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Fue una demostración sobre cómo las leyes se aplican en forma diferente a los millonarios y a los pobres. “Me equivoqué”, dijo Mark Zuckerberg y se fue tranquilo a su mansión. Su empresa hurtó y vendió ilegalmente datos de 87 millones de personas a Trump y otros políticos de derecha.

Los especialistas en Derecho suelen decir que el Código Civil y Comercial está hecho para que los ricos roben con impunidad, mientras que el Código Penal está para asegurar que los pobres vayan presos cuando cometen la más mínima falta.

 

La serie documental “Dinero sucio” (“Dirty Money”), producida en 2018, es muy ilustrativa en este sentido. Cuando los directivos de las grandes corporaciones tienen que responder ante la Justicia por grandes estafas, desfalcos, y delitos como lavado de dinero, actúan como niñas o niños traviesos ante padres indulgentes.

“Me equivoqué”, “Nos equivocamos”, “Es cierto, estuvimos mal”, “Fallamos, es cierto, no lo hacemos más”. Frases como esas se repiten en las escenas en las que los CEOs finalmente son llevados ante la Justicia. Y zafan. Siempre zafan. Fácilmente. Con una facilidad asombrosa.

La Justicia, a lo sumo, les aplica una multa, y se vuelven a sus casas fastuosas, o sus oficinas, a seguir con sus vidas y sus negocios. Nadie los detiene ni los humilla.

Y nunca, pero nunca cumplen, con la promesa de no hacerlo más. Siguen cometiendo los delitos, con total impunidad. Se burlan de la Justicia. La idea, la excusa de las autoridades es “son muy grandes para caer”: toda una fundamentación de la injusticia, la inequidad y el poder que tienen las corporaciones sobre los estados.

El contraste con el tratamiento que un pequeño o mediano delincuente recibe por parte de la Justicia, o de la Policía, o de los propios ciudadanos linchadores, resulta muy violento.

La comparencia del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, ante el Senado de EEUU, fue otro ejemplo de cómo el poder trata a las corporaciones y sus directivos. Se hizo responsable, dijo que se equivocó, pero la sesión se pareció mucho a un sainete cuando se negó a revelarles a los senadores, por ejemplo, dónde se alojaba, o con quién chateaba. El hombre responsable de robar y vender los datos personales de 87 millones de personas no está dispuesto a revelar información básica al Senado de EEUU.

Lo que queda claro es que las corporaciones son las que tienen el poder. Se jactan de ello y se burlan incluso. “Eso fue un gran error. Fue mi error”, dijo. Zuckerberg, al comparecer como testigo en una sesión conjunta de los comités de Justicia y Comercio del Senado. Zuckerberg dejó bien en claro quién es el jefe en un sistema capitalista.

“En todo el mundo, la importancia de internet en la vida de las personas está creciendo, y creo que es inevitable que deba haber alguna regulación”, dijo el CEO, para luego aclarar que esto esto debería ser “estudiado cuidadosamente”.

“Cada vez que alguien decide publicar algo en Facebook elige compartir una imagen o escribir un mensaje. Cada vez, hay un control justo en ese momento”, aseguró.

Los senadores de ambos partidos cuestionaron al fundador de Facebook sobre temas como la privacidad de la información, la desinformación y la injerencia de los rusos. Los legisladores exigieron detalles acerca de cómo la red social recolecta y usa los datos de los usuarios y exigieron garantías de que se implementarían grandes mejoras en la protección de la privacidad de los usuarios.

De hecho, ante un escándalo similar, Facebook ya había firmado un acuerdo para proteger la información en 2011. El famoso “no lo hacemos más” no se cumplió.

En uno de los momentos más teatrales de la audiencia uno de los senadores le preguntó al CEO de Facebook si estaría dispuesto a compartir el nombre del hotel en que había dormido esa noche. “No,” contestó Zukerberg. “¿Y el nombre de las personas con las que había chateado ese día?”, retrucó el legislador. “No, tampoco,” volvió a decir el testigo, dejando claro quién tiene más poder. “Bueno, de eso se trata esta audiencia,” agregó el legislador.

“Yo inicié Facebook, yo lo conduzco, y soy responsable de lo que pase aquí”, dijo Zuckerberg.

Al comienzo de la audiencia, el titular de la Comisión de Comercio, John Thune, insistió sobre la idea de implementar más regulación, en lugar de compromisos unilaterales por parte de las empresas. Y dijo no estar seguro de si los usuarios tienen total comprensión de las consecuencias de entregar sus datos.

