Yo no sé, no. Pedro se acuerda que un día de esos de fin de semana largo, cuando estaba cerca de la canchita, uno de los más grandes dijo: “Nos vamos a ir a pescar y vamos a llevar hasta a los más chicos, así aprenden”. Y así nos fuimos hasta la zona sur. Nos enseñaron a poner el anzuelo, a elegir la carnada. Los más grandes estaban acostumbrados, porque trabajaban de albañiles y cada dos por tres, cuando venía una semana medio lluviosa, decían que no les quedaba otra que ir a pescar para parar la olla, porque andaban siempre con la diaria y el día que no se laburaba no había plata.

Con nosotros había ido un vago que después supe, le decían El Pescador, porque jugando a la pelota siempre estaba a la pesca, ahí en el área chica, y agarraba las pelotas que estaban medio perdidas y las mandaba adentro. Hasta en los bailes en los que lo encontrábamos, decía que ya había tirado varias líneas: “A unas cuantas les dije que estoy acá, les hice el chamuyo”. Y estaba confiado que alguna iba a picar.

El país venía zafando de una crisis económica en aquellos años, y a mediados de los 70 los peces se habían multiplicado, había abundancia, no sólo de peces sino en acceso a la salud, a la educación, a los salarios. Y Pedro, hasta cuando militaba hacía referencia a la pesca. Decía que necesitábamos algún gancho para que nos comprendieran, para que piquen, para que nos conozcan.

De pronto parecía que todo se había terminado, que el río nos quedaba lejos. Los pibes del barrio, a veces se iban mangueando o a pata, porque habían tenido que vender la bicicleta, ya que no alcanzaba la plata y habían perdido el laburo. Siempre con caras largas porque no había pique: no había salido ninguna changa. Y eso era jodido.

Estos últimos años, dice Pedro, que buenos que se habían puesto. Parecía que había abundancia, y no sólo por una cuestión meteorológica o que el río empezó a dar, sino porque se crearon las condiciones. Y las líneas y las redes de contención funcionaron. ¿Tendrían que haber funcionado mejor?, es probable. Pero ahora, ¿cómo estamos?, se pregunta Pedro. El río nos queda lejos y estamos como mojarritas. Los pescados gordos nos están devorando a los chicos. Habría que volver a tirar líneas y redes de contención.

Quién te dice que en una de esas, si nos juntamos, vuelve la abundancia, vuelve la boga, el sabalaje para todos y no sólo en semana santa, sino cuando uno lo desee, vuelven las escuelas, el laburo, la salud. En una de esas se nos da y hasta vuelve el pique, me dice Pedro, mirando con nostalgia la posibilidad de ir a los bretes, allá cerca del Saladillo.

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