Yo no sé, no. Pedro se acordaba de un día que cayó piedra sin llover en una previa de un partido, ahí en la canchita. Pero literalmente, fueron casi dos horas de piedras cayendo y ni una gota. La canchita quedó cubierta por un manto de bolitas de naftalinas frías que parecía que no se iba a derretir nunca más. Ya en ese tiempo estaba instalado el dicho de “cayó piedra sin llover” como una sorpresa.

Los más grandes, como el tío de Pedro, ya hablaban del regreso del General, y Pedro pensaba que iba a ser como una piedra que caía del cielo pero una piedra de buena suerte. Una piedra que iba a instalar la democracia plena, de voluntad popular, de los grandes sectores. En el ‘72, cuando por fin volvió, llovió, pero no cayeron piedras. Pedro comprendió que esa tormenta venía a limpiar, para que brotaran las utopías, las ganas de hacer cosas. Una tormenta de realizaciones era posible. Pero de golpe vino la gran tormenta de la dictadura y ahí sí que cayó una pedrada difícil de soportar.

Cuando amainó esa tormenta negra hubo que restaurar todo. Porque en los barrios precarios, cuando cae piedra en abundancia se te hace bolsa gran parte del rancho. Después se instaló la democracia, con sus idas y venidas, hasta que de pronto apareció una gran piedra que no la esperábamos. Para muchos traía mala suerte, como dicen los timberos, los supersticiosos, que un tipo es piedra o fierro cuando trae mala suerte. Pero no hay que echarle tanto la culpa a la mala suerte, porque lo que se produjo en los 90 no fue una cuestión de buena o mala suerte, se produjo porque estaban dadas las condiciones y el campo popular estaba yendo para atrás. Y terminó como terminó.

Después vino el agua linda, las tormentas restauradoras, y empezaron a florecer nuevas cosas. Pero eso duró hasta que vinieron estos que prometían lluvia de inversiones y cambios, pero son puras piedras. Piedras en el futuro de la gente, piedras en la educación pública, en la economía general. En una de esas, piensa Pedro, esto termina antes de lo posible y no por una cuestión climática, sino porque nos juntemos para volver a restaurar el país porque ahora sí que está cayendo piedra sin llover. Pero algún día va a terminar, porque siempre que llovió paró, y siempre que cayó piedra, también. Por eso hay que estar preparados, para estar juntos en la reparación de la patria y de todas las canchitas.

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