El periodista, escritor y docente, Pablo Bilsky, presenta –el jueves 12, en la Facultad Libre de Rosariosu segundo libro: una cuidada selección de crónicas de sus viajes.

El profesor de Literatura española en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, Pablo Bilsky, viajó a lo largo y ancho del planeta en su rol de periodista, pero nunca pisó la patria de Mao y Confucio. Sin embargo, o no, a su primer libro de crónicas de viaje le puso justamente ese nombre. “Viajé por más de 50 países, pero jamás estuve en China”, dice entre risas este rosarino que al igual que Fito nació en el 63, y agrega: “En el primer texto, que si se quiere hace las veces de prólogo, se explica el porqué de ese juego”. En Enfurecida ignorancia, el texto en cuestión, se puede leer: “La peor pesadilla del viajero es trasladarse a un lugar y que ese lugar se haya ido. Que se haya ido, y no para siempre. Que haya salido, circunstancialmente, a hacer un mandado, un mandado banal. Que se haya ausentado por el mismo tiempo que dure la estadía del viajero. «Fuí a la China, pero la China, justo ese día, había salido, la China no estaba, se fue de viaje». Viajó a Rosario, por ejemplo. O: se mantiene allí, a una distancia prudencial, pero inalcanzable, a salvo del viajero. El viajero da un paso, la China también. Y así”. “Ya voy a ir a China”, asevera Bilsky. “Cuando esté preparado”, acota.

En ese mismo texto, que inicia el recorrido por el libro y por el mundo, también se puede leer: “Quizás algunas de estas crónicas logren dar cuenta del asombro ante lo desconocido, ante lo que jamás podrá comprenderse. La divisa del cronista podría ser: fui, vi y no entendí. Regresé, y encima osé escribir. Escribir lo que no se entiende. Y escribir por eso”.

“Es un libro que se va paseando por distintos lugares de América, de Europa y Medio Oriente. Países desde los que hice crónicas, informes radiales, pero que a diferencia de esas oportunidades, en las que uno debe ser breve y apuntar más a lo político y lo coyuntural, acá conté con muchísimo más tiempo y tranquilidad”, dice Pablo, que desde hace años presta su pluma y sobre todo sus pesadillas a la contratapa de Rosario|12. “Poder sentarme a escribir, tomando incluso distancia en espacio y tiempo de esos lugares, me permitió hacer algo más literario”, señala Bilsky, y se encarga de destacar que China se concretó bajo el ala de Baltazar, “una editorial rosarina familiar, independiente, artesanal, que labura muy bien y muy a pulmón”.

Bombas y gases

Algunas de las crónicas que integran China “fueron escritas a partir de apuntes que quedaron archivados durante años –aclara el autor–, que se fueron escribiendo, reescribiendo, borroneando, tachando, después de un proceso bastante largo, incluso de selección de cuáles se iban a incluir y los muchos que quedaron afuera”.

Entre esos relatos, en los que el docente de Literatura española se permite viajar también a través de la historia universal, se destacan su estadía en Grecia, en 2011, en plena crisis financiera y con brutales enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y el pueblo que luchaba contra el ajuste del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El capítulo bautizado Pneuma, que en griego antiguo significa “respiración”, da cuenta de aquella experiencia que incluso le dejó secuelas a Pablo por los potentes gases venenosos que arrojaba la policía contra la multitud. “Estuve meses tosiendo y con serias dificultades en la respiración”, confía ya recuperado.

Otra experiencia transformadora para Bilsky fue en tierras santas. Aunque en el libro, en el relato titulado Lo sagrado, prefirió rescatar testimonios de habitantes de territorios ocupados, y no centrarse en lo bélico, los recuerdos vienen con olor a pólvora. “Me acuerdo de estar en Israel, en Franja de Gaza, una noche y escuchar un bombardeo muy cerca. Habrán sido algunos kilómetros, pero se escuchaba como si fuera a un par de cuadras. Y en las noches posteriores seguía escuchando bombazos pero no podía diferenciar si eran reales o el recuerdo de aquellos”, rememora el integrante de la Cooperativa La Masa, que produce este semanario, y añade: “Deber ser tremendo vivir mirando al cielo esperando ver caer una bomba. De hecho me contaba una lugareña que a los niños les pedían que hagan dibujos en las escuelas y la mayoría dibujaba bombas cayendo”.

Sol de noche

Además de China, que ya está en las librerías (“excepto en las grandes, las que responden a Clarín y toda esa maquinaria”, según aclara Bilsky), Pablo ya publicó en 2015 y bajo el sello editorial Yo soy Gilda Herodes, una novela delirante en la que el protagonista es justamente un cronista que anota todo en una libretita putrefacta y que llega a cubrir el caso de un soldado argentino que aparece muerto, embarazado y con un bebé, entre otras narraciones inenarrables. Ahora, su poemario Sfruttatori, ganó una mención en el Concurso Nacional de Poesía de la Editorial Municipal de Rosario, y está pronto a ser publicado. “Digamos que cuando empecé a escribir fue precisamente a través de la poesía”, aclara el columnista de política internacional en distintos medios radiales, y cuenta la curiosa manera en que se enteró de la distinción. “Estaba en Islandia, y como obviamente no podía dormir, porque en ese país, en verano, siempre hay luz, recibí a una hora insólita el mensaje de una amiga que me avisaba que había sido seleccionado. Es muy loco, porque sólo entre las 12 de la noche, si es que se le puede llamar noche, y la 1 de la mañana oscurece un poco. Pero sólo un poco, como puede oscurecer a las 19 en un verano argentino. Pero cielo negro, y con estrellas, no existe. A las 3 de la mañana hay un sol que raja la tierra, a esa hora y en ese estado insomne, me enteré que Sfruttatori se iba a publicar”.

China se presentará el próximo jueves 12 de abril, desde las 19, en la Facultad Libre, de 9 de Julio 1122.

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