“Facebook está investigando decenas de miles de aplicaciones, y si encontramos cualquier actividad sospechosa, vamos a llevar a cabo una auditoría completa de esas apps para entender cómo están usando los datos y si están haciendo algo inapropiado.”, afirmó Zuckerberg, pese a que lo ocurrido indica lo contrario. “Si encontramos que estuviesen haciendo algo inapropiado, vamos a expulsarlos de Facebook y vamos a informar a todos los que hayan sido afectados”, advirtió.

La senadora demócrata Dianne Feinstein cuestionó a Zuckerberg sobre la explotación de la plataforma por parte de Rusia durante las elecciones presidenciales de 2016. El empresario recurrió una vez más al discurso del “esfuerzo” de la red social por encontrar y detener las intromisiones de Rusia, pero admitió que el proceso fue muy lento. “Hay gente en Rusia cuyo trabajo es explotar nuestros sistemas”, dijo Zuckerberg. “Esto es una carrera de armamentos”, señaló, al tiempo que renovó, una vez más, su promesa de que la compañía desarrolló nuevas herramientas de inteligencia artificial para detectar actividades maliciosas en las elecciones de Francia, Italia y en el Senado de Alabama.

“Dentro de una hora voy a testificar ante el Senado acerca de cómo Facebook necesita tomar una visión más amplia sobre nuestra responsabiildad, no sólo construir herramientas, sino asegurarnos que esas herramientas sean usadas para el bien. Voy a hacer todo lo que pueda para hacer de Facebook un lugar donde todos puedan estar más cerca de sus seres queridos, y para asegurarnos de que es una fuerza positiva en el mundo”, posteó Zuckerberg en su cuenta de Facebook, antes de la audiencia.

El escándalo más reciente estalló a fines de marzo, cuando se reveló que, una vez más, la red social más famosa del mundo hizo un uso indebido de los datos de sus usuarios y violó las políticas de seguridad que se había comprometido a cumplir tras el anterior escándalo, ocurrido en 2011.

Las acciones de la red social, que llegaron a cotizar a más de 185 dólares hasta el 16 de marzo, se desplomaron a 156 dólares. Facebook vendió datos personales de millones de estadounidenses, con fines políticos, al equipo de campaña de Donald Trump, a quienes apoyaron el Brexit en el Reino Unido, y a otros dirigentes de derecha y ultraderecha.

La filtración de los datos de los usuarios supuso una violación a la privacidad de Facebook, con graves implicancias en la política de EEUU, teniendo en cuenta que Trump había contratado los servicios de la consultora británica durante su campaña de 2016 y que Cambridge Analytica habría utilizado un software para engañar a los usuarios de la red social y luego influir en la decisión de los votantes.

Pero además del robo de datos está la cuestión de las noticias falsas y la manipulación. Accionistas de Facebook demandaron a la empresa en San Francisco por haber hecho “afirmaciones objetivamente falsas y que llevaban a error” sobre su política de privacidad. Y el cofundador de WhatsApp, Brian Acton, se sumó públicamente a una campaña para que las personas borren sus cuentas de Facebook. WhatsApp es propiedad de Facebook desde 2014, cuando la red social invirtió 22 mil millones de dólares para comprar el servicio de mensajería.

En términos políticos, el denominador común en este caso es que toda la maniobra fue perpetrada a favor de posiciones políticas de derecha, es decir grupos y dirigentes que apoyan la xenofobia, el odio social y el rechazo a la inmigración, entre otros clásicos de la agenda reaccionaria.

En junio de 2016, el equipo de campaña de Trump contrató a la empresa Cambridge Analytica y pagó más de seis millones de dólares por sus servicios, que consistían en ofrecerle millones de datos personales de usuarios de la red social con fines electorales.

Entre los inversores en Cambridge Analytica están el ex estratega jefe de Trump y ex jefe de su campaña electoral en 2016, Steve Bannon, y un destacado donante republicano: Robert Mercer.

El engaño consistía en una aplicación que ofrecía un servicio de predicción de la personalidad con fines académicos, que fue descargada por unos 270 mil usuarios de la red social. Estos dieron su consentimiento para que la aplicación accediera a su información personal y a la de sus contactos, algo que estaba permitido por Facebook.

De esta manera, cualquiera que completaba la encuesta abría la puerta de acceso a los datos de en promedio unos 160 usuarios más, con lo que el universo alcanzado por la aplicación se amplió a casi 87 millones de personas, entre ellos 70 millones de estadounidenses. Estos datos se usaron para desarrollar un software para predecir las decisiones de los votantes estadounidenses e influir en esas decisiones.

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