, sintetiza.

Diego comenzó a estudiar fotoperiodismo y encontró en este oficio un medio de comunicación genuino. A principios de 2000, empezó a frecuentar el Centro de ex Combatientes de Lanús, en el sur del Gran Buenos Aires, buscando testimonios.

“Al principio era muy abarcativo todo pero me faltaba el gancho. Necesitaba que el interés fuera mutuo. Entonces, conocí a Fabiana, la mujer de Sergio. Ella asistía a las reuniones de mujeres de ex soldados, ya que él (por Gasco) no participaba mucho. Estaba recluido en su casa, era más solitario”, relata el fotógrafo.

“Me enganchó su historia y él también se enganchó. Y se abrió, y se dió la conexión. Estuvimos tres años juntos. Yo iba a la casa dos veces por semana. A veces hacíamos fotos y otras no estaba de ánimo, pero hablábamos mucho”, comenta. “Él llegó a ver en gran parte de este material pero la historia tuvo un corte abrupto en 2003, cuando fallece de un cáncer de pulmón. Nunca pensé que me iba a encontrar con ese final. A parte era un tipo joven. La verdad que fue duro que haya fallecido. Entonces tuve que dejar todo por un tiempo y después lo retomé”, dice Paruelo con un dejo de tristeza.

El fotógrafo rafaelino nunca perdió comunicación con la familia de Gasco. “Siempre estuvimos en contacto y hoy se interesan mucho por los lugares por donde circula la muestra”, destaca.

La guerra interna
A los 20 años, habiendo terminado el servicio militar, Sergio Gasco fue enviado a las islas Malvinas. Su ubicación en el conflicto fue al pie del Monte Longdon, lugar donde ocurrió una de las batallas más cruentas. Luego de la derrota fue tomado como prisionero de guerra. Veinte años después, Sergio se encontró con una realidad adversa: sin trabajo y con graves secuelas físicas y psíquicas. Desde la pérdida auditiva hasta el padecimiento de síndrome de stress post-traumático. En abril de 2003 fallece de una enfermedad terminal.

Para el autor de la muestra, la muerte de Gasco no es ajena a la de los cientos de ex combatientes que se suicidaron desde 1982 hasta nuestros días.

“Yo quería mostrar la posguerra. Y qué les pasó a estos tipos que vinieron así y que los trajeron de escondidas”, resalta Paruelo y agrega: “Hace años hubo una reivindicación importante de los ex combatientes y de lo que significó Malvinas. Pero hoy vemos que le recortan las pensiones, que no son tenidos en cuenta. Parece que todo volviera a ser como en los 90”.

El reportero y el ex combatiente forjaron una relación fuerte. “Me contaba muchas cosas. La batalla de Monte Longdon fue la última del tipo guerra cuerpo a cuerpo, ahora apretan un botoncito y chau. En ese combate estuvieron tirando tiros durante 12 horas seguidas, una locura”, detalla Paruolo.

“Gasco me contaba que soñaba algo parecido a lo que vimos en la película Rescatando al soldado Ryan, o sea soñaba toda esa atrocidad. Es muy difícil olvidarse de eso. A él le hubiese gustado volver a Malvinas, pero por otro lado le daba temor que todos esos fantasmas juntos le volvieran a atravesar”, desliza el cronista gráfico.

La relación de Diego y Sergio fue más allá del testimonio periodístico: “Teníamos muchas cosas en común. Él era hincha de Boca y fanático de Chevrolet. Y le gustaba mucho el metal: Iron Maiden, como a mí. De hecho fuimos a muchos recitales juntos”.

Lo mejor es la respuesta.
La muestra fotográfica “2 de abril” está compuesta por 15 piezas en blanco y negro de un tamaño de 70 por 80 centímetros e impresas en papel de vidrio. Un trabajo realizado en analógico con una cámara Nikon N90: “Me permitió bajar un poco, parar la pelota y pensar más las fotos”, afirmó Diego Paruelo, quien presentó su obra acompañado por ex combatientes locales encabezados por Julio Mas. “Se acercan muchos ex combatientes y gente que se interesa de alguna que otra manera. Por eso creo que lo mejor de este trabajo es la devolución”, destaca.

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